Un nuevo agosto rojo
Empieza agosto, aquel mes en el que nunca pasaba nada, según decían. No era cierto. Un 1 de agosto de 1492, los Reyes Católicos firmaron algo tan trascendental como el decreto de expulsión de los judíos de España, y otro 1 de agosto, en 1914, Alemania le declaró la guerra a Rusia dando origen a la Primera Guerra Mundial. En la segunda gran guerra, Estados Unidos lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima, fue el día 6 de agosto en este caso. Y ni siquiera es eso todo. Y aunque aún no sea comparable, el clima bélico que vivimos -con comillas y sin comillas- provoca chispas incendiarias muy preocupantes a varios niveles.
En agosto cierra la administración y muchas otras actividades, hay un parón, desde luego, pero los crispadores dejarán elementos de guardia, y siempre tendrán un rato los tellados, bendodos, gamarras, incluso los titulares, para prender fuegos, tan dañinos como los que físicamente destruyen nuestro país estos días. Rojas llamas de rojo ira por doquier.
Rojo amor -o lo que sea- con mucho color sepia en las cuentas corrientes. No lo tapemos aunque se hayan producido nuevos shocks en este mundo que los poderes diversos han convertido en un pañuelo. Lo de Ayuso y su novio, digo. Mimados a extremos inauditos por la justicia y por la prensa subvencionada pinta mal para ellos. Para ella sobre todo. La han pillado in fraganti con sus áticos, y cuanto más intenta arreglarlo con sus mentiras habituales, más la pifia. Se estira la cuerda tanto y tanto, que no aguanta, aunque parecía ser extensible al infinito. Ya veremos. Se especula -con algunos datos- que, de nuevo en el PP, ha sido fuego amigo el instigador. Y que anda de por medio el que ya salio beneficiado del que tumbó a Pablo Casado. En estas organizaciones ocurre mucho. Instrúyanse, si les parece, en libros y películas sobre la mafia -por poner un caso- y verán similitudes.
De momento, La Voz de Galicia -feudo de Feijóo- y ABC y El Mundo, sí, cambian de registro. La Razón, no, sigue elogiando en el día de los áticos los atuendos de Ayuso. Y la cloaca infinita, la de los bulos mayúsculos, aparca a la rival y se felicita de que ahora sí lo tiene fácil su Feijóo, con lo de Ceuta, que en el fondo este incidente se parece a aquél de la Isla Perejil que con tanta eficacia salvaron Trillo y Aznar. Casi nada.
Todo lo relega ahora el nuevo “huracán” que cambia de dirección según pasan las horas. La frontera de Marruecos con Europa -es con Europa- ha sido desbordada por miles de personas -jóvenes y maduras, familias enteras con bebés-. Más que en ocasiones anteriores, que también se produjeron intentos masivos a pesar de aquellas vallas coronadas de cuchillas. Una irrupción en masa de unas 50.000 personas en Ceuta representa, sin duda, una crisis migratoria enorme, inasumible. Rojo desesperación, tal vez. Movida por turbios alientos de quienes ni resuelven sus problemas, ni se ocupan de sus vidas. Ya se han contabilizado, por cierto, al menos 57 víctimas mortales. Verde esperanza rota.
Como siempre, la derecha ha sacado toda su artillería para culpar al Gobierno. Se desparraman por las redes soñando, como dice su servidora mediática, sacar tajada de otra desgracia. Hasta el autócrata estadounidense Donald Trump, uña y carne con Israel y el jerarca marroquí, lo ha hecho. Casualidad ninguna. Mohamed VI hace y no hace con premeditación. Sigue pretendiendo “recuperar” las ciudades “anexionadas” a España de Ceuta y Melilla, según las llama. Y la ultraderecha española ha cambiado la chaqueta para apoyarle en ese paquete, sin que sus seguidores se inmuten al parecer. Sánchez no culpa a Marruecos, incluso le exonera. Será templando gaitas por su reciente viaje a Argelia o por alguna otra razón.
Gran oportunidad también para la Internacional Ultra. que se ha sumado al ataque contra el presidente del gobierno español, casi con la intensidad de los desesperados que han entrado en Ceuta. “La fascista buena”, Giorgia Meloni, pidió de inmediato que España fuera excluida del Acuerdo de Schengen que suprime los controles interiores de la Unión. En principio, sabíamos que no está permitido expulsar a ningún país de ese acuerdo, pero finalmente lo ha hecho. Temporalmente, dice. Meloni creció políticamente con su racismo antinmigración, pero luego no ha cumplido sus amenazas y está en momentos bajos electorales. Y Trump le ha puesto la proa. La alienta a recuperarse echando la carne en el asador de Ceuta, Antonio Tajani, el creador con Berlusconi de Forza Italia, viejo amigo del PP español.
Su acción es gravísima, sin embargo. Su anuncio se había cruzado prácticamente con uno de la Comisión Europea descartando que haya problema alguno con las fronteras europeas.Pero si la UE no responde a la provocación de Italia, estará deteriorando su autoridad. Mal asunto, que Ursula von der Leyen haya vuelto por sus fueros retrógrados sin apoyar explicitamente a Sánchez. Es demasiado inmenso esto para pensar que se trata de una casualidad, y una reacción espontánea. Se ha unido, claro está, Marine Le Pen, Dinamarca y también Finlandia a través de esta ministra de ultraderecha que forma parte del gobierno de coalición con los conservadores. Tiene poderosas razones contra los migrantes como verán. Es su prioridad nacional.
Agitan el avispero. Feijóo se ha sumado a la tarea, anuncia que viajará a Ceuta a decir sus cosas. A pedir comparecencias extraordinarias, y a actuar casi como un Presidente Encargado -por sí mismo-.
Y el presidente Sánchez ha respondido a las críticas europeas con datos del Frontex, la Agencia Europea de Fronteras y Costeras
Faltan en la ecuación ellos, los jóvenes y no tan jóvenes marroquíes sin expectativas de futuro. Al punto de lanzarse a la aventura de entrar a España, a Europa, con riesgo de morir o ser devueltos. El gobierno asegura que ya han mandado de regreso a Marruecos a 48.300. Hay soluciones menos temerarias, pero para eso el mundo habría de funcionar algo mejor. Son demasiados quienes lo han intentado como han podido, un gran número y por tanto desestabilizador. Vergüenza para su rey tener así a sus ciudadanos. Ahora bien, amenaza a la estabilidad nacional, la de verdad y más peligrosa, la tenemos con los fascistas, no con la mayoría de quienes buscan futuro con riesgos. Decir que todos los migrantes son delincuentes es falso y pestilente.
Los contratiempos que este gobierno ha tenido que afrontar son muchos y de entidad, y solo ha contado con zancadillas de la oposición política, de los medios a su servicio, algunas veces de la justicia. Pensar que todo esto nos sucediera en España con un gobierno en La Moncloa de PP y Vox es estremecedor. Gris de inoperancia, rojo de sangre y violencia.
Las derechas ultra se ha puesto al lado de quienes atacan a España empezando por el Marruecos de esta maniobra. Detrás, EEUU e Israel. Y la UE lavándose las manos una vez más para cojear del mismo lado azul. Son azules. Eso es lo que se vota. Y por su dejadez se vota también a los desestabilizadores natos.
No es todavía un agosto como aquellos que truncaron el mundo en el siglo pasado. Pero que nadie se descuide: están muy crecidos y más organizados que entonces en ese mundo, como un pañuelo, que mueven con un dedo hasta autócratas de medio pelo. “El gallo rojo es valiente pero el negro es traicionero. Gallo negro, te lo advierto: no se rinde un gallo rojo más que cuando está ya muerto”, cantaba Chicho Sánchez Ferlosio. A ver.
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