La extrema derecha de Marine Le Pen fracasa en las grandes ciudades francesas y la izquierda resiste en París
Los primeros resultados oficiales indican que la extrema derecha francesa de Agrupación Nacional no logra el espaldarazo de los votantes en las elecciones municipales que se han celebrado hoy en toda Francia. Ni en Marsella, ni en Nimes ni en Toulon, donde tenía posibilidades, ha logrado hacerse con la alcaldía. Mientras tanto, el París el socialista Emmanuel Grégoire derrotó a la conservadora exministra de Cultura Rachida Dati
Francia ha celebrado este domingo la segunda vuelta de las elecciones municipales con gran parte de la atención centrada en las principales ciudades, laboratorios políticos donde los partidos ponen a prueba estrategias electorales de cara a un 2027 que se perfila como un año electoral decisivo.
Después de los resultados históricos en las últimas legislativas y europeas de 2024, el partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (RN), llegaba a estas municipales con el objetivo de avanzar en su proceso de implantación local y de seguir desgastando el cordón sanitario que les aísla del resto de formaciones políticas.
La victoria en una nueva gran ciudad —desde 2020 gobiernan en Perpiñán— respaldaría la estrategia de normalización de la formación de extrema derecha y confirmaría sus posibilidades de cara a 2027 (históricamente obtiene peores resultados en el electorado urbano).
Una de las lecciones de estas municipales es que el partido de Jordan Bardella y Marine Le Pen no ha conseguido, de momento, escapar de ese cordón sanitario. Bardella había tendido la mano a “las derechas sinceras” de cara al voto del próximo domingo. Pero lo cierto es que, de momento, la derecha gaullista y el centroderecha se niegan a pactar con RN.
Y los partidos de izquierda se siguen movilizando allí donde tienen opciones de impedir la victoria de la extrema derecha lepenista (en Marsella el candidato insumiso se retiró en favor del socialista).
Como consecuencia, el partido de Le Pen ha fracasado en su intento de hacerse con las alcaldías de Nimes y Toulon, pese a que estas ciudades se hallan en territorios en los que RN consigue algunos de sus mejores resultados en todas las elecciones a nivel nacional y a que sus candidatos llegaron en cabeza en la primera vuelta.
El único consuelo de la noche para la extrema derecha francesa fue la victoria de Éric Ciotti en Niza. Tránsfuga del partido gaullista Los Republicanos, Ciotti se alió con Le Pen en 2024 y creó un partido propio (Unión de derechas por la República) que se presentó a las municipales como satélite de Le Pen. Tras una campaña particularmente bronca contra el alcalde de centroderecha Christian Estrosi, Ciotti se benefició de la no retirada de la candidata ecologista, que puso al mismo nivel a sus dos rivales.
A pesar de que la extrema derecha lepenista no cumplió sus objetivos, el presidente del partido, Jordan Bardella, quiso lanzar un mensaje de optimismo. “Esta noche es una noche de victoria y esperanza, RN ha logrado el mayor avance de toda su historia”, afirmó, para subrayar la victoria en ciudades medianas y la de sus aliados en Niza. “Al término de la segunda vuelta, podemos contar decenas de nuevas victorias, en Carcasona, Liévin, Tarascon, La Flèche, La Seyne-sur-Mer, Niza y Saint-Avold. En Marsella, como en todas partes, RN se impone como la principal fuerza de la oposición, el único baluarte contra la extrema izquierda”.
En estos comicios, que se celebran cada seis años, cualquier candidato que sume más de un 10% de los votos se clasifica para la segunda vuelta, haciendo posibles múltiples duelos triangulares, cuadrangulares o incluso entre más candidatos. Un contexto en el que las fusiones de listas para agrupar electorados o las candidaturas que renuncian a presentarse desempeñan un papel crucial en la elección de los alcaldes, especialmente en las grandes ciudades.
Listas de unidad de la izquierda
Antes de la primera vuelta, el Partido Socialista (PS) aspiraba a imponerse como primera formación progresista y también a demostrar que puede ganar cerrando alianzas con Ecologistas y Comunistas, pero sin Francia Insumisa (LFI). El PS quería avanzar hacia la formación de una gran coalición progresista sin el partido de Jean-Luc Mélenchon.
Pero los buenos resultados de LFI obligaron a muchos candidatos socialistas a cambiar el discurso y a buscar el apoyo de los insumisos para ganar.
El coordinador de LFI, Manuel Bompard, reivindicó el domingo las victorias del partido en ciudades como Roubaix. “El avance de las listas de LFI, ya observado en la primera vuelta, se confirma, se amplía y se refuerza”, aseguró. “Esta noche hemos demostrado que nada puede resistir a la movilización popular”, añadió, en referencia a la presidencial de 2027. “El año que viene, la nueva Francia puede barrer a la macronía y sus políticas de desgracia”.
No obstante, el balance de la izquierda no fue completamente positivo. En dos ciudades importantes, Toulouse y Limoges, los candidatos de LFI habían llegado por delante de los socialistas y se habían presentado como cabezas de listas unitarias de la izquierda, aspirando a convertir estas dos capitales en las primeras en tener un alcalde insumiso. En ambas ciudades ganó la derecha moderada, como también lo hizo en Brest y Besançon.
“Seguimos siendo, ahora más que nunca, la principal fuerza política local en Francia”, afirmó el presidente del partido Los Republicanos, Bruno Retailleau, que reivindica el mayor número de alcaldías (aunque la mayor parte de las ciudades más pobladas tienen alcaldes progresistas). “Francia no está condenada a un falso dilema entre los ideólogos de LFI y los demagogos de Agrupación Nacional”.
Más allá del control de los ayuntamientos, con las elecciones municipales los partidos tenían otro objetivo importante: las elecciones al Senado del próximo septiembre que, como cada tres años, renovarán una parte de sus escaños. En Francia esta elección se realiza por sufragio indirecto a través de un colegio de grandes electores, formado mayoritariamente por los representantes locales (alcaldes, concejales, diputados regionales), lo que vincula directamente las dos votaciones.
Francia Insumisa no cuenta hoy con ningún senador y Agrupación Nacional solo con tres, pero su trabajo de implantación en estas elecciones locales debería ayudarles a crecer el próximo otoño.
Macron, acusado de influir en París
Por otro lado, si hace seis años la prensa francesa hablaba de una “ola verde” por los excelentes resultados de Europa Ecología-Los Verdes en todo el país, en estas elecciones los ecologistas son, junto a los macronistas, las dos fuerzas políticas con una dinámica más negativa (aunque los verdes dieron la sorpresa y pudieron conservar la alcaldía de Lyon). En particular, el partido que fundó Emmanuel Macron, Renacimiento, que en previsión había optado por una estrategia minimalista.
Sin embargo, la discreción del partido presidencial y del Gobierno en la campaña contrastan con la irrupción —involuntaria— de Emmanuel Macron en la carrera por la alcaldía de París. El candidato socialista, Emmanuel Grégoire, acusó a Macron de haber intervenido personalmente “a través de intermediarios” para facilitar la retirada de Sarah Knafo, candidata ultraderechista, clasificada para la segunda vuelta de las elecciones en la capital.
El equipo de Grégoire acusa al presidente de haber transmitido un mensaje al empresario conservador Vincent Bolloré, cercano a Sarah Knafo a la que los medios de Bolloré invitan frecuentemente. Macron también habría participado en las presiones al candidato centrista para que fusionase su lista con la de la conservadora Rachida Dati. Todo ello con intención de favorecer la victoria de esta candidata, que hasta hace poco era ministra de Cultura, y que según los medios franceses cuenta con el favor del presidente y de su esposa.
En todo caso, en París la estrategia de unidad de la derecha de Dati no ha funcionado y la candidata apenas ha mejorado el resultado que consiguió en la primera vuelta. En su discurso tras la victoria, Grégoire clamó: “Los parisinos han enviado un mensaje a Jordan Bardella, Marine Le Pen y Sarah Knafo. París no es ni será jamás una ciudad de extrema derecha”.
8