Justo Pérez Cruz: “La ecuación perfecta es subir por las escaleras y bajar por el ascensor, ahorramos energía y ganamos en salud”
Los pasados días 10 y 17 de octubre, con motivo del Astrofest 26 celebrado en el municipio de El Paso y las II Jornadas Patrimoniales de Villa de Mazo, hemos tenido la presencia en la isla del catedrático macense Justo Roberto Pérez Cruz, profesor del Departamento de Física de la Universidad de La Laguna, científico de prestigio internacional y, además, figura reconocida dentro del universo de la cultura popular, cuyo proyecto ‘La Palma Punto y Aparte’, que recientemente ha celebrado su 25.º aniversario, lleva hasta la fecha editados 17 volúmenes recogiendo la obra de diversos decimistas y verseadores de la isla, numerosas obras de recopilación, así como dos obras con las décimas de su propia cosecha.
Con motivo de esta visita, hemos tenido la oportunidad de realizarle una entrevista para que nos pusiera de manifiesto cómo se lleva a la práctica esa doble vertiente, las ciencias y las letras, llevadas al máximo nivel.
Lleva dos semanas seguidas haciendo una reflexión en el Astrofest 26 sobre el consumo energético y los hábitos que nos llevan a aumentar nuestra factura de energía en ‘Los ascensores son para bajar’ y poniendo en valor la ‘Décima como parte relevante del patrimonio cultural de la isla de La Palma’. ¿Cómo se conjuga esa doble faceta en un intervalo de tiempo tan corto?
Bueno, las ciencias y las letras no solo no están reñidas, sino que se complementan mutuamente. El alumnado que habitualmente lee literatura progresa de forma más fluida en las disciplinas de ciencias. Es más común de lo que parece que los científicos tengan a su vez afición por la literatura: mi caso no es el único, el Centro de la Cultura Popular Canaria ha estado dirigido por César Rodríguez, catedrático de Química, y la Cátedra Pedro García Cabrera la dirige Guadalberto Hernández, catedrático de Fisiología. El trabajo del matemático Francisco Javier Díaz y el fisiólogo y catedrático emérito de la ULPGC Nicolás Díaz Chico sobre la décima y la poesía popular en Fasnia es admirable. Es un buen mensaje para las nuevas generaciones que las ciencias y las letras forman en realidad un único cuerpo: el conocimiento humano.
¿Cómo es que los ascensores son para bajar? ¿No dice su propio nombre que un ascensor es para subir?
Esa frase es un eslogan que llevo tiempo utilizando con el alumnado de las asignaturas de Termodinámica y Física de la Energía y Medio Ambiente que imparto en el grado de Física, para hacerlo reflexionar sobre si realmente necesitamos toda la energía que consumimos y si hacemos un buen uso de esta. Subir escaleras es un ejercicio excelente; como deporte tiene un gasto calórico elevado, al nivel del balonmano y por encima del fútbol. Para una persona sana y sin impedimento físico es un hábito muy saludable. En cambio, bajar escaleras recarga las articulaciones y existe el peligro de dar un resbalón, principalmente cuando la vista empieza a fallar. Por tanto, la ecuación perfecta es «subir por las escaleras y bajar por el ascensor». Ahorramos energía y ganamos en salud.
¿Cree que gastamos más energía de la que necesitamos?
La Revolución Industrial y la tecnología de los motores de combustión alimentados por derivados del petróleo cambiaron completamente el mundo. Este hecho unido a los avances en comunicaciones y tecnología electrónica, hacen que nuestra vida esté completamente rodeada por electrodomésticos o dispositivos que demandan permanentemente energía. Pero, sin salirnos del entorno doméstico, ¿necesitamos agua fría o agua fresca? ¿Agua caliente o agua no fría? ¿Es preciso ir al límite de velocidad o es mejor ir un poco por debajo? ¿Es necesario tomar el coche para realizar trayectos cortos o es mejor ir andando? ¿Necesitamos reenviar todo lo que nos llega por el móvil? La lista sería larga, pero hay muchas ocasiones en las que gastamos más por hábito que por necesidad. La moraleja es que «el kilovatio más renovable es el que no se consume».
¿Es posible concienciar a los ciudadanos sobre este hecho?
Esto es una cuestión educativa. Es una labor que empieza en la casa y continúa en el colegio, el instituto o la universidad. Por ejemplo, el contenido de la conferencia de El Paso coincide en buena parte con el bloque de la energía del temario de Física y Química de la educación secundaria. Bien podría ser una situación de aprendizaje que se puede desarrollar sin problema en cualquier centro educativo de nuestra comunidad.
¿Qué proyectos tiene para el futuro inmediato?
Siempre se dirige algún trabajo o se publica algún artículo, pero mi labor más intensa en este instante está siendo la publicación de libros de texto para la docencia universitaria o de divulgación científica. He publicado cinco obras en los últimos años, dos de las cuales han sido catalogadas entre las diez mejores del momento en mi área en un cuadro de honor elaborado por la sección de ciencia del periódico La Vanguardia. Algunas de estas obras, como ‘De Kepler a Newton y viceversa’, sobre física computacional aplicada al sistema planetario, ya publicada, y ‘Física para futuras (y no tan futuras) estrellas del baloncesto’, sobre física aplicada al deporte, en fase de publicación, son libros de texto para asignaturas de grado universitario, pero se inician desde tercero o cuarto de la ESO y gradualmente, según avanzan los capítulos, van pasando por el Bachillerato, hasta llegar al segundo o tercer curso del grado universitario para el que están diseñadas. Eso permite al alumnado rellenar lagunas previas que muchas veces dificultan considerablemente su progreso en los estudios universitarios.
Más de veinticinco años promoviendo la décima y rescatando la obra de nuestros ancestros. ¿Cómo valora esta etapa del proyecto ‘La Palma Punto y Aparte’?
Ha sido algo fabuloso. El veinticinco aniversario nos ha permitido mirar hacia atrás y nos parece increíble haber recuperado obras, hasta entonces desconocidas, de la calidad de ‘Las décimas de María Nieves Clemente’, ‘Ramón Marichal’, ‘Mercedes Abreu’, ‘Melo Pérez Díaz’, ‘Abraham Rocha’, ‘Pedro Barreto’, ‘Enedina Pérez Díaz’, ‘José Antonio Clemente’ y explosiones de creatividad como las ocurridas con motivo de la erupción del volcán de San Juan de 1949 o el temporal de 1957. Además, hemos referenciado a más de un centenar de autores y recogido lo más granado de la producción poética de la isla en la ‘Selección de décimas palmeras’ o la componente musical con las partituras de las tonadas y punteos en ‘El punto cubano tradicional de la isla de La Palma’.
Y añadiendo también una parte de su cosecha.
Sí. Este año, espoleado por el hecho de ser ya abuelo y animado por mi familia, me he decidido a poner sobre la mesa las ‘Décimas de cosecha propia’ y ‘Décimas entre volcanes y pandemias’, que aglutinan mi propia producción: la primera hasta 2012 y la segunda entre 2012 y 2021. Como anécdota, en esta última se relata el hecho de que, al ver que Tajogaite era el nombre del primer caserío sepultado por el volcán —un nombre que conocía de un queso que se comercializaba en La Palma—, se me ocurrió en mis décimas ponerle este nombre. Cuando el 24 de septiembre el profesor José Fernández Arozena preguntó en su página de Facebook: «¿Cómo lo llamamos?», yo escribí que en mis décimas le había llamado Tajogaite, y al día siguiente el periódico El Día se hizo eco de este hecho. Podemos decir que en este caso la décima palmera no solo ha relatado la historia del volcán como ya había hecho en 1949 y 1971, sino que además le ha puesto nombre.
¿Cuáles son los próximos objetivos del proyecto ‘La Palma Punto y Aparte’?
Durante el 25º aniversario, nos propusimos continuar con la labor de edición, lo que conseguimos publicando la ‘Selección de décimas palmeras’ y las ‘Décimas de Retorno Indiano’ con la colaboración de los ayuntamientos de Fuencaliente y Tijarafe, respectivamente, y las ‘Décimas de cosecha propia’ y ‘Décimas entre volcanes y pandemias’, que, al igual que las ‘Décimas de Mercedes Abreu’, las ‘Décimas de José Antonio Clemente’ o ‘Las décimas al volcán de San Juan’, vieron la luz financiadas por los autores o familiares sin apoyo institucional.
Nos propusimos además que la colección completa estuviera en todas las bibliotecas municipales de la isla, un objetivo en el que el Ayuntamiento de Villa de Mazo, el único (que yo tenga noticia), ha completado la colección. Uno de catorce no es para tirar cohetes, pero tengo la certeza de que el liderazgo de Villa de Mazo será seguido en breve por el resto y, si esto no resultara, haremos un recorrido por las empresas de cada municipio hasta conseguirlo.
El siguiente objetivo era integrar la décima en el sistema educativo, proponiendo al profesorado que la incorpore a la docencia ordinaria, una cuestión que algunos centros ya hacen, pero que no está generalizada. Para ello le hemos presentado la propuesta al Cabildo de adquirir la colección completa para cada uno de los centros de secundaria de la isla y estamos a la espera de la confirmación de su aprobación.
El último objetivo era el de promocionar la décima palmera fuera de la isla. En parte lo hemos conseguido impartiendo algunas conferencias en centros educativos o atendiendo a medios de comunicación de las demás islas, pero ahora nos marcamos el reto de que la colección completa esté en las bibliotecas municipales de los ochenta y ocho municipios de Canarias y que en un futuro esté en las bibliotecas de todas las universidades. Trabajaremos para conseguirlo.
En este aspecto de difusión es muy importante la labor de los medios de comunicación y, por tanto, quiero agradecer vuestra labor en La Palma Ahora, que es un medio que siempre se hace eco de todos los pasos que vamos dando con el proyecto, la mayoría de las veces el único que lo hace.
¿Cree que las recientes innovaciones favorecen o perjudican a la ciencia y la cultura?
Los avances tecnológicos siempre nos permiten llegar más lejos y más rápido. Sin embargo, es necesario hacer un buen uso de esos avances. Para ello hay que organizar y planificar bien en qué se emplean. La irrupción de la inteligencia artificial (bien utilizada, una herramienta muy potente) debe ir compaginada con el desarrollo de la natural, fomentando la creatividad de la mente humana, siempre más poderosa que cualquier ordenador, que al fin y al cabo solo repite o relaciona lo que el ser humano ya ha creado.
En esto llevo años librando una batalla personal pidiendo a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), dependiente del Ministerio, que considere la publicación de libros de texto como un mérito, el cual en este momento, al menos en mi área, para la consecución de los incentivos o sexenios no se considera. También he pedido al Gobierno de Canarias que vuelva a incorporar la promoción general del conocimiento entre las líneas susceptibles de financiación —un grave error, en mi opinión, haberla suprimido—, porque sin los trabajos de Volta, Faraday o Maxwell, que no eran prioritarios en su época y que eran ciencia básica, hoy no tendríamos luz eléctrica ni dispositivos electrónicos. También llevo años pidiendo al Gobierno de Canarias que se recupere una convocatoria que se hizo de forma muy limitada en el año 2005 para la publicación de textos para la docencia universitaria y que se extienda al ámbito cultural y a la educación primaria y secundaria.
Debatimos mucho sobre cuál es el color de las banderas del ático, pero le prestamos muy poca atención a los cimientos del edificio. Y un edificio sin cimientos, que en este caso son la ciencia y la cultura, sencillamente se cae.
Todas las batallas que he librado en este sentido hasta el momento las he perdido, pero no renuncio a seguir trabajando para ganar la guerra, aunque sea como el Cid Campeador, después de muerto.
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