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Rajoy y el PP, hacia la pendiente racista

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, en la ceremonia de toma de posesión del líder del PP-A, Juanma Moreno.
15 de julio de 2026 21:29 h

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Mariano Rajoy, un presidente de Gobierno que se jactaba de informarse con el Marca y que puso fin a su legislatura en un restaurante, avisó a los suyos cuando Pedro Sánchez ganó la moción de censura en 2018 de que no iba a ser un expresidente entrometido en los asuntos de España y su partido.

Hay que reconocerle que lo cumplió, en parte porque ya estaba Aznar como faro moral de los halcones, dispuesto a arengar y pintar un país en la debacle moral y social, dispuesto a ser un referente, justamente él, el hombre que mintió a un país para retener el poder, incluyendo a los directores de la prensa nacional progresista y conservadora en el 11M. Rajoy cumplió, retomó su plaza de registrador de la propiedad y siguió saliendo a caminar rápido. Había acabado su gobierno de manera abrupta, inesperada, sin admitir la corrupción sistémica en su partido y con un bolso de la vicepresidenta ocupando su escaño.

Sin embargo, el expresidente asoma de vez en cuando: en unas declaraciones, un acto, una entrevista puntual o una columna de opinión deportiva. Momentos que hacen recordar que ese señor tan campechano –y se podría pensar que tan moderado en comparación con Feijóo– también transita en algunos asuntos por la pendiente ideológica ultra. Racistas un poco somos todos, pero hay quien se evalúa y quien se jacta.

Escribió en su columna sobre el mundial que Francia tiene “una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. Es decir, que las personas negras son a priori de fuera, o no tan de dentro como los blancos. Como si un ciudadano negro de Leganés, Badajoz o Barcelona, que se ha educado con la tele española, en el sistema educativo español o trabaja y paga impuestos en España no fuera realmente español. Como un español de dos o tres puntos menos.

En su siguiente columna publicada, este martes, Rajoy no dice que aquello fuera un error, ni un comentario racista que se le escapara y que esté dispuesto a deconstruir. Ni siquiera justifica que fuera un malentendido. Cuando el expresidente escribió que Francia tiene “una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”, quizás quería decir eso. Que las personas negras no pueden ser en el fondo más que africanas y siempre lo serán. Como ha renunciado a explicarlo, habrá que quedarse con la primera versión conocida de su pensamiento.

En su reciente escrito no matiza este comentario racista, pero sí critica a los que le han criticado, especialmente al Gobierno, al que acusa de chivarse y sacar partido en lugar, se sobreentiende, de resolver la corrupción. “Ellos no piden perdón por nada. Eso, por lo visto, siempre les toca a otros”. Eso sí, apela a quienes le conocen para que piensen de él lo mejor posible, pero sin desvelar si es xenófobo en plena regularización de migrantes en su país: “Ustedes ya saben cómo soy y lo que pienso. ¡Viva España!”, cierra su comentario. La verdad es que nos hemos quedado sin saber quién es y qué piensa.

Por si quedaban dudas de que el Partido Popular español ha cortado el cable con su electorado cristiano, humanista, ilustrado y moderado, Rajoy recuerda que no hay lapsus. Mientras Cáritas apoya la regularización de migrantes, con los pasos del papa aún resonando en España, Feijóo está en contra de la regularización, ha vinculado inseguridad y raza, su baronesa Ayuso suelta bulos de violaciones. Ahora, Rajoy, aquel presidente moderado que algunos añoran, deja claro qué opina de una Europa multicultural. Como dice Mariano, viva España, pero tal y como es, no como aquel país clasista y racista que añoran los más radicales. “Hay que tener buen humor”, titula el expresidente su columna. Antes de eso hay que tener honestidad y no azuzar el fantasma del racismo y el conflicto social que supone cuando dices amar a tu país.

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