Los días pesan para los vecinos de La Palma, que conviven con un volcán ''cambiante''
Eugenia trabaja en un supermercado de Tazacorte. Es vecina del barrio de Marina Alta y durante una semana tuvo que confinarse junto a sus vecinos por el peligro de las emisiones que generó la llegada al mar de la lava del nuevo volcán de La Palma. No puede evitar llorar cada vez que habla de ese monstruo que nació el 19 de septiembre y que no desfallece. ''Los días van pesando. Ya son casi tres semanas y yo tengo miedo de que me digan que tengo que dejar mi casa. ¿A dónde voy?'', se pregunta. Ha pasado más de diez días sin poder dormir y ni siquiera la música le permite evadirse de las explosiones del volcán y del sonido que emite la colada al chocar contra el agua.
Para Cathaysa*, cada hora que pasa también es un peso más. Junto a su marido y sus dos hijos se ha visto abocada a mudarse a una casa sin luz ni agua en El Paso. Desde que se despierta se enfunda unos guantes y comienza a trabajar en la reforma, en su intento de convertir lo antes posible esas cuatro paredes en un hogar en el que vivir con tranquilidad. Quedan muchas semanas por delante, pero no se permite decaer ni un instante.