Primavera enlutada

Después de haber tenido un otoño e invierno extremadamente secos y nada lluviosos en nuestras islas, la primavera nos llegó con los almendros floreados, pero para poner sal en la herida en la congoja de nuestros afligidos ánimos naturalistas, esta estación primaveral nos visitó cargada de asesinos e indolentes virus que atacan a determinados órganos internos vitales y más sensibles de los seres humanos. Esta primavera no ha sido tan bella de luces, colores y la viveza que nos transmite. Nos llegó ahíta de agónica conmiseración, de pavor y espanto, y de precauciones máximas para evitar que contamine nuestros cuerpos vivientes. Turbios y aciagos serán los siguientes días primaverales hasta que superemos este veneno invisible que tanta criminalidad mortal está produciendo en las gentes; o habiendo dejado afligidos heridos, que ya por suerte, lo han sufrido y curado en sus cuerpos. Brutal es esta pandemia que se está generando en todo el universo mundial.

Autoexilados estamos en nuestras jaulas domésticas por los consejos de las supremas autoridades sanitarias, y en derivación de las órdenes expresas de los mandatarios gubernamentales de nuestro país. Esta bajo penalización de multas o cárcel a quienes incumplan esta exclusión de puertas afueras. Nunca se había vivido en nuestro país –incluso ni en la incivil guerra española sufrida por nuestros padres en 1936– un confinamiento tan extremo a toda la población. La vida la han paralizado en lozana prevención de todos. Qué extrañeza vivir sin actividades sociales de todo tipo en una sociedad como la nuestra que está hecha a un dinamismo exacerbado de paseantes o tertulias de bares, o etcéteras. Máxime en la cultura y costumbres hispanas.

Este siniestro asesino que no se deja ver en su vileza, de cuyo nombre no quiero repetir por la animadversión hacia su colérica existencia, llegó para ya perpetuarse entre nosotros (como las gripes estacionales). Aunque de pronto lo superemos con vacunas e incontactos. En este universo de la tecnología cibernética y digital más vanguardista nos contagiamos asimismo de forma global. Las epidemias ya no son en exclusiva de los perímetros geográficos del país que la sufre. La globalización de toda la humanidad, producida por los intercambios comerciales, viajes y de todo tipo de actividades, han hecho que las infecciones víricas sean ya dolencias universales.

China ha sido siempre admirada por su milenaria cultura y etnia, su descomunal población de seres humanos, quienes de siempre han tenido una vida difícil para la subsistencia de tantas gentes, que han optado –abandonando el marxismo radical– por su peculiar mundialización de aperturas hacia un capitalismo controlado y moderado por un sistema político marcado por una férula disciplina. Con esta universalidad han traído a todo el mundo, merced a la manufacturación tan barata para los capitales occidentales –por el exceso de mano trabajadora–, un comercio de bienes de consumo de gangas en las baraturas, desconocido por estos lares.

Pero asimismo, nos han enviado de forma totalmente gratuita un mortal virus, creado intramuros para ser exportado a todo el universo (aunque indeseadamente por ellos). El descontrol sanitario existente en una parte de la población por el tradicional consumo de animales salvajes portadores de este virus ha sido el causante de esta pandemia global.

Sombríos son los conceptos de algunos políticos de los dirigentes de determinados partidos políticos cargados de cainismo (que ni mencionarlos se merecen, pero es su continuado sino ante el dolor apesadumbrado de las gentes de nuestro país), quienes ante tanta desazón y desánimos que sufre la población por esta maligna pandemia, no dudan en su objetivo, zaherirnos aún más, contra las actuaciones del gobierno central, para repugnantemente sacar trilero ventajismo político. Deseaban que el gobierno de turno pusiera el apósito antes que la herida. Es una obscena inmoralidad en esta zozobra que sufrimos todos, pero que como alimañas pretenden el río revuelto para sus ennegrecidas pescas. Bien saben ellos de los desmanes que han hecho en la sanidad pública y en la investigación científica por sus políticas sectarias, en oneroso favor de los negocios en los intereses privados y contra el bien de la gran mayoría social. De no haber sido así, muchas muertes se habrían evitado.

Pero en un hálito de esperanza, veremos muy pronto el horizonte azulino, como de siempre ha sido nuestro referente isleño de vida y trasiego, y que ahora lo será en esta lucha fratricida contra este asesino invisible que ha cambiado y enlutado nuestras vidas. Fuertes ánimos a todos y a todas, y pronto tendremos la vacuna necesaria.

Mis sinceras gratitudes y reconocimientos a sanitarios de hospitales y a todos los trabajadores que deben cumplir con los inestimables servicios en beneficio del buen y normal desarrollo de la sociedad, para que esta no decaiga en sus inexcusables demandas para la continuidad de la vida sin carencias.

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Publicado el
31 de marzo de 2020 - 12:43 h

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