Cine para concienciar: los peligros de la política de externalización de fronteras se muestran a cielo abierto en Senegal

Jóvenes visualizan el documental de la BBC sobre la masacre de Melilla. Alicia Justo

Alicia Justo

Dakar —

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“Yo he sido víctima de Frontex, yo he sido víctima del tráfico de personas y de las rutas clandestinas de la migración”, confiesa Ebrima, un joven gambiano que cuenta que fue interceptado siendo menor de edad por Frontex en el Mediterráneo, entregado por este cuerpo a los guardacostas libios, encarcelado, torturado y de donde pudo escapar para viajar en un bote en 2014 con destino a Italia. Ahora, como activista, busca concienciar sobre los peligros que sufren las personas en movimiento en el continente africano como consecuencia de la política migratoria europea. Sus palabras han resonado fuerte en un evento anual que organiza la ONG senegalesa Boza Fii, una de las pocas que pone el foco en la política de externalización de fronteras y, concretamente, en Frontex y cuyo programa ha incluido dos veladas de cine al aire libre para sensibilizar a la población.

Activistas de Senegal, Mauritania, Marruecos, Gambia, Camerún y Togo compartieron durante 72 horas con la población local sus experiencias con el fin de “deconstruir” el relato de la Unión Europea (UE) sobre la migración. “Para nosotros, cuando se produce una pérdida de una vida, ese no es el problema en sí. Es difícil, pero no es el problema. Para nosotros, el problema son las decisiones que hacen que la gente pierda a sus hijos. Son esas decisiones contra las que hay que luchar”, matiza el director de la asociación organizadora, Saliou Diouf. Por ello, defiende que el trabajo del colectivo va más allá de sensibilizar a través de las redes sociales o de las intervenciones en los medios de comunicación: “Buscamos abordar esta cuestión de la manera más amplia posible e intercambiar con la población en este tipo de eventos”, detalla.

Este año, la acción denominada Push back Frontex (devolución en caliente a Frontex, en inglés), ha tenido lugar en Sokone, una localidad del delta de Sine Saloum, donde muchos quieren irse y todos tienen a un familiar o un amigo en Europa. “Nosotros, desde la asociación, no podemos decirle a la gente que se vaya o se quede. Lo que nos preocupa es el acceso al derecho de moverse, que debe ser respetado”, recalca Diouf. Para lograr su objetivo, han celebrado un concierto y proyectado dos piezas audiovisuales con un debate posterior en el que se encontraban una mezcla de migrantes retornados, personas que buscaban llegar a Europa y no lo consiguieron y vecinos, entre quienes algunos desean partir.

El aire de la noche refresca, y en el cruce de cuatro calles, bordeados de árboles de mangos- es la temporada y se nota en la calle, donde esta fruta es la protagonista de los puestos callejeros- se levanta una pantalla donde se proyecta esa noche el documental de investigación de la BBC sobre los hechos ocurridos en 2022 en Melilla. Decenas de vecinos observan aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo, en las que cientos de cuerpos de personas negras yacían en la frontera entre España y Marruecos. La noche anterior, los vecinos de esta localidad, donde los pies se sumergen en la fina arena, pudieron disfrutar de la película italiana Yo Capitán, que muestra la ruta por desierto o el mercado de migrantes en Libia: “Esto es lo que ocurre verdaderamente. Yo lo he podido presenciar”, comentaron inmediatamente tras la finalización algunos asistentes que han pasado por el duro trayecto migratorio por el continente africano. 

Sus actividades de concienciación van dando sus frutos. Dos vecinos presentes tomaron la palabra para mostrar su rechazo a la política migratoria europea: “No sabía que Frontex podría estar implicada en algunas muertes en el mar”, comentó uno de ellos, mientras que el otro, hizo un llamamiento a los gobiernos africanos para proteger a sus ciudadanos: “Llevar las fronteras hacia nuestros territorios implica que la gente tome más riesgos para poder llegar”. Sin embargo, el deseo de migrar planea por muchos rincones del país, sobre todo entre los jóvenes. Durante la proyección del documental varios adolescentes, aunque sorprendidos por la dureza de las imágenes, mantenían su deseo de migrar intacto, pero con matices: “Queremos ir a España para poder ganar algo de dinero y ayudar a mamá y papá. Mañana mismo, si puede ser”, corearon casi al unísono cuatro jóvenes de 18 y 15 años. Aunque tienen claro que quieren hacerlo por avión ya que conocen los riesgos de hacerlo por el mar. Además, esta noche han presenciado el impacto de la política migratoria europea en la vida de las personas y no les gustaría pasar por lo mismo: “Eso que han hecho las autoridades no está nada bien”, apuntan.

El sufrimiento de los migrantes del continente africano que buscan llegar a Europa no se produce solo en la frontera última con el continente europeo. Empieza mucho antes. En las rutas clandestinas entre Níger, Argelia y Libia. En un centro de detención de este último país, Ebrima confiesa que sufrió “todo tipo de inhumanidades”, de donde pudo finalmente escapar, ya que su familia, muy humilde, no podía pagar su rescate, para el cual, según apunta, pueden pedir 700€ u 800€. Pero el sufrimiento continúa a día de hoy con otros migrantes: “Esta misma mañana, me llamó una persona de Senegal y me dijo que habían detenido a su hijo, que su familia no tiene dinero para pagar el rescate y que le estaban golpeando”, asegura. Diouf, señala también a Marruecos, Túnez y Mauritania, como los otros países de tránsito donde los migrantes sufren violencia y represión: “Cada vez que la UE inyecta su dinero en estos países, esto deriva en problemas”, subraya. Él también sabe de lo que habla, puesto que emigró en 2014 a Marruecos, desde donde intentó partir muchas veces hacia España sin lograr su objetivo, para regresar en 2019 a Senegal.

Por ello, este grupo de activistas considera necesario este tipo de eventos. Fatma (nombre ficticio) también ha sufrido en su cuerpo las consecuencias de migrar. Ha pasado los últimos años entre Marruecos y Mauritania y, por su trabajo como activista en la organización Alarm Phone, ha presenciado de primera mano el dolor que causa la política migratoria acordada a miles de kilómetros de distancia. “Ellos dicen que van a salvar a la gente en el mar, pero la realidad es que ellos vienen para impedir a los migrantes viajar”, cuestiona. Para Diouf, la independencia de su lucha se debe a la financiación privada de la asociación, puesto que sus fondos proceden de la militancia. “Hemos tenido esta oportunidad, pero también somos víctimas porque hemos sufrido todas esas represiones y violencias durante muchos años y no queremos que nuestros hermanos vivan las mismas cosas”, concluye.

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