Oleksandra Matviichuk, Premio Nobel de la Paz: “Los ucranianos no nacimos para proteger a Europa del ejército ruso”
Cuando Oleksandra Matviichuk vio a su marido entrar a la cocina de su casa con dos ladrillos no quería creer lo que imaginaba. Aprovechando que Rusia había vuelto a conectar la red eléctrica, su esposo había aprovechado para calentar ladrillos en el horno para que estos siguieran irradiando calor ante el inminente nuevo corte de la luz. En ese momento, la mujer ucraniana, de 42 años, comprendió cómo iban a sobrevivir ella y los demás ucranianos durante los meses de frío.
Matviichuk es abogada y activista. La organización que preside, el Centro para las Libertades Civiles, ganó el premio Nobel de la Paz en 2022 junto al bielorruso Alés Bialiatski y la organización rusa Memorial. Cuatro años después del galardón, sigue al frente del Centro para las Libertades Civiles, una organización de derechos humanos que ha reportado numerosos crímenes de agresión contra Ucrania. A pesar de los ataques, sigue viviendo en su ciudad natal, Kiev.
Este ha sido el invierno más duro del cuarto año de guerra en Ucrania, donde el ejército ruso ha destruido deliberadamente la infraestructura eléctrica, dejando a millones de personas sin corriente ni calefacción en días que han registrado temperaturas mínimas históricas en el país. Además, Estados Unidos ha disminuido notoriamente su apoyo militar a Ucrania tras las negociaciones del último año, por lo que el país depende casi exclusivamente de la Unión Europea para intentar frenar el avance de las tropas rusas.
¿Cómo ha cambiado la guerra en Ucrania desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca?
Ucrania ha dejado de recibir el apoyo financiero y militar que antes proporcionaba Estados Unidos desde que comenzaron las negociaciones de paz impulsadas por Donald Trump. Irónicamente, este periodo se ha convertido en el más mortífero para los civiles desde el inicio de la invasión a gran escala. Según la ONU, las víctimas civiles, lejos del frente, aumentaron un 31%. En las negociaciones se habla de territorios, minerales o intereses geopolíticos, pero se ha perdido la dimensión humana del conflicto. Sigue sin haber respuestas sobre el destino de los miles de niños ucranianos deportados a Rusia ni sobre los civiles y prisioneros de guerra detenidos y torturados en cárceles rusas.
Precisamente, la ONU concluyó este martes que el traslado forzoso de miles de niños ucranianos a Rusia o a territorios ocupados constituye un crimen de lesa humanidad. Desde la organización que usted dirige han reportado numerosos casos. ¿Qué se sabe sobre el traslado de estos niños ahora mismo?
Desde que estalló la guerra a gran escala, hemos documentado miles de crímenes de guerra en todo el país, incluidos los territorios ocupados. Más de 1,6 millones de niños han sido deportados a Rusia, donde se les prohíbe hablar ucraniano, estudian con libros que niegan la existencia de Ucrania y se les borra su identidad. Además, los militarizan en campamentos, con uniformes y entrenamiento en armas, preparándolos para convertirse en soldados de Putin.
Para cualquier sociedad, los niños son lo más valioso. Y como Rusia no acaba de lograr ganar en el campo de batalla, recurre al terror contra la población civil como principal arma de guerra. Lo que pretenden es quebrar la resistencia popular en el país. Desafortunadamente, hay muy poca información sobre el tema. La identidad de muchos de ellos está borrada. Y ya no es solo un problema de derechos humanos, sino de seguridad. Porque cuando estos niños crezcan, serán enviados a luchar y a morir.
¿Los ucranianos se sienten instrumentalizados por los intereses de Rusia y de la OTAN en esta guerra?
Sí, ya que esto no es solo una guerra por territorios, sino por el nuevo orden mundial. Cuando Putin invadió Ucrania en 2014, nuestro país era neutral y nadie planeaba unirse a la OTAN. La invasión no fue por miedo a la OTAN, sino al concepto de libertad. Tras la Revolución de la Dignidad, Ucrania avanzaba hacia la democracia y Putin quiso detenerlo. Esta guerra no es solo entre Rusia y Ucrania, sino entre dos sistemas: 'sovietismo' y democracia. Con ella, Putin intenta demostrar que puede invadir un país vecino, destruir su identidad y robar a sus hijos. Si tiene éxito, cambiará las reglas del mundo y lo que se considere legítimo hacer internacionalmente.
En los últimos días, Zelenski ha enviado expertos ucranianos en defensa aérea a los países del Golfo para defenderse de Irán, uno de los principales aliados de Rusia. ¿Cómo afecta este escenario a la guerra en Ucrania?
Vivo en Kiev, y mi ciudad hace meses que recibe ataques no solo de cohetes rusos, sino también de drones iraníes. China y Corea del Norte también apoyan a Rusia con tecnología, proyectiles y tropas. Nos enfrentamos a un bloque autoritario que ve a las personas como objetos, negándoles derechos y libertades, mientras las democracias intentan protegerlos. Irán ha atacado recientemente a países vecinos y Ucrania ha enviado drones interceptores para ayudar a defender civiles, aprovechando nuestra experiencia de cuatro años enfrentando ataques similares. Aunque Trump y Putin dudan de nuestras capacidades, los ucranianos sabemos cómo proteger a nuestra población y estamos listos para compartir esta experiencia internacionalmente.
Rusia viola acuerdos y promesas, incluso con otros regímenes autoritarios. Los ucranianos sabemos muy bien que sus palabras no significan nada
Rusia e Irán son aliados, pero Trump pidió a Putin ayudarle con la operación contra el régimen de los ayatolás. ¿Con qué lealtad cree que responderá el Kremlin y cómo podría esto cambiar el tablero geopolítico mundial?
La historia muestra que Rusia no es tan fuerte como aparenta. Hace dos años, cuando el régimen de Al-Asad pidió ayuda, Moscú prometió apoyo, pero no hizo nada porque estaba atrapada en Ucrania. Lo mismo ocurre ahora con Irán. Putin envía palabras de aliento, pero no puede actuar realmente. Esto demuestra algo importante. Rusia viola acuerdos y promesas, incluso con otros regímenes autoritarios. Los ucranianos sabemos muy bien que sus palabras no significan nada. En 2014 y en 2022, Putin mintió sobre su presencia militar y planes de invasión en Crimea. Por ello, debemos fijarnos en lo que hace Moscú, no en lo que dice.
Los ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania han sacudido a la población en uno de los inviernos más fríos jamás registrados. ¿En qué punto atacar los sistemas eléctricos deja de ser una táctica militar y pasa a considerarse una forma de castigo colectivo?
Nunca es una táctica militar, porque no son objetivos militares. La infraestructura energética es vital para la supervivencia de los civiles, por lo que atacarla constituye un crimen de guerra. Desde que Rusia comenzó a atacar la red eléctrica de Ucrania, la Corte Penal Internacional abrió una causa penal por estos ataques a la energía y otras infraestructuras civiles. Pero Moscú ha ignorado las decisiones de la ONU y de los tribunales internacionales porque no le importan los derechos humanos.
Este mismo manual de guerra sigue el patrón global de los crímenes cometidos en Siria, Chechenia, Georgia, Mali, Libia o República Centroafricana. Y nuestro trabajo como defensores de los derechos humanos es romper esta cadena de crímenes y buscar justicia, no solo por Ucrania, sino para prevenir futuros ataques similares a otras naciones.
¿Considera que el actual derecho internacional humanitario es suficiente para regular esta guerra energética o debería evolucionar para adaptarse a estas nuevas formas de guerra?
El problema reside en la arquitectura internacional, que se construyó para fortalecer este derecho. Pero ni las Convenciones de Ginebra ni la de La Haya detienen los misiles rusos. Esto significa que, para que estas normas entren en vigor, necesitamos una sólida arquitectura internacional de paz y seguridad. Y el sistema actual ha colapsado, por lo que, lamentablemente, es fácil predecir que este tipo de incendios, como las guerras, surgirán con mayor frecuencia en diferentes partes del mundo. Porque este cableado internacional es defectuoso y hay chispas por todas partes. Y por eso es nuestra obligación iniciar una reforma fundamental de esta arquitectura internacional de paz y seguridad. No dejar estas hermosas palabras siendo solo palabras en las Convenciones de Ginebra y La Haya, sino ponerlas en práctica.
Dado que Rusia no es parte del Estatuto de Roma, ¿cómo puede funcionar la justicia internacional cuando una de las partes se niega a reconocerla? ¿Qué vías legales o diplomáticas siguen siendo realistas para llevar a los líderes rusos ante la Justicia?
Independientemente de esto, si Rusia ha cometido crímenes en el territorio de Ucrania, y Ucrania es parte del Estatuto de Roma, la Corte Penal Internacional tiene derecho a procesar a los rusos. Además, Rusia también forma parte de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura. He entrevistado a cientos de personas que sobrevivieron al cautiverio ruso y me contaron cómo los golpearon, violaron, encerraron en cajas de madera, cortaron los dedos, arrancaron las uñas, pusieron electricidad en los genitales... Una mujer me contó cómo le sacaron un ojo con una cuchara. No hay ninguna razón legítima para hacer tales cosas, que están completamente prohibidas por la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura.
Como abogada, sé que nos enfrentamos a una brecha de rendición de cuentas. Por ejemplo, no existe un tribunal internacional que pueda procesar a Putin, a los altos líderes políticos y al alto mando militar del Estado ruso por el delito de agresión. Todas las atrocidades que documentamos son resultado de la decisión de sus líderes de quebrantar la paz e iniciar esta guerra sangrienta. Pero el Tribunal Penal Internacional de La Haya solo puede procesar por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, pero no por el delito de agresión. Así que la guerra es legal. Sí, es legal. Tenemos que prohibir la guerra de agresión como tal.
¿Cree que esta guerra está evidenciando las debilidades del sistema de justicia internacional?
Está explotando las debilidades de otro tipo: falta de valentía, falta de liderazgo, falta de responsabilidad histórica. Se trata de un cambio global del orden mundial que ha comenzado con la ocupación forzosa de parte del territorio ucraniano. Eso significa que incluso España debe preocuparse por lo que está pasando. Porque no se puede construir un paraíso, ni siquiera siendo una isla, si una parte del planeta que está tan cerca se está desangrando. Putin inició una guerra a gran escala no porque quisiera ocupar solo una parte más del territorio ucraniano, sino porque quería ocupar y destruir toda Ucrania y retirarse. Ve a Ucrania como un puente hacia Europa. Su lógica es histórica. Planea atacar el próximo país europeo. Quiere restaurar por la fuerza el imperio ruso. Ucrania actúa como una barrera entre Europa y Rusia, pero ese no es el destino que queremos, no nacimos para proteger el continente europeo del ejército ruso.
Este martes, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen decía que ya no se puede confiar en un sistema basado en reglas para mantener el orden mundial. ¿Los ucranianos siguen teniendo el mismo interés en unirse a la Unión Europea?
Claro. Porque para nosotros, es una cuestión de valores. Si le preguntas a un ucraniano común por qué tenemos que unirnos a la UE, empezará a usar el lenguaje de los valores para explicarlo. La gente desconoce la función del Parlamento Europeo, no comprende a fondo esta organización interestatal, pero dirán con total seguridad que luchamos por unirnos a la UE porque queremos tener la oportunidad de construir nuestro país de forma que se protejan los derechos de todos, que el gobierno rinda cuentas, que el poder judicial sea independiente y que la policía no golpee a los estudiantes que se manifiestan pacíficamente.
¿Qué reformas internas necesita aún el país para cumplir con los estándares a los que obliga el ingreso en la UE?
Muchas. Somos una nación en transición. No somos una democracia ideal. Tenemos que avanzar en este camino, pero no es fácil, porque estamos atrapados entre dos lógicas: la de la guerra y la de la integración continua. Son radicalmente opuestas, porque la lógica de la guerra dicta la centralización y que hay que limitar los derechos humanos y la libertad por motivos de seguridad. Por ejemplo, tenemos toque de queda en mi ciudad natal, Kiev. En cambio, la lógica de la integración dicta que es necesario ampliar el espacio para los derechos y la libertad. Por lo tanto, buscamos un equilibrio entre ambas, porque no podemos permitirnos el lujo de posponer ninguna. Debemos realizarlas simultáneamente. Para nosotros, la victoria en esta guerra significa regresar a la dimensión civilizada europea.
¿Le preocupa que el apoyo y la atención global hacia Ucrania estén disminuyendo?
Es natural, Ucrania no es el único foco de tensión en el mundo. Hay muchas guerras sangrientas que se desarrollan al mismo tiempo. Algunas duran decenas de años. Por ejemplo, la guerra en Sudán. Pero en España y en los países europeos no pueden darse el lujo de normalizar este mal, porque ustedes serán los siguientes. Porque esta guerra anunciada por Putin va en contra de los valores que definen su estilo de vida. Y Putin no se detendrá en Ucrania. Así que, si usted lo desea, es una llamada de atención para quienes empiezan a estar cansados, lo cual también es una pregunta muy interesante.
Esta guerra no tiene fronteras. Un trozo de metal de 1.000 euros, es decir, drones rusos, puede paralizar la industria aérea española. Y pueden perjudicar la economía española por decenas de miles de millones de euros. Es otro tipo de guerra. Y solo hay dos ejércitos preparados para luchar en este tipo de guerra: el ruso y el ucraniano.
¿Cree que falta conciencia sobre la situación actual en países como España?
En España, Alemania y Francia es muy natural. Empezaron a dar por sentado su seguridad. Pero los líderes europeos empiezan a comprender lo que está en juego. Tienen inteligencia, tienen expertos, y ven lo que Rusia planea. Y por eso empezaron a tomar medidas decisivas. Pero no a suficiente velocidad. La historia los juzgará no por lo que intentaron, sino por si lo lograron o no. Y para nosotros, el tiempo se convirtió en muerte. No tenemos tiempo para esperar.
¿Qué impactos a largo plazo, legales, sociales o psicológicos, cree que tendrá este conflicto en el pueblo ucraniano?
Todos vivimos con dolor. Es muy difícil vivir así, mantener la resiliencia cuando la guerra tocó a casi todas las puertas. El 70% de los ucranianos dicen haber perdido a alguien en esta guerra. Un ejemplo. No nombraré el país, pero es un país muy poderoso de la Unión Europea. Una encuesta recogía que uno de cada cuatro ciudadanos varones afirmaba que abandonaría el país inmediatamente si Rusia atacara. Y este país ofrece un nivel de vida bastante bueno. Me sorprendió que no quieran protegerlo. Entonces comprendí que, como generación que heredó la democracia de sus abuelos, ven la libertad y la seguridad de forma diferente. Dan por sentada la libertad y la seguridad. Como si fueran oxígeno. Se convirtieron en consumidores de democracia. A largo plazo, espero que los ucranianos recuerden a la gente de Europa qué es la libertad.
No les sorprenda que la gente en Ucrania sueñe con la paz, pero simplemente no quiera ser ocupada por Rusia
¿En el plano personal, cómo logra usted mantener un equilibrio entre sus actividades, como documentar crímenes, y su vida personal en una ciudad en guerra?
La guerra ha arruinado todo lo que yo llamo vida normal. Cosas tan sencillas como la posibilidad de reunirme con mis amigos en un café, cenar en familia o abrazar a mis seres queridos han desaparecido y se hicieron añicos. Vivir durante una guerra a gran escala significa vivir en total incertidumbre. No puedes planificar ni tu día ni tus próximas horas.
Significa levantarse cada mañana y consultar las noticias sobre lo que ocurrió durante la noche. La falta de sueño es un problema generalizado, hay una enorme tensión. No puedes decirle a tu cuerpo que no tenga miedo, aunque le digas a tu cerebro que se calme. Y a esto hay que añadirle el frío, que es un horror. Rusia ha convertido el invierno en un terror.
Pero quiero traer un poco de esperanza. Estos tiempos dramáticos brindan a los ucranianos la oportunidad de expresar lo mejor de nosotros: ser valientes, luchar por la libertad, tomar decisiones difíciles pero correctas y ayudarnos mutuamente. Y creo que una de las principales lecciones de esta guerra es que, al hacerlo, muchos arriesgan literalmente su vida por personas a quienes nunca antes habían conocido. En esos momentos eres plenamente consciente de lo que significa ser humano, sí.
Usted ha dicho a menudo que la paz sin justicia no es verdadera paz. ¿Cómo podría ser realmente una paz justa para Ucrania?
Mucha gente sin experiencia en ser invadida cree que la paz se alcanza cuando los ejércitos dejan de luchar. Pero la paz no llega cuando el país invadido deja de resistir, porque la ocupación no es paz, sino guerra, solo que con una forma diferente. La ocupación rusa no es solo cambiar una bandera por otra, sino que implica desapariciones forzadas, tortura, violaciones, negación de identidad, adopción forzada de hijos, campos de concentración y fosas comunes. Así que no les sorprenda que la gente en Ucrania sueñe con la paz, pero simplemente no quiera ser ocupada por Rusia. Porque no quieren vivir en una zona gris donde no tienen las herramientas para defender sus derechos, sus libertades, sus propiedades, sus hijos y sus seres queridos.
¿Cree que puede existir una solución pragmática que puede llevar la paz a su país?
Cualquier solución pragmática debe empezar por definir qué es la paz. Paz significa libertad para vivir sin miedo a la violencia y con una perspectiva a largo plazo. Es muy pragmático definir la palabra paz correctamente. Y luego tenemos que encontrar una solución para que Putin detenga esta sangrienta guerra. Para que los ucranianos y otros países europeos que corren el riesgo de ser atacados puedan vivir sin miedo a la violencia.
Tenemos que hacer que el precio de la guerra para Putin sea mayor que el precio de la paz. Es una cuestión muy pragmática cómo hacerlo. Por ejemplo, España puede ayudar a detener la flota oculta rusa, que elude las sanciones y brinda a la economía rusa la posibilidad de alimentar esta sangrienta guerra. Porque Rusia aún puede producir y comprar cohetes y drones que cuestan decenas de miles de millones de euros. España puede desempeñar un papel. Es una pregunta muy práctica: ¿lo hará?
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