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La extrema derecha ensaya en las municipales de este domingo la estrategia ganadora para llegar al poder en Francia

Marine Le Pen (derecha) pasea con la candidata de RN a la alcaldía de Toulon, Laure Lavalette, el 28 de febrero en un acto de campaña.

Amado Herrero

París —
14 de marzo de 2026 22:36 h

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La extrema derecha francesa aspira a continuar con su proceso de implantación por todo el país como parte de su objetivo declarado de “conquista del poder”. El actual presidente de RN, Jordan Bardella, ha afirmado que aspiran a hacerse con la alcaldía en “decenas de ciudades”, entre ellas Marsella o Toulon. Y sus aliados de la Unión de las Derechas por la República aspiran a gobernar en Niza.

Las cosas han cambiado considerablemente desde que Marine Le Pen —hoy pendiente de que la justicia confirme o anule en julio la inhabilitación que le impide concurrir a las elecciones presidenciales— sucedió a su padre a la cabeza del entonces llamado Frente Nacional, en 2014. La nueva líder decidió hacer de la implantación local una etapa clave de su estrategia de normalización, transformar la imagen del partido para que no fuera percibido como una opción política extrema y marginal y salir así del aislamiento que le imponían las otras formaciones. Contar con un número importante de alcaldes y diputados era una condición indispensable.

Sin embargo, para Jean-Marie Le Pen la elección presidencial era la única cita importante, la gran elección que le permitía recibir atención nacional y agitar la vida política del país. La construcción de un partido, la conquista de escaños, de ciudades o regiones, no estaban entre sus prioridades. “Él pensaba que la victoria solo se consigue ganando la elección suprema, es decir, la presidencial. Yo tengo una visión radicalmente diferente: es la implantación local la que determina la victoria nacional”, explicaba Marine Le Pen en 2018, poco antes de cambiar el nombre de la formación a Agrupación Nacional (RN).

Durante un tiempo, los esfuerzos de Le Pen se encontraron con varios obstáculos, entre ellos el sistema de elección francés a doble vuelta, que favorecía la activación de un cordón sanitario hostil a los candidatos de extrema derecha. Además, en cada gran cita, el partido tiene serias dificultades para encontrar un número suficiente de candidatos compatibles con la estrategia de normalización; esto es, sin un historial de comentarios racistas, machistas o antisemitas en redes.

Pero en los últimos cinco años, el constante crecimiento electoral de RN (33,2% de los votos en las últimas legislativas, 31,37% en las europeas) le ha permitido romper ese techo de cristal. De nueve diputados en 2017 han pasado a 123 en la actualidad, que hacen de él el partido francés con más escaños en la Asamblea Nacional.

El trauma de Toulon

Entre los objetivos para las municipales, RN se ha fijado recuperar Toulon. Una posible victoria en esta ciudad a orillas del mediterráneo con más de 179.000 habitantes sería particularmente simbólica. Primer gran ayuntamiento en tener un alcalde lepenista, en 1995, el mandato del frentista Jean-Marie Le Chevallier resultó tal catástrofe de gestión, finanzas y escándalos, que al partido le costó más de dos décadas conseguir una victoria en otra gran ciudad.

Tuvieron que esperar a las municipales de 2020, cuando Louis Alliot —vicepresidente del partido y expareja de Marine Le Pen— se convirtió en alcalde de Perpignan. Desde entonces su mandato se ha centrado en evitar los escándalos. Hasta el punto de que una de las principales críticas de la oposición es el inmovilismo.

Las encuestas sitúan a Alliot como favorito para repetir victoria, aunque es previsible que en junio tenga que ceder las riendas del Ayuntamiento a su suplente, si se confirma la condena por malversación en el caso por el que fue condenado en primera instancia junto a Marine Le Pen.

Ciudades ‘escaparate’

En el resto del país, el balance de la docena de ayuntamientos gobernados por la extrema derecha tampoco es muy positivo; varios consistorios han sido objeto de informes desfavorables de las cámaras regionales de cuentas y, en el caso de Fréjus (también en el sur), David Rachline fue obligado a dimitir de la vicepresidencia del partido (aunque no de la alcaldía) al verse inmerso en acusaciones de corrupción, que desembocarán en un juicio este año.

No obstante, la ausencia de escándalos en Perpignan es suficiente para que los candidatos en Toulon, Nimes o Marsella afirmen que el partido está preparado para gobernar ciudades importantes. Y presentan la ciudad como un escaparate que avala su capacidad de gestión, al que esperan sumar otras ciudades importantes.

Con este argumento, en Toulon, la diputada Laure Lavalette se esfuerza en hacer olvidar la experiencia de Le Chevallier. Portavoz del partido y rostro habitual de las tertulias en los programas de televisión, Lavalette encarna plenamente la estrategia de normalización —en su versión más sonriente— con intervenciones lejos de la provocación y con sus contenidos en redes sociales.

En esta campaña, en la que los temas locales eclipsan a los nacionales, el partido lepenista habla menos de inmigración, al menos de manera directa. Poder adquisitivo, servicios y seguridad dominan los discursos. En Marsella, el candidato lepenista Franck Allisio cuenta con absorber los votos de la candidata de la derecha tradicional (la ciudad fue durante muchos años el feudo de los gaullistas) y arrebatar la alcaldía al socialista Benoît Payan, que encabeza una lista de unión de izquierdas (sin Francia Insumisa, que presenta su propio candidato).

Pese a esa falta de unión de la izquierda en la primera vuelta, tanto Payan como el candidato insumiso, Sébastien Delogu, han asegurado que en la segunda vuelta apoyarán al progresista mejor situado para batir a la extrema derecha. “Si Marsella cae en manos del RN, será un terremoto para el país”, advertía al actual alcalde hace unos días en una entrevista en Libération.

En esta campaña, en la que los temas locales eclipsan a los nacionales, el partido lepenista habla menos de inmigración, al menos de manera directa. Poder adquisitivo, servicios y seguridad dominan los discursos

Entre las medidas que propone Allisio está un “pase familia-niños-mayores” para playas y parques, una propuesta que tiene por objeto crear zonas reservadas a determinados sectores de la población, en aras de “la seguridad”. “Algunos lo han llamado 'pase antiracailles' y no me molesta”, afirmaba recientemente Allisio. Racaille es un término que se puede traducir como quinqui, aunque tiene una fuerte connotación racial peyorativa, ya que se aplica fundamentalmente a jóvenes de ascendencia africana procedentes de los guetos de extrarradio.

Mención aparte merece el caso de Niza, donde el aliado de RN Éric Ciotti libra un duelo digno de una serie de intriga política con su antiguo mentor y ex amigo Christian Estrosi. Ciotti fue expulsado del partido gaullista Los Republicanos —del que era presidente— en 2024, tras anunciar de manera unilateral una alianza con Le Pen y Bardella.

El candidato ultraderechista a la alcaldía de Niza Eric Ciotti, en un acto de campaña el 6 de marzo.

Hoy diputado a la cabeza de una formación satélite de la extrema derecha lepenista, las encuestas le sitúan en cabeza en la primera vuelta y con posibilidades en la segunda frente a Estrosi, que se presenta por una formación de centro. La campaña en la ciudad de la Costa Azul, entre bulos, acusaciones de infiltración y ataques personales, está siendo una de las más broncas de las actuales municipales.

Trampolín para el Senado

Más allá de los ayuntamientos que quiere convertir en escaparates de sus políticas, hay otro objetivo importante: las elecciones al Senado del próximo septiembre que, como cada tres años, renovarán una parte de sus escaños.

En Francia esta elección se realiza por sufragio indirecto a través de un colegio de grandes electores, formado mayoritariamente por los representantes locales (alcaldes, concejales, diputados regionales), lo que vincula directamente las dos votaciones.

La estrategia de RN pasa por apoyar a candidatos o listas conservadores no afiliados a ningún partido o bien que se presentan por micropartidos aliados

RN se hizo en las elecciones municipales de 2014 con un puñado de localidades pequeñas situadas en las dos zonas más afines a las ideas lepenistas, en el noreste del país —víctima de la desindustrialización—, y en el sudeste, donde la extrema derecha estaba implantada desde los años 80. Ahora cuenta con aumentar la presencia en esos mismos territorios para consolidarse de cara a la presidencial y a las legislativas de 2027.

La formación de extrema derecha también está apostando, en este sentido, por una estrategia que pasa por apoyar a candidatos o listas conservadores no afiliados a ningún partido o bien que se presentan por micropartidos aliados a RN. Una forma de conseguir el apoyo de grandes electores de cara a las elecciones al Senado y de robar votos a electores de la derecha tradicional, reacios a votar por las siglas del partido de los Le Pen.

Las municipales serán una prueba importante del éxito de esta operación, a menos de un año de la elección presidencial, para poner a prueba la posibilidad de lograr “una unión de las derechas”, que supondría un escalón fundamental para librarse de cualquier cordón sanitario.

En esta etapa decisiva del proceso de normalización cuentan con dos elementos a su favor: el primero es la estrategia de la derecha tradicional liderada por Bruno Retailleau que, aunque sigue descartando pactos nacionales con RN, en realidad se ha alineado con la extrema derecha en gran número de posiciones políticas. El segundo, la campaña de demonización de Francia Insumisa, a la que el partido lepenista quiere convertir en víctima de un cordón sanitario alternativo.

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