Marine Le Pen se juega su futuro político en el juicio por la malversación de fondos europeos del Frente Nacional
El futuro político de Marine Le Pen se decide a partir de esta semana en los tribunales. Este martes se ha abierto el juicio en apelación en el caso de los asistentes parlamentarios europeos del Frente Nacional, por el que la líder de la extrema derecha francesa fue condenada en marzo en primera instancia por malversación de fondos públicos.
Los jueces consideraron entonces acreditada “la existencia de un sistema establecido y perfeccionado para aliviar los gastos de personal del partido”. El Frente Nacional (rebautizado en 2018 como Agrupación Nacional) contrató asistentes parlamentarios cuyo salario pagaba el Parlamento europeo y que “bajo la apariencia de contratos ficticios, trabajaban en realidad para el partido”.
El sistema fue creado por Jean-Marie Le Pen y desarrollado por su hija cuando esta tomó las riendas de la formación, en 2011. En total, los investigadores de la fiscalía cifraron los fondos desviados en más de 4,4 millones de euros entre 2004 y 2016.
El tribunal impuso entonces una pena de cuatro años de prisión para Le Pen, dos de ellos de prisión firme (con posibilidad de cumplir la pena con brazalete electrónico), además de 100.000 euros de multa y cinco años de inhabilitación para cargos públicos con ejecución inmediata.
La sentencia supuso un terremoto político ya que, salvo cambio en la situación judicial, impide presentarse a cargos públicos a la doble finalista de la elección presidencial. Le Pen ha podido continuar con su actual mandato de diputada, pero no podrá ser reelegida en caso de legislativas anticipadas, ni tampoco presentarse a la presidencial de 2027.
“Hubo un tiempo en el que [un político] podía recibir una bala. Hoy se recibe una bala judicial. Algo que, en realidad, significa tu muerte [política]”, afirmaba recientemente Le Pen en una entrevista en La Tribune Dimanche.
Le Pen apeló inmediatamente la sentencia, como también hicieron otra decena de condenados en el mismo caso. Otros decidieron no recurrir, entre ellos la propia hermana de Marine Le Pen, Yann, condenada a un año de prisión condicional.
Cambio de estrategia
La dirigente ultra ha acudido este martes a la apertura del juicio acompañada de los dos abogados que la representarán en este proceso y ha entrado en la sala de audiencias sin hacer declaraciones a la enorme cantidad de medios que se habían dado cita en las puertas del mismo.
Se espera que Marine Le Pen varíe su estrategia de defensa respecto al juicio en primera instancia. Durante los más de 10 años que duró el proceso judicial su respuesta se había limitado a cuestionar la legitimidad de los policías y magistrados y a negar que los hechos acreditados constituyan un delito.
Fue una defensa adaptada a su discurso político, pero que en sede judicial solo sirvió para agravar la sentencia. El tribunal consideró necesaria la ejecución provisional para prevenir la reincidencia, dada la “impunidad reivindicada” por los acusados, que “no demostraron ningún tipo de conciencia de haber infringido la ley”. También por haber construido su defensa “en el desprecio de la manifestación de la verdad”.
En esta ocasión Marine Le Pen ha elegido, además de a su defensor en el primer juicio, a una nueva abogada con el fin de “separar” sus funciones como cargo público y líder del partido, que le valieron una doble condena: en su calidad de presidenta de RN (a partir de enero de 2011) como organizadora, y también como eurodiputada, por haber contratado como asistentes a su guardaespaldas, a la secretaria y al director de gabinete de su padre, por un total de 474.000 euros.
A medida que se aproximaba la apertura de su juicio en apelación, Le Pen ha cambiado de tono y ha modulado los violentos ataques contra los jueces que siguieron a su condena. Sin llegar a declararse culpable, esta vez la defensa podría argumentar desconocimiento o diferencias de interpretación en el reglamento del Parlamento europeo.
Si bien la absolución parece muy improbable, dada la fuerza de las pruebas, la líder ultra ha indicado que conservaba “una pequeña esperanza” de una revisión de sentencia. Personas de su entorno evocan la posibilidad de una revisión de la condena, que reduzca a dos años la inhabilitación —que contaría desde el 31 de marzo de 2025— y que, en teoría, le permitiría presentarse a la presidencial en la primavera de 2027.
El juicio que comienza hoy debe finalizar el 12 de febrero y la decisión final se conocerá a finales de la primavera. De confirmarse la inhabilitación, Le Pen ha indicado que su candidatura quedaría totalmente descartada, sin esperar la decisión del Tribunal de Casación, última instancia judicial en Francia. El partido respaldaría entonces a su protegido Jordan Bardella como candidato.
Opción Jordan Bardella
Cuando se conoció la sentencia en primera instancia, en marzo, los argumentos jurídicos explicados en detalle por los magistrados pesaron poco en los debates políticos y mediáticos que siguieron. Desde RN, con el apoyo de los medios de comunicación conservadores de Vincent Bolloré, se intentó acusar a los jueces de negar la soberanía popular al eliminar a una candidata potencial a la elección presidencial.
Una campaña contra el poder judicial a la que contribuyeron figuras políticas francesas —de distintos partidos— que ven con recelo el daño que una condena o la apertura de un proceso puede causar a sus ambiciones políticas. No obstante, en su sentencia los magistrados habían señalado que habían juzgado “en nombre de todos los ciudadanos franceses y no de una parte de los electores”.
En todo caso, la condena no impide presentarse a otro miembro del partido. Y en todas las encuestas Bardella supera a su mentora en intención de voto. De hecho, en un sondeo realizado por el instituto de sondeos Verian para Le Monde, publicado el domingo, Bardella amplía la distancia con su mentora y se impone, en la mente de los encuestados, como el próximo candidato del RN, partido que aparece muy destacado en cabeza de las intenciones de voto de cara a la primera vuelta de la cita electoral. “Jordan puede ganar en mi lugar”, reconocía la misma Le Pen hace unos días.
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