El Círculo de Bellas Artes de Tenerife presenta sus últimas exposiciones del programa del Centenario
El Círculo de Bellas Artes de Tenerife, con sede social en Santa Cruz de Tenerife (calle del Castillo, 43), ha inaugurado este jueves (18 de junio de 2026), a las 19.00, las dos nuevas exposiciones y últimas del programa concebido para la celebración del Centenario de esta entidad artístico-cultural (de septiembre de 2025 a julio de 2026). Se trata, como ha sido habitual desde septiembre pasado, de un montaje con obra individual y otro con propuestas de varios autores, la serie denominada Nudos y enredos.
En la presentación de estas nuevas instalaciones, participaron algunos de los artistas con obra expuesta; el presidente del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, Pepe Valladares, y el comisario del programa artístico del Centenario, Octavio Zaya, entre otras asistentes.
Esta es la quinta y última aportación dentro del bloque central de esa programación anual, diseñada para la celebración de los 100 años de existencia del Círculo, y con ella llega el turno del creador plástico Santiago Palenzuela, que presenta De pliegues de un mapa. La nueva colectiva de Nudos y enredos, en cambio, exhibe esta vez obras de los artistas Luna Bengoechea, Paco Guillén, Lecuona y Hernández, y Gabriel Roca.
Las exposiciones, comisariadas por Octavio Zaya, permanecerán abiertas al público desde este jueves a partir de las 19.00 hasta el miércoles 5 de agosto de 2026, con apertura de martes a sábado en horario de 10.00 a 13.00 y de 17.00 a 20.00.
Tal y como indica el curador internacional Zaya, Santiago Palenzuela es uno de los artistas tinerfeños que “ha defendido con mayor coherencia y radicalidad el poder específico de la pintura como lenguaje en un tiempo dominado por la imagen reproducible y lo conceptual”. Y añade: “Desde los años noventa hasta hoy, Palenzuela ha recorrido una trayectoria centrada casi exclusivamente en la pintura al óleo, entendida no como técnica, sino como un proceso orgánico y casi violento de construcción matérica”.
Para el comisario, “lo que define inmediatamente la obra de Palenzuela que hemos conocido hasta ahora es la espesura del empasto. En este autor, la pintura no se desliza suavemente sobre el lienzo para dibujar una imagen; la pintura de Palenzuela se acumula, se amasa, se coagula y, a menudo, se desborda. El óleo no es solo un medio sino el protagonista de la obra. Las superficies de sus lienzos, y de esas obras que poseen un relieve casi escultórico, están inundadas por empastes, veladuras, rastros de pinceles generando una densidad táctil”, explica Zaya.
“Esta materialidad extrema ‑prosigue‑ no es decorativa ni efectista. Responde a una concepción de la pintura como cuerpo vivo: Palenzuela ha hablado en varias ocasiones de ‘pintura cadáver’, una expresión que alude a la capacidad de la obra de seguir evolucionando incluso después de abandonada por el autor, como un organismo que continúa su proceso de descomposición o transformación. Para él, la pintura tiene una vida propia que trasciende la voluntad inicial del pintor”.
Aunque su obra ha pasado por distintas etapas, se pueden identificar, según Zaya, “varios temas y motivos recurrentes: el mar atlántico; interiores y espacios mentales; retratos, figuras y animales”.
El comisario de la exposición entiende que “la grandeza de Santiago Palenzuela radica en su lealtad a la pintura, entendida en su sentido más amplio y físico: como materia viva, capaz de crecer, desbordarse, envejecer y transformarse. Ya sea sobre lienzo densamente empastado o sobre papeles escultóricamente conformados, su obra rechaza la imagen plana y fácilmente reproducible para exigir presencia física, proximidad y tiempo en el espectador”.
En las obras del Círculo, Palenzuela introduce “una nueva línea: pinturas sobre papel con configuración escultórica. A través del plegado, la manipulación del soporte y la acumulación pictórica, el papel se convierte en un espacio volumétrico, ampliando la investigación del artista sobre la pintura como materia, espacio y transformación”, advierte el comisario.
Zaya sostiene que “si en el lienzo la pintura se desparrama y desborda físicamente, en estos papeles Palenzuela explora cómo esa misma fuerza matérica puede habitar y transformar un soporte más ligero y vulnerable. El resultado son obras híbridas que oscilan entre la pintura y el relieve, paisajes donde la tensión entre la fragilidad inherente del papel y la densidad de sus doblajes genera nuevas calidades de sombra, volumen y textura. Estas piezas prometen ampliar aún más el vocabulario de un artista que nunca ha aceptado los límites convencionales entre superficie y objeto, entre pintura y escultura, figuración y abstracción”, remata.
Notas biográficas sobre Palenzuela
Santiago Palenzuela (Santa Cruz de Tenerife, España, 1967) busca desde sus inicios un arte personal, principalmente a través de la pintura al óleo. Tras licenciarse, participó en diversos talleres a cargo de artistas como Jiri Georg Dokupil, Guido Kolistcher o Mark Dagley. Desde el año 1992, su trabajo se ha mostrado en más de sesenta exposiciones individuales y colectivas celebradas en galerías, museos y centros de arte, tanto en Canarias como en Madrid, Segovia, Bratislava y Praga.
Entre sus muestras individuales se encuentran Pintura cadáver (Casa de los Coroneles, Fuerteventura, 2016, y La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria, 2015), Quemando lienzo (Espacio Canarias de Madrid, 2012), De alquiler en alquiler (Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria, 2010, y Sala de Arte Instituto Cabrera Pinto de La Laguna, 2009), entre otras.
Palenzuela ha recibido diversos premios y reconocimientos, entre los que destacan el Premio de Pintura del Puerto de La Luz y de Las Palmas o el Premio Excelens de Pintura, este otorgado por la Real Academia de San Fernando de Bellas Artes en Santa Cruz de Tenerife. Tiene obra en la Colección Los Bragales (Santander), la Colección Kells (Santander), el Colegio de Arquitectos Santa Cruz de Tenerife, etcétera.
Sobre la colectiva ‘Nudos y enredos’
Nudos y enredos, según explica Zaya, “no es solo una propuesta poética sino una declaración de intenciones; un marco conceptual que se propone indagar sobre las complejidades de la condición humana y, de manera más específica, de nuestra realidad. Al reunir a 20 artistas canarios de generaciones, géneros y prácticas tan dispares, este programa se plantea no como una simple colección de obras, sino como un campo de fuerza donde distintas líneas de pensamiento se atraen, se repelen y, sobre todo, se anudan. La exposición celebra el enredo como metodología, sugiriendo que la verdadera identidad ‑ya sea personal, cultural o territorial‑ reside precisamente en estas intersecciones conflictivas y fértiles. Además, el nudo es, también, una potente metáfora visual y conceptual. Representa aquello que une pero también aquello que sujeta; lo que construye conexión pero también puede generar conflicto y opresión”.
En esta última entrega (de cinco), la inaugurada este jueves, “lejos de buscar una homogeneidad forzada entre Luna Bengoechea, Paco Guillén, Lecuona y Hernández, y Gabriel Roca, la exposición reúne prácticas artísticas que exploran los vínculos invisibles que estructuran nuestra experiencia del mundo. Los nudos aparecen aquí como sistemas de conexión, dependencia, resistencia o conflicto; los enredos, como aquello que desafía las categorías simples y revela la complejidad de los procesos naturales, sociales y culturales”, prosigue el comisario.
Como conclusión, Nudos y enredos 5/5 “no intenta desatar lo que por naturaleza es complejo. Por el contrario, lejos de presentar una visión única y simplificada del arte canario, las cinco entregas que hemos ofrecido a lo largo de este programa defienden su riqueza y su diversidad intrínsecas. En esta ocasión, Bengoechea, Guillén, Lecuona y Hernández, y Roca, cada uno desde su trinchera, demuestran que los nudos ‑geográficos, sociales, afectivos y materiales‑ son los que realmente tejen la urdimbre de la experiencia contemporánea”, afirma Zaya.
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