Después del volcán: José Gregorio, Pili y sus cabras palmeras comienzan de cero

José Gregorio Armes Leal y a su mujer María del Pilar Acosta Acosta. Foto: Beatriz Hernández Sicilia

Asociación de Criadores de Cabras de Raza Palmera

Breña Alta —

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A José Gregorio Armes Leal y a su mujer María del Pilar Acosta Acosta el volcán les ha cambiado la vida por completo. Su casa, su granja y su quesería se encontraban en Alcalá 10, en el municipio de El Paso. Tuvieron que dejar todo atrás, pero el esfuerzo y el amor de toda una vida es algo que el volcán por mucho que quiera no puede llevarse. Nos encontramos con ellos en el nuevo lugar donde intentan comenzar de cero, en Los Llanos. Con una casa prestada y unas pequeñas instalaciones recién construidas para sus animales en San Isidro, en Breña Alta, hablamos con esta pareja socia de la Asociación de Criadores de Cabras de Raza Palmera.  

La cabra palmera

José Gregorio lleva toda una vida ligado a la ganadería y a esta raza autóctona en peligro de extinción de la isla. Ganadero desde los 16 años, 37 años después le toca volver a comenzar con sus cabras entre cenizas y fantasmas de todo aquello que se fue con la erupción. Su padre era inmigrante, como tantos, partió a Venezuela. Al regresar se dedicó junto a él y su hermano a la ganadería y a la cría de la cabra palmera. Elaboraban sus quesos Alcalá hasta que el volcán hizo desaparecer su quesería y su cuadra. La cabra palmera siempre ha sido la raza, de pastoreo, como él nos cuenta, que mejor se ha adaptado a su cría y manejo. Siempre le gustó su rusticidad y adaptación al medio, y comenta que como estos animales nada, ya que ha probado otras razas y como la palmera para él, ninguna.

Después del volcán

Desplazados del lugar donde crecieron y pusieron en marcha un proyecto y una vida en común, José Gregorio y Pili comienzan a echar sus primeras raíces en la nueva tierra después de la catástrofe. José Gregorio nos dice que imaginemos lo que han pasado, pero sabemos que por más que lo intentemos uno no puede imaginarse semejante dolor e incertidumbre. Y en la incertidumbre, lamentablemente, viven. “Miedo, incertidumbre y ahora más incertidumbre, porque no sabemos qué es lo que vamos a hacer”. Gracias a las donaciones han podido poner en pie estas instalaciones, para que sus cabras al menos tengan techo. No saben dónde estarían sin este terreno. Pili agradece toda la ayuda y apoyo recibido, sabe que sin esa ayuda es imposible hacer nada. Ahora mismo sus cabras no producen, no pueden vender leche, no pueden elaborar queso. No tienen sala de ordeño, tampoco lugar para almacenar el grano. “¿Si no tenemos ayuda qué podemos hacer? No tenemos fuente de ingresos ahora mismo”. 

El presente sigue siendo doloroso y la certeza de que se encuentran en un momento de transición y cambio agudiza la incertidumbre. La granja en la que se encuentra, necesitará tarde o temprano una ampliación para poder llevar adelante la empresa familiar. Necesidades que vendrán y que aprieta la situación de esta familia ganadera y quesera artesana que vive en otro municipio y que todos los días se desplazan para atender a sus animales. La Asociación les dio una tarjeta de combustible para poder cubrir todos los gastos de desplazamientos relacionados con la ganadería. 

¿Qué se puede aprender del volcán? Para ellos es difícil responder con palabras al principio. Lo primero que se verbaliza es el apoyo y la ayuda de la comunidad. “Hay más gente buena de lo que pensamos”. Fueron los únicos que no pudieron sacar sus cabras de la granja. Perdieron muchos animales y los que tienen ahora no se encuentran en producción. Pili se encuentra en ERTE. El lugar donde trabajaba está afectado por el volcán y no se plantean la apertura si no se abre una carretera de Los Llanos a Las Manchas. Con un contrato por horas, su ERTE ampara a la gente afectada por el volcán hasta junio, pero a partir de este mes de nuevo la incertidumbre, no sabe qué pasará. 

Gracias a las ayudas del Ayuntamiento de El Paso, la ayuda de emergencia de la Consejería de Agricultura y Ganadería del Gobierno de Canarias y la primera parte de la ayuda del Cabildo han podido poner esta granja en pie. Pero sin sala de ordeño y cuarto de grano no podrán aumentar el número de animales. El nuevo sitio también se encuentra limitado por espacio, hecho que hay que sumarle el carácter de las cabras palmeras. Son animales que no se pueden mezclar con otros. Siguen teniendo comida de las donaciones para los animales pero no han vuelto a recibir más, no saben si seguirá esta ayuda en marcha. 

Perdieron más de la mitad de su rebaño, alrededor de 50. Entre cabras y chivitas tienen ahora 34 ejemplares de cabra palmera. Quieren aumentar el censo de su rebaño. Las que quedan están pariendo y hay que criar a los chivos. De las que pudieron rescatar muchas tienen lesiones y actualmente no producen. ¿Qué piden? “Ayuda para seguir adelante y hacer lo que necesitamos. Queremos saber si podremos seguir adelante para tomar decisiones y planificar un mañana. La vida en incertidumbre… Nuestro trabajo sigue en riesgo, tenemos una hipoteca que pagar de una casa que ya no existe. Vivíamos de estas cabras, queremos seguir viviendo y trabajando con ellas”. 

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