De guardia civil jubilado a voluntario en La Palma por el volcán: “No esperaba ninguna recompensa, solo quería ayudar”

Francisco García, guardia civil gaditano de 71 años, retirado del servicio desde 2015, decidió en noviembre de 2021 viajar a la isla de La Palma para ofrecerse como voluntario en las tareas de limpieza y reconstrucción de la zona tras la erupción.

Efe

Cádiz —

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Francisco García, un guardia civil gaditano de 71 años, retirado desde 2015, decidió en noviembre de 2021 ir a la isla La Palma para ser voluntario en las tareas de limpieza y reconstrucción de la zona tras la erupción del volcán Cumbre Vieja, que arrasó miles de hectáreas.

Curro, como lo conocen habitualmente sus amigos, no dudó en dejar Cádiz y marcharse a Los Llanos de Aridane durante dos meses para ofrecer su ayuda sin reservas a quienes más lo necesitaban en ese momento.

“No esperaba ninguna recompensa, solo quería ayudar”, repite Curro varias veces durante una entrevista con Efe, para dejar claro que nunca lo hizo con la intención de conseguir algo a cambio.

Este guardia civil de Tráfico, con 45 años de experiencia en el cuerpo, cuenta que su motivación para viajar a La Palma se dio por la “estrecha relación” que lo une con la zona y que se remonta a los años 70, cuando estuvo destinado durante 18 años en las Islas Canarias, y también por su hijo, que reside actualmente en Canarias.

“Esta tierra me tira, tengo una estrecha relación con ella y cuando vi lo que estaba pasando con el volcán, no me lo pensé y empecé a gestionarlo todo para viajar a La Palma”, explica Curro, que ha pasado más de dos meses como voluntario en Los Llanos de Aridane.

Salió de Cádiz el 6 de noviembre y no ha regresado hasta el pasado 14 de enero, pasando las navidades lejos de su familia. Sin embargo, Curro asegura que vuelve contento, sabiendo que ha hecho todo lo posible por ayudar a que la gente de La Palma recupere la normalidad cuanto antes.

“Estar allí ha sido una alegría inmensa para mí y una experiencia muy bonita”, relata este guardia civil jubilado que dejó su casa sin pensarlo, consciente de lo mucho que necesitaban en la isla toda la ayuda posible, y sin contarle a nadie de su entorno que se marchaba de voluntario hasta que no tuvo cerrado su alojamiento en la zona, un apartamento por el que pagó alrededor de 900 euros al mes.

“Estar allí me ha costado más de 2.000 euros, pero no me importa, solo quería ir y ayudar”, sentencia Curro, quien recibió todo el apoyo y cariño de su gente cuando al fin les anunció su decisión.

Se emociona al recordar sus días allí y se le quiebra la voz por teléfono cuando habla de la generosidad con la que fue tratado durante su estancia en La Palma y lo mucho que le agradecieron que se hubiera desplazado desde Cádiz para colaborar.

“Me hicieron una camiseta en la que se leía El palmero de fuera, y en varias ocasiones me invitaron a comer cuando decía que era voluntario”, relata Curro, quien reitera que nunca esperó recibir ninguna recompensa por su trabajo allí.

Durante los dos meses que pasó en Los Llanos, su trabajo consistió en participar en las tareas de retirada de cenizas de las calles de la zona, y aunque los primeros días fueron “muy duros”, supo adaptarse rápido al esfuerzo que requería su tarea.

Afirma que no faltó ni un solo día a su puesto, “menos cuando fui a visitar a mi hijo unos días”, confiesa.

Dice que su familia y compañeros del cuerpo están “muy orgullosos” por su acción altruista y ha regresado a casa muy agradecido y satisfecho por haber hecho algo “extraordinario” y haber sido parte de este momento histórico.

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