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Opinión - Otra política y otra derecha, por Esther Palomera

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¿Me conoces, mascarita? La recomposición del presidente Sánchez

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Voy por la calle y me encuentro a una guapa y rubia mujer que parece esperarme. ¡De ilusión también se vive! Al acercarme mi mirada cree reconocerla, pero no estoy seguro si bajo la mascarilla protectora se oculta… y en ese momento ella exclama: ¡Emilio!, al reconocerme pese a mi máscara. Es Silvita, hija de mi prima Silvia. Reimos, nos saludamos y no pasa un minuto cuando se despide pues estaba esperando al coche que ha llegado a recogerla. ¡Adiós!

No estamos en Carnaval, estamos en plena pandemia de un virus homicida. Y no ocultamos nuestro rostro para burlarnos de conocidos o vejar al pasante desconocido, esta mascarilla que llevamos es protectora de nuestra salud y no de nuestra identidad, aunque a veces la relación con llevar o negarse a la mascara tenga que ver con nuestras ideas. 

A otros niveles menos personales tenemos la remodelación del gobierno de Pedro Sánchez, a dos años del fin de la legislatura, tras la dimisión de Pablo Iglesias de su vicepresidencia y después de la renovación vampiresca del PP con la victoria en Madrid de Díaz Ayuso, esta pese a las muertes y abandonos sanitarios.

Monedero explica la remodelación ''más con claves personales -biológicas y un poco de cultura-que estrictamente políticas''.

"Es bueno, me acerco; es malo, me alejo". Así repite Monedero la explicación del biólogo Michael Gazzaniga en ¿Qué nos hace humanos? Sobre el comportamiento humano. Y sigue: "Me beneficia, voy; me perjudica, me marcho". Es verdad que luego viene la cultura, que no es poco. Porque resulta que entramos en una casa ardiendo para ayudar a los que están dentro. Y nunca nos van a devolver el favor. La biología pesa, pero pesa más la cultura.”

Recordemos que la desgana y anunciada falta de sueño del Sánchez preelectoral pasó a un ''despertar'' con un acuerdo con Pablo Iglesias y a la formación del primer gobierno de coalición (progresista) desde la aprobación de la Constitución de 1978.

La interpretación de Juan Carlos Monedero de la remodelación en clave de intereses personales de Sánchez parece coincidir desde el polo opuesto con el alcalde de Madrid del PP, Martínez-Almeida, que arremete contra la remodelación sanchista como de costumbre. Ninguno de los dos concede tregua a su beligerancia crítica. No le conceden que el Presidente actúe con un propósito renovador del panorama y las estructuras españolas. Ciertamente desde propósitos bien diferentes y orillas contrarias.

Monedero afirma que ''Sánchez podría estar dispuesto, como demostró, a dinamitar el PSOE si desde sus cenizas él podría resucitar. Pero si el PSOE puede ahora resultarle útil y volver al discurso que le llevó a la Secretaría General (aunque pronto lo olvidaría) ¿por qué no hacerlo? Me beneficia, me acerco''. Y muestra que así ''refuerza al PSOE en dos ámbitos donde Unidas Podemos le había comido mucho terreno: el feminismo y la renovación generacional''.

Se puede pensar así, pero también se puede suponer que Sánchez tiene sus propios criterios de carácter progresista que no siempre hace explícitos.

En estos tiempos de mascarilla obligatoria la invisible pero cierta cercanía de la Muerte nos confronta con nuestra existencia y nuestra salud, así como las raíces últimas de nuestra personalidad, independiente de que seamos políticos o ciudadanos de a pie. Y recordamos aquel picaresco preguntar desde nuestro propio ocultamiento: ¿Me conoces, mascarita?

Creemos conocer a la persona que cubre su rostro y le interrogamos en el juego de enmascaramientos carnavalescos. Y en estos días la derecha descarada y sin máscara ataca al Ministro de Consumo, Alberto Garzón, por haber recomendado en su cuenta Twiter comer menos carnes porque “perjudica la salud y al planeta” recordando que el 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de las macrogranjas avisando de que un kilo de carne de vaca requiere unos 15.000 litros de agua. Casado, desde su altar sacrosanto llama estrafalaria tal recomendación ignorando que la ONU también lo hace y la Organización Mundial de la Salud e incluso las Consejerías de Salud en Comunidades presididas del PP. 

Y cuando el Presidente Sánchez desde el extranjero bromea que prefiere un buen chuletón entonces periodistas como Ramón Gorriarán en Canarias7 escriben que Sánchez da ''por primera vez un puñetazo en la mesa para desautorizar a un ministro de UnidasPodemos''. La mentira es tan evidente como que no había tal mesa cuando Sánchez habló del chuletón. 

Uno de los ganaderos terratenientes dice: “Este chico siempre fuera de onda y diciendo sandeces....para lo único que ha estado listo y rápido ha sido para vender al partido comunista, a cambio de su sillón de ministro inútil con sueldazo, es una vergüenza nacional.”

Como se ve con insultos como argumentos de peso.

Otro sin ganadería propia dice: “Lo que ha dicho Garzón es una verdad como un templo, por muchos intereses comerciales y políticos que se sientan aludidos. No podemos estar en misa y repicando. El cambio climático, el medio ambiente y la salud (por no mencionar a la ética) exigen una reducción radical en el consumo de carne. Lo demás es engañarse y jugar al cortoplacismo. Otra cosa es que esta reducción se haga con información, educación y racionalidad para que los sectores y toda la población vayan asumiendo los cambios de manera menos abrupta. Pero esto es sí o sí.”

Como se ve, no todos, carnívoros o vegetarianos, están contra las palabras de Garzón. 

Para el cristiano medieval, el Carnaval constituía un período de permisividad, de crítica social, en el que se ridiculizaban a los gobernantes, a los nobles y al clero. De acuerdo con antigüas costumbres, heredadas del paganismo residual, el ruido de tambores en desfiles del carnaval de Mittenwald(Alemania) espantaba a los malos espíritus del invierno

Los orígenes del Carnaval son inmemoriales. El vocablo proviene del término carnevale, propio de las lenguas romances o neolatinas y que en italiano no fue modificado. El italianismo carnaval desplazó las formas tradicionales españolas carnal,antruejo y carnestolendas. Cervantes relata el siguiente suceso en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha: ''… y allí, puesto Sancho en mitad de la manta, comenzaron a levantarle en alto y a holgarse con él como con perro por carnestolendas.” Es decir, por carnaval, cuando era costumbre mantear a perros o peleles.

Los términos carnaval o carnevale derivan de la expresión latina carnem levare, esto es, quitar la carne, la prohibición de comer carne durante los cuarenta días de la Cuaresma. El martedì grasso, el último día de Carnaval, se celebraba un banquete desenfrenado -y la carne precisamente era un símbolo de estos excesos- previo al período de ayunos y abstinencias de la Cuaresma, un tiempo de purificación y penitencia que culmina en la Pascua.

Para el cristiano de la época medieval, el Carnaval era la representación del paganismo: el pueblo se ocultaba bajo máscaras y disfraces, se celebraban desfiles, bailes y comilonas, ardían las hogueras y se sacrificaban animales para atraer a la fortuna.

En nuestros pandémicos días en que vamos enmascarados la derecha mediática trata de mantear y sacrificar a la izquierda.

Para el ciudadano hispano del año 2021 el ruido que espanta a los espíritus del invierno no son producto de un alquimista sino que es el palabrerío calumnioso mediático al servicio de empresas poderosas. Ahora no mantean al quijotesco presidente sino al Ministro o escudero leal que hace las veces de Sancho Panza

El ''¿Me conoces, mascarita?'' no se usa en los órganos mediáticos derechuzos por considerarlo inútil pues consideran que es bastante disfraz el decirse leales al Rey y a la Constitución mientras tratán de enemistar a los partidos gobernantes con mentiras, exageraciones o calumnias.

Los que hablan de puñetazos inexistentes y de desautorizaciones públicas ignoran conscientemente que el Presidente socialista acaba de revalidar y confirmar a los ministros comunistas y podemistas. Pero eso no les merece comentario.

Yo y mi esposa, enmascarados convenientemente contra el Covid, hemos comido espléndida y abundantemente una “ensalada” de pescado antes de haber oído a Garzón. No despreciamos un buen chuletón, pero preferimos lo más saludable. Esperemos que nuestra decisión en este Carnaval político donde una izquierda se sincera y una derecha se disfraza de constitucionalista leal no provoque una crísis parlamentaria. Esperemos también que el haber preferido el pescado azul a la chuleta roja no nos catapulte entre los brazos alzados del tripartito de Colón.

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11 de julio de 2021 - 12:14 h

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