La paliza mortal a un militante de extrema derecha desata una tormenta política contra Francia Insumisa
La muerte de Quentin Deranque, un militante de extrema derecha en Lyon, aislado y golpeado en el suelo por varios individuos tras una pelea entre grupos de extrema derecha e izquierda el jueves 12 de febrero, ha provocado una semana de acusaciones y críticas, con el partido de izquierdas Francia Insumisa (LFI) en el centro de los debates.
Los hechos ocurrieron al margen de una conferencia de la eurodiputada de LFI Rima Hassan en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Lyon. Activistas de Némésis (un colectivo identitario que también proclama su “defensa de las mujeres occidentales”) acudieron para protestar contra el acto. Aseguran que el joven fallecido formaba parte de su servicio de seguridad —algo que la familia de la víctima niega— y que, junto a otros jóvenes que acompañaban la protesta, se vio envuelto en un altercado con un grupo de militantes antifascistas.
En los días posteriores, 11 sospechosos fueron detenidos, entre ellos un asistente parlamentario del diputado de LFI Raphaël Arnault. De los 11 arrestados, siete han sido procesados este jueves y el fiscal de Lyon, Thierry Dran, ha adelantado que los acusará de homicidio voluntario, con base en los elementos recabados por los investigadores, sobre todo “del gran número de golpes en la cara y el cráneo de Quentin Deranque”. El fiscal no ha identificado a los procesados, pero ha revelado que tienen entre 20 y 26 años, la mayoría son estudiantes, uno está en paro y otro trabaja como asistente parlamentario, lo cual indicaría que entre ellos está el ayudante de Arnault.
El diputado es fundador del grupo antifascista La Jeune Garde, cuyos miembros han sido señalados por las autoridades como presuntos responsables de la muerte de Quentin Deranque. “La investigación permitirá confirmar o no si se trataba de militantes de La Jeune Garde. Pero los testimonios apuntan claramente en esa dirección”, declaró el domingo el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, en la televisión pública. Entre los detenidos también se encuentra un antiguo becario del mismo diputado.
El martes, Arnault afirmó haber iniciado el procedimiento para “rescindir” el contrato del asistente, que ya había “cesado todas sus actividades parlamentarias”. “Ahora la investigación deberá determinar las responsabilidades”, añadió el diputado, que condenó la violencia afirmando sentir “horror y repugnancia” al haber conocido el fallecimiento del joven y también afirmó su deseo de que el drama “se esclarezca por completo”.
“Instrumentalización”
Pese a que el partido de Jean-Luc Mélenchon ha condenado a través de varios de sus miembros la violencia y que niega cualquier relación con lo ocurrido, la mayoría de fuerzas políticas en Francia ha reaccionado criticando con dureza a los insumisos y pidiendo que rompan vínculos con La Jeune Garde y que aparten a Raphaël Arnault de las actividades parlamentarias. Una exigencia que algunos políticos ya habían formulado cuando Arnault fue condenado definitivamente en diciembre de 2025 por “violencia voluntaria en reunión”.
LFI, por su parte, denuncia una “instrumentalización” política de la muerte de Quentin Deranque, aunque asume los vínculos con el grupo antifascista. “Nos hemos relacionado y nos hemos acercado deliberadamente a La Jeune Garde”, reafirmó el martes por la noche Jean-Luc Mélenchon.
“Aprobamos su resistencia, aprobamos su organización, aunque nos separen algunas divergencias”, afirmó el líder de LFI, citando diferencias con relación a la violencia. También ha seguido mostrando un apoyo total a Arnault, al que calificó de “buen diputado” y “trabajador” que hace “honor” al movimiento.
La Jeune Garde fue disuelta por decreto gubernamental el 12 de junio de 2025. La decisión ha sido impugnada ante la Justicia francesa y fue criticada en su momento por LFI. El Gobierno francés reprocha a la organización “un activismo violento para promover su ideología” que incluye, según el Ministerio del Interior, 11 agresiones, además de “entrenamientos para la violencia” y “una comunicación violenta en las redes sociales”.
Mélenchon señaló la “responsabilidad de las autoridades públicas”, que habrían incumplido su deber de mantener el orden el jueves en Lyon. Y declaró que La Francia Insumisa “no acepta lecciones” del primer ministro macronista, Sébastien Lecornu, quien reclamó el martes a la formación progresista que “hiciera limpieza en sus filas”. Un llamamiento que ha repetido este jueves desde India el presidente Emmanuel Macron.
La extrema derecha, la más vehemente
Pero las críticas más vehementes contra LFI han venido de la extrema derecha lepenista. “La extrema izquierda ha matado […] y Jean-Luc Mélenchon tiene que rendir cuentas”, afirmó el líder ultraderechista Jordan Bardella en una entrevista en la radio Europe 1. El presidente de Agrupación Nacional llegó a reclamar la creación de “un cordón sanitario” de todos los partidos contra LFI, alegando que es, en sus palabras, “un movimiento político que hoy en día se ha salido totalmente de la República”. Bardella trata de apropiarse así de términos que, históricamente en la política francesa, se habían sido empleados contra su propio partido y que ahora utiliza para demonizar a LFI.
Pero las críticas contra LFI no solo han venido de los partidos de centro, de la derecha y de la extrema derecha. También desde las filas de los socialistas. El expresidente galo François Hollande declaró el miércoles que la formación de Mélenchon debería haber “roto por completo” los vínculos con La Jeune Garde, “cuyo objetivo y método es la lucha física”. Hollande argumenta que esto prueba que LFI es efectivamente un movimiento “de extrema izquierda”, tal y como lo ha clasificado el Ministerio del Interior en las listas electorales para las próximas municipales (etiqueta que no ha gustado al partido de Mélenchon).
Ataques a sedes de LFI
En cualquier caso, mientras la presión aumenta contra la formación insumisa, varias oficinas del partido han sido atacadas y vandalizadas. El miércoles, la sede de LFI en París fue evacuada brevemente tras una amenaza de bomba. Manuel Bompard, coordinador del partido, hizo un llamamiento a las “autoridades públicas” para que “garanticen un debate democrático digno y saludable”.
Por otro lado, una semana después de la tragedia, Lyon, una ciudad donde son frecuentes los enfrentamientos entre colectivos fascistas y antifascistas, se prepara para un nuevo fin de semana de tensión. Varias organizaciones y grupos de extrema derecha de la ciudad han convocado una manifestación el sábado en homenaje al joven fallecido. La familia Quentin Deranque ha pedido “calma y moderación” y ha condenado “cualquier forma de violencia política”.
En los últimos años, Lyon había vivido varios episodios de violencia política que, como señalaba esta semana el historiador Nicolas Lebourg al periódico Libération, habían sido en su mayoría instigados por los grupos neofascistas. “Si hacemos un balance de los fallecimientos causados por radicales desde 1986, vemos que la izquierda ha matado en Francia a seis personas y la derecha a 59. El último fallecimiento imputado a la ultraizquierda se remontaba a 2010”.
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