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Congresos y reformas

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Leía este domingo en El Mundo (sin que sirva de precedente) la entrevista realizada al ministro de Educación, Cultura, Deportes y otras hierbas José Ignacio Wert. Está bastante más gordo que cuando participaba en las tertulias de Concha García Campoy y, por cierto, bastante más subidito. Qué falta tiene de la contraofensiva sistemática que le hacía Arturo González, ahora en el diario Público, que debía estimular su metabolismo. Wert tiene la intención de arreglárnoslo todo y ya sabemos que el que mucho abarca poco aprieta. Toros, Educación Cívica, Ley Sinde, etc. Ha abierto la boca y el PP ha perdido cuatro puntos en intención de voto, según las últimas encuestas. Nos amenaza con una nueva reforma educativa, de esas que no sirven para nada porque no abordan realmente los problemas. Con la que les está cayendo encima a los docentes, habría que preguntarles, como se hace en otras áreas profesionales, cuáles son sus principales preocupaciones, cuáles son los problemas que se deben abordar en primer lugar, qué soluciones pueden plantearse desde los propios centros educativos, etc. Sin embargo, una vez más, lo primero que sale a la palestra es la necesidad de cambiar la asignatura de Educación para la Ciudadanía por otra de parecido nombre. Y nos hemos quedado todos los profesores boquiabiertos. Luego plantea la posibilidad de ampliar un año de Bachillerato reduciendo uno de Secundaria, pero sin rebajar un año de la obligatoriedad, es decir, que tan sólo consistirá en cambiar el nombre de Cuarto de ESO por Primero de Bachillerato, puesto que todos tendrán que cursarlo si no quieren ir a Formación Profesional. ¿Tan difícil es reconocer que sólo los que quieren terminarán estudiando? ¿Por qué no dar la opción de que, una vez concluido ese Tercero de ESO, el alumno decida voluntariamente, no por obligación, lo que quiere hacer? No levantaremos cabeza jamás. También habla el ministro de fomentar la cultura perdida del esfuerzo y la excelencia, perdidas desde hace años en el fango de la mediocridad y la teoría del antiempollón. Muchos estamos de acuerdo con la iniciativa, pero convendría resaltar que el fracaso escolar no es sólo hijo de la LOGSE de los socialistas, sino que durante los ocho años de Aznar no se hizo tampoco nada para pegar un frenazo y reconducir el desastre.

Le deseo desde aquí mucha suerte a José Ignacio Wert. Que aplique la misma valentía de las tertulias a las reformas que se avecinan y que no olvide que para que cualquier iniciativa tenga éxito, debe contar con el apoyo de quienes tienen que materializarla.

José María García Linares

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