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Opinión - 'Feijóo saca el pucherazo de su fondo de armario', por Raquel Ejerique

Feijóo saca el pucherazo de su fondo de armario

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso.
1 de julio de 2026 21:54 h

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Las críticas de Feijóo, el PP y Vox a la llamada ley de nietos –aprobada en 2022 y que daba la nacionalidad a los nietos de emigrados españoles– son una mera excusa más para azuzar un fuego que prendieron con el inicio de la segunda legislatura de Pedro Sánchez. Desde 2023, ambos partidos de derechas están jugando con el fuego social, planteando que España camina hacia el precipicio de una dictadura, que no hay separación de poderes, que el Gobierno es un peligro para la democracia. No se trata de hacer oposición o argumentar, sino utilizar todo lo que está al alcance para tejer los mimbres de la indignación social, haciendo creer que el país camina hacia Venezuela, incluyendo dudas sobre un sistema electoral justo y fiable.

La idea fuerza se está queriendo instalar desde el inicio con calzador y con distintas excusas. La primera fue que no debía gobernar Sánchez, sino quien tenía más votos. Feijóo planteó claramente que era injusto o una anomalía que el PSOE pactara la investidura, cuando era él –incapaz de pactar con la España periférica o nacionalista– quien había concitado más votos. Desde la democracia es el sistema utilizado: gobierna quien logra votos suficientes para ir solo o pactos que los sumen.

Ya planteó dudas sobre el voto por correo y agitó de nuevo el fantasma de ETA en la campaña de 2023. El PP se afanó después de las elecciones en plantear que pactar con Junts era intolerable. El partido del fugado Puigdemont no tenía, según Feijóo, la legitimidad de ser parte de la investidura. Luego se supo que el propio PP se reunió con ese partido y se plantearon indultos selectivos para conseguir la investidura de Feijóo, que fue fallida. Pedro Sánchez acabó logrando formar gobierno y el gesto displicente en el hemiciclo del líder de la oposición rompió con el tradicional y cordial apretón de manos entre ganadores y perdedores. Otra línea roja institucional traspasada en el minuto cero.

La gestación de la ley de amnistía volvió a dar material inflamable para que la oposición planteara que el gobierno estaba lanzando “un obús contra la separación de poderes”, que dijo el gallego. Esto se ha salpimentado con “noes” a leyes con las que el PP estaba en realidad de acuerdo, como un modo de no reconocer la acción de un gobierno para todos los españoles, o el desplante de Feijóo en actos institucionales, como la apertura del año judicial en 2025.

En medio de los procesos judiciales que afectan al gobierno y al PSOE (de especial gravedad, todo lo que tiene que ver con posibles adjudicaciones amañadas o las cloacas de Leire Díez), la oposición ha encontrado otro espacio más para pinchar en busca de elecciones, que no es lo mismo que hacer política y políticas. Sánchez se mantiene incólume y Feijóo agita todo lo que pueda para que todo parezca excepcionalmente peligroso, no solo lo que es, evidentemente, un problema indignante de corrupción indiciaria.

Ante la imposibilidad numérica de una moción de censura o la incapacidad del PP para atraer apoyos en el Congreso mientras no se suelte de la mano ultradestructiva de Vox, la oposición del que era partido institucional ha intentado forzar unas elecciones que no pueden convocar y que, según ellos y muchos sondeos, ganarían de calle.

Justamente por eso último resulta incomprensible que el PP haya sido tan reactivo con la ley de nietos y el voto exterior, que nunca ha supuesto un vuelco electoral, sino que en 2023 precisamente movió un escaño desde el PSOE al PP. Si ganan sobrados, ¿qué les preocupa?

También resulta sorprendente que Feijóo y Abascal sean capaces de aventurar qué votarían esos miles de personas (gran parte de ellas, argentinas, donde ganó Milei). Tampoco se entiende, si son votantes tan relevantes, cómo es posible que no quieran ganarse su voto y vayan directamente a tratarlos como mercancía sanchista de “ingeniería electoral” que no debería votar o hacerlo con limitaciones.

No se entiende porque en realidad los nietos dan igual y sus votos, también. A Feijóo y a Vox les interesan en la medida que puedan servir a la causa de desequilibrarlo todo, de encender la indignación, del fantasma de una España del pucherazo, porque ya no es suficiente hacer oposición y organizar manifestaciones o las dudas que generan los casos de corrupción, ahora hay que poner a España ante un espejo deformado y peligroso en el que solo salgan guapos quienes necesitan que pase algo y no son capaces de conseguirlo con los pactos y la política.

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