Ramón y Vina: toda una vida dedicada a la artesanía, la cultura y la cerámica benahoarita (I)


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El pasado 18 de marzo de 2022 participamos en un acto institucional muy bonito y emotivo en el cual se reconocía la trayectoria profesional y vital de dos personas vecinas del municipio de Villa de Mazo, con las cuales hemos mantenido una estrecha vinculación que se remonta a nada menos que 37 años. Se trata de Ramón Barreto y Vina Medina, dueños y promotores del Taller de Cerámica “El Molino”, sito en Monte Pueblo (Villa de Mazo), a quienes agradecemos que en este momento tan importante y especial hayan pensado en nosotros para participar en esta gran noche en la que se premiaba toda una vida dedicada a dar a conocer la cerámica benahoarita.

Conocemos a Ramón y Vina, Vina y Ramón, así como a Miriam Cabrera, porque son inseparables, desde junio de 1985 y con el transcurrir del tiempo valoramos, cada vez más, su dedicación a una pasión que ha marcado una forma de vida y unos logros que, seguramente, ni siquiera ellos esperaban cuando iniciaron esta andadura. Pero cuando las cosas se hacen bien, y esta ha sido una de las máximas que hemos aprendido de ellos, con amor, con honestidad y con dedicación plena, siempre llega la recompensa.

Y es que el Taller de Cerámica “El Molino” no ha sido un centro alfarero más puesto que, desde el mismo momento de su creación, allá por 1974, ha desarrollado una labor cultural encomiable centrada en la protección, conservación y puesta en valor de una de las piezas arqueológicas, las vasijas de barro, más interesantes y más representativas que nos legaron los aborígenes palmeros. Y esta aseveración tan rotunda no es una frase para quedar bien, puesto que se basa en una serie de hechos constatables e irrefutables.

Este lugar se convirtió, desde el mismo momento de su apertura, en un lugar al que acudían todas aquellas personas que habían descubierto una vasija aborigen, entera o en pedazos, porque sabían que allí iban a ser reconstruidas, cuidadas, restauradas y puestas en valor, como si de un museo se tratase. Los descubridores de esos cuencos de barro optaban, la mayoría de las veces, por dejarlas en depósito, de tal forma que pasaron a formar parte de una magnífica exposición en la que se podían admirar las piezas originales y, además, se podía comprobar cómo, en la manos expertas de Vina y Ramón, los aborígenes palmeros pudieron dar a luz objetos de tanta belleza. Esta colección, perfectamente protegida y conservada, pasó a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico Benahoarita desde el mismo momento de su creación en 2007.

El reconocimiento del Taller de Cerámica El Molino entre la arqueología canaria era tal que, nuestra primera experiencia, en junio de 1985, con la cultura benahoarita tuvo lugar, precisamente, en este lugar. En esa fecha, el alumnado de una asignatura optativa denominada “Prehistoria de África y Canarias” (5º de Geografía e Historia), realizamos una visita de tres días a La Palma para conocer su Arqueología. Su profesor, Juan Francisco Navarro Mederos, con muy buen criterio, tuvo muy claro que ese primer contacto con la arqueología palmera no podía ser otro que el centro artesano de Ramón y Vina, así como el impresionante archivo y biblioteca de Miriam Cabrera. La experiencia fue increíble y aleccionadora aunque, inicialmente, muchos no teníamos muy claro el interés de esta elección, existiendo tantos yacimientos por conocer. Cuando abandonamos el lugar, noche cerrada, entendimos perfectamente tan sabia decisión. Este primer encuentro, al menos en nuestro caso, marcó definitivamente una trayectoria investigadora inspirada en algunos principios esenciales de la labor de Ramón y Vina: la meticulosidad, la rigurosidad y el absoluto respeto a las piezas que atesoraban y reproducían fielmente hasta en los detalles más ínfimos. Nunca imaginamos que esta experiencia sería el preludio de muchos otros encuentros en los que el Taller de Cerámica El Molino, y el domicilio particular de Miriam, se convertirían en un sitio al que acudiríamos en busca de información, conocimientos y apoyo. Durante todo este tiempo hemos tenido la fortuna de disfrutar de la sapiencia de unas personas a las que respetamos y apreciamos profundamente por todo lo que aportado a la arqueología palmera.

El Taller de Cerámica El Molino de Ramón y Vina no solo fue un centro de alfarería artesanal. Fue un lugar donde arqueólogos e investigadores, interesados en el pasado indígena, acudíamos a ver, in situ, y de primera mano, nunca mejor dicho, las técnicas de elaboración y, sobre todo, de decoración de las vasijas benahoaritas. Su aprendizaje, prácticamente autodidacta, durante tantos años, les permitió acceder a las técnicas, estamos convencidos de ello, sobre cómo los antiguos palmeros crearon sus preciosos y únicos cuencos. Descubrieron los secretos sobre la preparación del barro y dónde estaban los barreros de mayor calidad, el método de la elaboración de los recipientes, las técnicas del horneo y, sobre todo, crearon una serie de herramientas de invención propia con las que decoraban las piezas.

* Felipe Jorge Pais Pais es doctor en Arqueología

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