Francia celebra la segunda vuelta de las municipales con la vista en las presidenciales de 2027 y sus alianzas
Francia celebra este domingo la segunda vuelta de las elecciones municipales que decidirán las alcaldías de la mayoría de ciudades de todo el país. Unos comicios que se celebran cada seis años y que en este 2026, a un año de la elección presidencial, son escrutados con particular interés en busca de señales de cómo evoluciona el equilibrio de fuerzas de cara a la futura campaña para la jefatura del Estado del año que viene.
El poder municipal es uno de los últimos bastiones de las dos formaciones que durante más de 50 años dominaron la vida política francesa, el Partido Socialista (PS) y la derecha gaullista que hoy representan Los Republicanos (LR). LR sigue siendo el partido con mayor número de alcaldes, seguido por los socialistas, que aspiran a retener las dos primeras ciudades del país, París y Marsella. Las dos formaciones esperan que esa implantación local les sirva de impulso para recuperar todo el terreno que han perdido desde la llegada al poder de Emmanuel Macron en 2017.
Pero si socialistas y gaullistas volverán a ser las formaciones a la cabeza de un mayor número de ayuntamientos, en estas elecciones Francia Insumisa y la extrema derecha lepenista empiezan a traducir a escala local los buenos resultados que vienen consiguiendo en las últimas citas electorales nacionales (legislativas y presidenciales).
Después de un primer éxito en Perpiñán en 2020, la extrema derecha de Agrupación Nacional (RN) se había marcado como objetivo conquistar más ciudades y ha centrado sus esperanzas en la región mediterránea (Toulon, Nimes y Marsella). El partido de Le Pen tradicionalmente obtiene sus peores resultados entre el electorado urbano, así que conquistar la alcaldía de otra de las ciudades más pobladas del país sería un avance inédito y un espaldarazo de cara a la presidencial del año que viene.
El candidato socialista, favorito en Marsella
A pesar del triunfalismo mostrado por Jordan Bardella la noche de la primera vuelta —y de la reelección de Louis Aliot como alcalde de Perpiñán— lo cierto es que, de cara al domingo, el resto de candidatos de RN no tiene asegurada la victoria en ninguna de las ciudades a las que aspiran.
El sistema francés de elección a doble vuelta implica que los resultados dependen en gran medida de las alianzas con otros candidatos. Y la semana transcurrida desde la primera vuelta confirma el aislamiento del partido a la hora de negociar con el resto de formaciones.
Ese aislamiento es especialmente visible en Marsella, donde al mantenerse la candidata LR y retirarse el candidato de LFI, la victoria a la que aspiraba el lepenista Franck Allisio se antoja muy complicada (el alcalde socialista Benoît Payan es favorito para ser reelegido).
En cada cita electoral el front républicain —como se suele denominar al cordón sanitario contra la extrema derecha— se ha venido debilitando, pero aún no ha desaparecido, especialmente gracias a los partidos progresistas. Y si la derecha no suele formar parte del pacto, en general sigue negándose a pactar con el partido de Le Pen. Para salir de esa situación, Jordan Bardella había tendido la mano a “las derechas sinceras” para lograr acuerdos, rompiendo con el discurso tradicional de Marine Le Pen, que solía afirmar que LR no es “ni derecha ni izquierda”.
Pero los llamamientos de Bardella para la retirada de la conservadora Martine Vassal (LR) en Marsella no han surtido efecto. Toulon y Nimes, donde los lepenistas compiten con candidatos conservadores y el resultado es incierto, parecen las mejores opciones para RN de conquistar una nueva ciudad importante este domingo.
LR ignora el llamamiento de Bardella
La noche de la primera vuelta, el presidente de la formación gaullista Bruno Retailleau —que ha llevado al partido a posiciones cercanas a la de la extrema derecha en inmigración— pidió a sus votantes que se movilizasen “para derrotar a la izquierda o a RN allí donde sea posible”. No obstante, a continuación Retailleau volvió a dejar claro que él considera a Francia Insumisa como, “el principal peligro para el país”. “Vergüenza para quienes hacen frente común con ellos”, añadió en referencia al Partido Socialista.
En este contexto nacional de aislamiento a la extrema derecha, Niza supone un caso particular. El diputado Éric Ciotti —expresidente y tránsfuga del partido Los Republicanos, hoy a la cabeza de una formación de extrema derecha aliada a Marine Le Pen en la Asamblea Nacional— es claro favorito para arrebatarle la alcaldía al candidato de centroderecha Christian Estrosi (también tránsfuga de LR, que se pasó al macronismo en 2021).
La candidata ecologista, tercera en la primera vuelta, se ha negado a retirarse en favor de Estrosi. Y pese a que la ejecutiva de LR respalda la candidatura del centrista, Retailleau ha creado malestar en su propio partido al negarse a apoyar en público a ninguno de los candidatos. La campaña en Niza ha sido particularmente bronca entre Estrosi y Ciotti, dos hombres que en el pasado fueron colaboradores y amigos.
Cooperación en buena parte de la izquierda
En la izquierda, el Partido Socialista llegaba a las municipales con la aspiración de retener muchas de las grandes ciudades francesas (París, Marsella, Nantes y Montpellier) y conquistar Toulouse y Estrasburgo. Y, sobre todo, de reivindicar a través del poder municipal una posición de fuerza entre las formaciones progresistas, especialmente en unas elecciones tradicionalmente desfavorables a Francia Insumisa.
Sin embargo, el partido de Jean-Luc Mélenchon ha superado las expectativas, pese a una campaña difícil con una importante presión y una lluvia de críticas por parte de otros partidos y de los medios de comunicación. No gobernará muchos ayuntamientos, pero, al clasificarse para la segunda vuelta u obtener buenos resultados en ciudades de todo el país, su apoyo será decisivo para la victoria de socialistas o ecologistas (que tratan de conservar Burdeos y Lyon).
LFI confirma también sus buenos resultados en las legislativas en barrios populares de los territorios urbanos. Una realidad que ha hecho que incluso alcaldes socialistas particularmente reacios a cualquier negociación con los insumisos, como la alcaldesa de Nantes o su homólogo de Brest (que en 2022 fue pillado arrancando carteles electorales de LFI) hayan decidido fusionar sus listas.
El partido de Jean-Luc Mélenchon ha superado las expectativas, pese a una campaña difícil con una importante presión y una lluvia de críticas por parte de otros partidos y de los medios de comunicación
En Toulouse y Limoges fueron las listas LFI las que llegaron por delante y, por tanto, las dos ciudades podrían tener alcaldes de este partido, apoyados por el PS. Las dos ciudades podrían así ser las primeras en sumarse a Saint-Denis (150.000) habitantes, donde Bally Bagayoko ganó el pasado domingo sin necesidad de segunda vuelta al conseguir más del 50% de los votos.
Las alianzas en la izquierda son variables según las ciudades (en algunas LFI y PS competirán entre sí en la segunda vuelta) pero han sido lo suficientemente numerosas entre socialistas e insumisos para crear una fractura en el interior del PS. El sector más hostil a Mélenchon (encabezado por el expresidente François Hollande y el eurodiputado Raphaël Glucksmann) ha criticado el acercamiento.
Y temen que la situación refuerce el estatus de Mélenchon como única opción viable para la izquierda en la próxima presidencial. Además, pone en una postura difícil al secretario general de los socialistas, Olivier Faure, que se ha negado a cualquier acuerdo nacional (después de meses de críticas a Mélenchon) con LFI, pero que ha dado luz verde a la multitud de pactos locales.
Incertidumbre en París
No es el caso de París, donde el socialista Emmanuel Gregoire y la candidata LFI Sophia Chikirou no han llegado a ningún acuerdo. Entre acusaciones cruzadas y pese a que Chikirou no tiene opciones reales de ganar (11,72% en la primera vuelta), ambos competirán con la conservadora Rachida Dati.
Dati perdió mucho terreno en la primera vuelta respecto a Gregoire (25,46% y 37,98%, respectivamente), pero para esta segunda ha fusionado su lista con la del centrista Pierre-Yves Bournazel. Y puede beneficiarse también de la retirada de la candidata de ultraderecha (partido Reconquista) Sarah Knafo. Con una sola candidata de la derecha y el voto de la izquierda dividido entre LFI y PS, Dati (que fue ministra de Justicia con Sarkozy y de Cultura con Macron) puede soñar con arrebatar a la izquierda la capital, que lleva en manos de los socialistas desde 2001.
No obstante, para lograrlo está obligada a movilizar, al mismo tiempo, a la gran mayoría de los votantes del centro y la ultraderecha en la primera vuelta y que la lista de Sophia Chikirou se mantenga en las cifras del pasado domingo.
0