Santa Brígida inventaría su colección artística
El Ayuntamiento de Santa Brígida, en Gran Canaria, da un paso decisivo en la protección y valorización de su patrimonio cultural con la elaboración del Catálogo Municipal de los Fondos Artísticos, un documento que ordena, valora y contextualiza el conjunto de obras de arte que forman parte de la colección municipal, y sienta las bases para una estrategia de conservación y activación patrimonial a largo plazo.
El trabajo fue presentado el pasado martes al alcalde de Santa Brígida, José Armengol, y a la concejal de Patrimonio Cultural e Histórico, Avelina Fernández Manrique de Lara, por la historiadora del arte Laura García Morales, especialista en pintura contemporánea. El estudio inventaría y analiza un total de 115 piezas entre pintura, dibujo, obra sobre papel y escultura.
Entre las piezas más destacadas de la colección figura la pintura mural de Sergio Calvo (año 1940) que se encuentra en el Espacio Joven, o el diseño del escudo municipal de Luis Carlos Monzón Grondona en Alcaldía. También La aguadora canaria (1950), de Olga López Hernández, una escultura de gran belleza y carga simbólica que, dada su calidad artística y valor patrimonial, García Morales recomienda su reubicación en un espacio público, elevada sobre un pedestal de piedra o similar y acompañada de una placa conmemorativa.
También se encuentra en el catálogo obras como La piel del vino, de Cristina Vasallo, instalada en 2010 junto a la carretera que sube hasta Bandama, un conjunto escultórico en bronce a tamaño natural que representa una escena tradicional vitivinícola. Además de una pintura sobre táblex de Felipe Ovejero, de gran delicadeza formal, o un acrílico sobre lienzo de 2007 de Fernando Jiménez, que representa una multitud en procesión hacia la parroquia de Santa Brígida.
Uno de los conjuntos más reconocibles del fondo artístico es la serie Las músicas, de Ana Luisa Benítez, que ocupa espacios centrales del edificio consistorial. La escultura pública de la artista amplía su diálogo con la ciudadanía con Niños a piola, o Niños sentados, integradas en el entorno urbano, como parte del paisaje emocional de Santa Brígida.
La colección se enriquece con un óleo sobre lienzo de 2001de Paco Ramírez que ofrece una vista panorámica de la Villa de Santa Brígida, con la parroquia y su torre de campanario como eje compositivo; también hay registrado un óleo y acrílico de Juan Cabrera expuesto en el hall del Centro Cultural.
Especial relevancia adquiere la serie dedicada a la flora canaria de Ana Cepeda. Junto a ella convive una acuarela sobre seda de Pino del Castillo, que representa un denso campo de flores polícromas y se encuentra junto al Salón de Plenos.
Completan el conjunto una obra de Fali Santana, ubicada en el despacho de Alcaldía, que recrea la fachada de una vivienda humilde desde una mirada sensible; también una acuarela sobre papel de Juan Guillermo Manrique de Lara.
Mención especial Antoñita la Rubia, de Domingo Díaz Barrios, una delicada tinta sobre papel de 1997 que rinde tributo a las mujeres que sostuvieron durante generaciones el oficio de la alfarería; o un óleo de Sergio Bosch, entre muchas otras hasta completar las 115 obras que constituyen el catálogo.
El alcalde, José Armengol indicó que “el Catálogo de los Fondos Artísticos no es un documento cerrado, sino un punto de partida para futuras investigaciones, ampliaciones y acciones de difusión que permitan construir un relato estético sólido, coherente y representativo del arte en Santa Brígida».
Por su parte, la concejal de Patrimonio Cultural e Histórico, Avelina Fernández Manrique de Lara, explicó que el catálogo “va más allá de una mera función inventarial”, ya que incorpora “un diagnóstico técnico detallado sobre el estado de conservación de las obras”, y apuntó que el estudio formula recomendaciones concretas para garantizar la preservación del fondo artístico a largo plazo.
La historiadora del arte Laura García Morales, autora del catálogo, destacó que “el patrimonio artístico de una comunidad constituye su capital simbólico más valioso”, al actuar como “un registro histórico de su sensibilidad, su memoria colectiva y su evolución intelectual”. En este sentido, remarcó que la importancia “no reside únicamente en poseer una colección, sino en gestionarla de manera activa”, ya que el arte “funciona como un eje de cohesión social y como un testimonio identitario que trasciende a las generaciones”.
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