El reloj es la joya más comprometida de Zapatero
Zapatero entró en el juzgado este miércoles con los ojos de un país puestos en él. No es poca presión para alguien que hasta hace un mes era presentado como paloma blanca entre expresidentes. Hizo lo que se espera de un investigado, defenderse en los tiempos que su abogado considera más favorables y oportunos. O, según dijo, facilitar la búsqueda de dinero fuera de España que asegura rotundamente no tener. Dentro de España tenía 1,3 millones en joyas en una caja fuerte. Sabedor de que no es suficiente información para una opinión pública que escucha todos los días “la UCO revela que” sin que haya contrarréplica, el expresidente publicó un comunicado tras salir de la Audiencia Nacional en el que pedía tiempo y confianza. Son, seguramente, los bienes más valiosos para el ser humano.
La vida no es más, ni menos, que tiempo. Por eso no es común regalarlo alegremente, sobre todo cuando la capacidad de atención y la energía se van agotando. Hay quienes, como el actual presidente de Gobierno, están dispuestos a invertir esos dos activos en Zapatero, como demostró Sánchez con unas frases de apoyo al expresidente cuando acabó su declaración. En su partido, aún en shock, necesitan explicaciones contundentes y rápidas, que no llegan, si no quieren que se dé ya por totalmente ciertos los indicios que aparecen en el sumario.
“La UCO revela que”; “Anticorrupción pide que”; “El juez Calama decide que” son ya parte de un menú en el que el comensal se está tomando el tiempo para su defensa jurídica. La campaña electoral oficiosa empieza tras el verano y Zapatero solo ha sido capaz de dar un pequeño golpe de autoridad y esperanza a quienes la piden o necesitan como agua de mayo electoral: las dudas de legalidad sobre la prueba del móvil clonado en EEUU y aportado años después a la justicia española. La siempre morbosa idea de que Trump pueda estar detrás de todo esto. Es una idea interesante y muy política, falta que sea cierta y suficiente para un electorado que quizás ya no está para fiestas ideológicas y sí para que el médico atienda, los fuegos forestales se controlen o los pisos bajen de precio. Mientras hablamos de Zapatero, no hablamos de esto otro (casi todo de responsabilidad autonómica, donde mayoritariamente gobierna el PP).
Podría ser un clavo al que aferrarse para quienes, por convicción personal o interés político, necesitan que sea todo una pesadilla, un caso “Lula”. Quienes esperan, como asegura el propio expresidente, que no aparezca un euro fuera de España. Quienes están dispuestos a esperar hasta que se demuestre que Zapatero cobró por trabajos hechos –aunque sea fuera de rango de precios– o sean proclives a digerir la pesada comida de que sus hijas trabajaron para personas que trabajaron para una compañía aérea rescatada por el gobierno. Es el mejor de los casos: un expresidente quemado como autoridad moral pero no corrupto con implicación en decisiones gubernamentales.
Pero todo ese entramado de posibles delitos y arquitecturas legales que se investiga indiciariamente, esa nebulosa de términos jurídicos, cristaliza en algo muy material y comprensible para esa población que no tiene energía ni tiempo para entregar: joyas de brillantes. Así como Francisco Camps no ha podido borrar la asociación directa de la palabra “trajes” a su nombre, pese a que salió inocente, Zapatero tiene muy difícil borrar de su currículum la palabra “joyas”. El hecho de que su portavoz oficioso trasladara que equivalían a 50.000 euros –frente al 1,3 millones calculado por una casa de subastas– y que este miércoles haya declinado dar pistas al juez sobre de dónde han salido es un destello de culpabilidad sobreentendida para la opinión pública–aunque no fuera real– que va a ser difícil de borrar de su apellido si no da la explicación de manera clara y rápida. Ante el juez, el expresidente ha dicho que está reuniendo información y que en el plazo de una semana o diez días pedirá declarar al respecto. ¿Qué información hace falta si las joyas son legítimas? Habrá que esperar (más) al mes de julio.
No queda mucho más tiempo para explicar el presunto delito que puede que no sea el más grave de los que se le imputan, pero sí el más gravoso para los socialistas y sus plausibles votantes, porque no son rastros, conversaciones o papeles de creación de empresas offshore: son fotos de joyas reales. El reloj, el tiempo, es la joya más preciada para sacar de dudas a una sociedad que interpreta, irremediablemente, el silencio no solo como la ausencia de sonido, sino como la imposibilidad de decir algo, la incapacidad de rebatir. Un tiempo que se agota y agota las alternativas de hablar de política real en lugar de hacerlo de combinaciones de cajas fuertes.
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