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Danza diabólica en Tijarafe

El misterio será este año aún mayor. La identidad de la persona que encarnará el personaje del Diablo de Tijarafe, por primera vez en los últimos tiempos, no se dará a conocer por motivos de seguridad y para evitar personalismos. La danza infernal, en la que se soportan temperaturas de hasta 50 grados, refuerza así su secretismo. Desde el punto de vista religioso, el baile diabólico representa el triunfo del bien sobre el mal.?

En la madrugada del 7 al 8 de septiembre el Diablo deambula por el municipio de Tijarafe y, en cualquier momento, puede irrumpir en la Plaza de la Candelaria, donde le espera una impaciente multitud ansiosa de lujuria y desenfreno. El tradicional baile macabro, que se celebra desde 1910, es el acto más emblemático de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Candelaria. Este singular espectáculo pirotécnico está declarado Bien de Interés Cultural y Fiesta de Interés Turístico de Canarias.

Desde hace más de una década, el deportista tijarafero Ricardo García se ha encargado de 'correr' el Diablo y muchos están convencidos de que será él quien, un año más, junto a algún otro vecino del municipio, dé vida a un personaje que, en la madrugada del 8 de septiembre, y en una tensa atmósfera, congrega en Tijarafe a más de 5.000 personas. En la pasada edición García confesó que este papel lo seguiría representando “hasta que el cuerpo aguante; es un reto para mí y sólo lo dejaré cuando no tenga ilusión”, dijo. Pero en esta ocasión, el Ayuntamiento de la localidad ha decidido no hacer pública la identidad de Lucifer “por motivos obvios de seguridad y considerando que lo importante es el objeto de la fiesta y no el personalismo derivado de cuál sea el nombre de los agraciados con tan digno honor”. Fuentes del Consistorio han explicado, por otro lado, que los gigantes y cabezudos, que integran la corte infernal, serán los mismos que siempre han venido desarrollando estos papeles “de forma anónima”.

Preparación física y psicológica

Pero dejando a un lado los nombres, lo cierto es que el tijarafero que se meta en la piel de Satanás tiene que sudar la gota gorda: deberá soportar temperaturas de hasta 50 grados y aguantar a sus espaldas un peso de unos 80 kilos, entre la carga explosiva y la carcasa. La preparación física y psicológica es fundamental para protagonizar un número pirotécnico que no está exento de riesgos. En las horas previas a la danza, el Diablo deberá seguir una dieta rica en hidratos de carbono pues, durante el baile, que dura unos 20 minutos, puede perder hasta cuatro kilos. La superstición también está presente en este acontecimiento festivo. Ricardo García admitía que el 7 de septiembre, aunque no le invadía el miedo, sí estaba “tenso” porque sentía “respeto” por el número y por el público. Incluso reconocía que tenía su particular ritual, que cumplía cada año antes de la interpretación, como visitar la tumba de su madre en el cementerio o la iglesia de La Candelaria.

En el transcurso de la danza, van estallando las cargas explosivas que porta la figura, de malignos ojos rojos. El cuerpo, el rabo y el tridente se vuelven incandescentes ante el griterío de una multitud cegada por el espectáculo. La apoteosis llega con la explosión de la cabeza de Lucifer, que pone fin a la danza. El fuego, el humo y el calor provocan una auténtica situación infernal que es festejada con jolgorio. Con la huida del Diablo, según la interpretación religiosa, se produce el triunfo de la Virgen sobre Satanás. El triunfo del bien sobre el mal.

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