Fundación Emprende lleva a Extremadura su modelo de mentorías de IA pública para mejorar servicios y trámites

Fundación Emprende lleva a Extremadura su modelo de mentorías de IA pública para mejorar servicios y trámites

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La conversación sobre inteligencia artificial en la administración pública suele moverse entre dos extremos. Por un lado, la expectativa de que una nueva herramienta resolverá de golpe trámites, expedientes y cargas de trabajo. Por otro, el temor a que la tecnología llegue demasiado rápido, sin método, sin garantías o sin tener en cuenta cómo trabajan realmente los equipos públicos.

Entre ambos extremos hay un espacio mucho más útil: la mentoría de IA pública. No se trata de una formación genérica ni de una demostración tecnológica, sino de un acompañamiento práctico para que una administración identifique dónde puede aplicar inteligencia artificial, qué procesos debe ordenar antes, qué riesgos debe controlar y qué tareas pueden mejorar sin sustituir el criterio profesional.

Fundación Emprende está trasladando ese enfoque a Extremadura con una idea clara: la inteligencia artificial puede ayudar a las instituciones públicas a servir mejor, pero solo si se aplica desde problemas reales. No empieza por elegir una plataforma. Empieza por escuchar a los equipos, entender sus trámites, revisar sus cuellos de botella y convertir la experiencia diaria de la administración en casos de uso concretos.

Una mentoría de IA pública puede definirse como un proceso de acompañamiento a equipos administrativos para pasar de la curiosidad tecnológica a la aplicación responsable. Su objetivo no es que todas las personas se conviertan en especialistas en modelos de lenguaje, sino que puedan reconocer tareas donde la IA puede aportar valor: ordenar información, preparar borradores, resumir documentos, localizar antecedentes, explicar requisitos, detectar duplicidades o mejorar la atención a la ciudadanía.

Ese enfoque es especialmente relevante para comunidades como Extremadura, donde muchas administraciones deben prestar servicios en territorios amplios, con realidades rurales, estructuras diversas y necesidades de coordinación entre municipios, diputaciones, consejerías, entidades públicas y ciudadanía. La IA puede ser una aliada si ayuda a reducir fricción, acercar información y liberar tiempo profesional para tareas de mayor valor.

Durante los últimos tres años, Fundación Emprende ha acompañado a más de 150 alcaldes, concejales, consejeros, jefaturas de servicio y equipos técnicos de administraciones públicas mediante mentorías individuales y por equipos departamentales. Esa experiencia ha dejado una lección clara: la innovación pública funciona mejor cuando se trabaja con casos concretos, próximos al trabajo real de la administración. No basta con hablar de inteligencia artificial en abstracto. Hay que preguntar qué expediente tarda demasiado, qué información se repite, qué trámite genera más dudas, qué documento se prepara siempre desde cero, qué consulta ciudadana llega una y otra vez o qué proceso depende todavía de correos, llamadas y hojas dispersas.

A partir de ahí, la mentoría permite distinguir entre tres niveles. El primero es individual: profesionales públicos que aprenden a usar IA para mejorar tareas cotidianas, siempre con prudencia y revisión. El segundo es organizativo: equipos que identifican procesos repetitivos, documentación dispersa o puntos donde falta trazabilidad. El tercero es institucional: responsables que deciden qué usos pueden escalarse, con qué límites, con qué datos y con qué garantías.

Este último punto es decisivo. En la administración pública, la IA no puede plantearse como una caja negra. Debe operar con fuentes verificables, criterios claros y supervisión humana. Un asistente puede ayudar a resumir una convocatoria, pero no debe inventar requisitos. Puede preparar un borrador, pero no sustituye la revisión técnica o jurídica. Puede orientar a una persona usuaria, pero debe derivar a la fuente oficial cuando hay derechos, plazos o decisiones administrativas en juego.

Las mentorías sirven precisamente para construir ese criterio. Ayudan a separar usos razonables de usos arriesgados. Permiten probar con tareas acotadas antes de escalar. Facilitan que los equipos públicos pierdan miedo sin perder prudencia. Y, sobre todo, evitan que la adopción de IA dependa solo de entusiasmo individual o de decisiones tecnológicas desconectadas del trabajo real.

En Extremadura, este enfoque puede aplicarse a ámbitos muy distintos. Empleo público, ayudas y subvenciones, contratación, atención ciudadana, servicios sociales, información territorial, gestión documental, consultas internas, transparencia o apoyo a pequeños municipios. En todos ellos aparece una misma necesidad: convertir información pública compleja en respuestas más claras, procesos más ordenados y decisiones mejor preparadas.

La clave no está en automatizar por automatizar. Está en identificar qué tareas consumen tiempo sin aportar suficiente valor, qué información se pierde entre sistemas, qué preguntas se repiten, qué documentos pueden prepararse mejor y qué procesos necesitan más claridad antes de incorporar tecnología. En muchos casos, la IA no es el primer paso. El primer paso es describir bien el proceso.

Por eso, el modelo de mentoría no se limita a impartir sesiones sobre herramientas. Combina diagnóstico, selección de casos, trabajo con equipos, revisión de riesgos, prototipos sencillos y criterios de uso. La administración aprende haciendo, pero no improvisando. Cada caso debe responder a una pregunta concreta: qué problema público se quiere mejorar y cómo sabremos si la IA ha ayudado realmente.

Este enfoque también puede reforzar la colaboración entre territorios. Las administraciones comparten muchos retos, aunque cada una tenga su contexto. Lo aprendido en un área puede inspirar a otra. Una experiencia en contratación puede servir para revisar procesos documentales. Una mentoría sobre subvenciones puede aportar aprendizajes para empleo público. Un asistente de orientación ciudadana puede abrir camino a mejoras en sede electrónica o atención telefónica.

La inteligencia artificial pública no debería medirse por el número de herramientas desplegadas, sino por la calidad de los servicios que ayuda a mejorar. Si una entidad local responde mejor, si una consejería reduce tareas repetitivas, si una asociación entiende antes una ayuda, si una pyme encuentra una licitación, si una persona recibe información más clara o si un equipo público recupera tiempo para pensar y decidir, entonces la tecnología empieza a tener sentido.

Llevar este modelo a Extremadura significa adaptar el aprendizaje a una nueva realidad administrativa y territorial. No se trata de copiar soluciones, sino de trasladar método: empezar por personas, procesos y objetivos; elegir casos reales; trabajar con revisión humana; documentar aprendizajes; y avanzar con prudencia, pero sin quedarse inmóviles.

La IA pública necesita menos espectáculo y más acompañamiento. Menos promesas generales y más trabajo con expedientes, trámites, dudas y equipos concretos. Esa es la lógica de las mentorías: ayudar a que la administración entienda dónde está el valor antes de decidir qué tecnología usar.

En un momento en que muchas instituciones se preguntan cómo incorporar inteligencia artificial, Extremadura tiene la oportunidad de hacerlo desde una perspectiva práctica y responsable. La pregunta no es solo qué herramienta utilizar. La pregunta es qué servicios públicos pueden mejorar si los equipos cuentan con método, apoyo y criterio para usar la IA allí donde realmente aporta valor.

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