La emblemática Cascada de Colores de Taburiente, casi sepultada por las piedras
La Caldera de Taburiente es una espectacular catedral de la naturaleza que ha sido modelada, fundamentalmente, por el agua que brota de sus numerosas fuentes y la lluvia que corre por sus barrancos y hondonadas. Y, precisamente, este caudal está sepultando uno de sus enclaves más singulares y visitados: la Cascada de Colores.
En los últimos años, ha señalado a La Palma Ahora David del Rosario, agente de Medio Ambiente del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente y reputado fotógrafo, “las lluvias continuadas han ido arrastrando materiales aguas abajo, provocando la colmatación progresiva de la Cascada de Colores”. Explica que, “en torno a 2016, alcanzaba aproximadamente los diez metros de altura, mientras que en la actualidad apenas supera los dos”.
Indica que “se trata de un proceso muy dinámico: en función de los episodios de lluvia intensa, la Cascada puede seguir colmatándose o, por el contrario, lavarse y recuperar parte de su altura. En cualquier caso, es un fenómeno que responde al ciclo natural del propio barranco y a su dinámica geomorfológica”.
La Cascada de Colores se localiza a unos 500 metros del cruce con el Barranco del Almendro Amargo. Se formó tras una construcción que se hizo en los años 60 del pasado siglo para retener el agua. Posteriormente, en 2003, fue reconstruida por el Parque Nacional.
El recurso hídrico de este atractivo caidero procede de varios nacientes, situados a dos kilómetros aguas arriba, en la confluencia de los barrancos de Rivanceras y Limonero.
0