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Las cartas republicanas del éxodo,

Teo Mesa / Teo Mesa

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Acaban de velarse, a la luz pública, siete mil cartas de los exiliados republicanos españoles, en México. Son siete mil documentos manuscritos, llenos de angustia, de esperanza y de gritos, escritos sobre el papel de carta. Son siete mil clamores, en solicitud de acogida, al noble Gobierno mejicano. Forman parte de los miles de latidos; de millares de lamentos de latentes corazones. Suplican una oportunidad para seguir viviendo, con dignidad y principios humanos. Fueron enviadas en la desesperación, a la legación de México en Lisboa y París, desde 1939.

Estas cartas, representan a una parte de la tragedia de un pueblo herido, en su dolor más profundo, como seres humanos, que tuvieron que huir de su tierra amada, de sus familias y sus culturas. Debían salvar su integridad física, de las fauces del integrismo fascista. Tenían preservar también, su dignidad de librepensamiento, huyendo a México, y a otras tierras suramericanas. Antes de que cayeran en las garras de tanto adoctrinado en fanatismos desalmados, por desenfrenados frenéticos, de la represión y la venganza alienada.

Méjico, por mor del honorable humanitarismo, y comprensible presidente de la República, Lázaro Cárdenas (y del sucesor Manuel Ávila Camacho), dio libertad de acción a su embajador en Lisboa. Bajo decidida y brava actuación de éste, Gilberto Bosque, hombre conscientemente compasivo. Tomaron la tragedia de los republicanos españoles ?antes y después de acabar la incivil guerra española?, como asunto de Estado.

Las graves persecuciones vejatorias, desafueros y asesinatos de lesa humanidad, desde el comienzo del golpe es Estado, en 1936, a que fueron hostigados y perseguidos, con brutales actuaciones de incalculable magnitud, por su militancia política, de los republicanos de cualquier partido. Conocidas éstas, por México. En amparo humanitario de los solicitantes de asilo, llegaron a la legación más de siete mil cartas, que atendieron samaritanamente en dicha República mejicana.

Los vetustos e inéditos documentos, con más de siete décadas archivados, han sido facilitados por la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana. La vejez de estos papeles, remozan historias humanas, llenas de dolencias, inculpabilidades exigidas, cargos de conciencias y la desazón ante unas vidas inciertas. Era el desespero ante un porvenir plagado de incógnitas, si lo vivirían o se quedarían en frustrados intentos, por la insania sinrazón de unos hombres de corazón de hojalata, descorazonados, que no sentían el mínimo respeto al libre pensamiento, ni a las vidas ajenas. Hombres vacíos, que con un arma en la mano, son un seguro de muerte y terror.

A los veinte mil españoles republicanos, exiliados y acogidos como seres humanos, por la República de México, el regreso a España les suponía un revanchismo, por pensar y profesar una política distintamente. La sinrazón, que se arrogaron los falangistas y fascistas, las clases ricas y la Iglesia, como premisa de una moral única y divina. Aderezado con el forofo pensamiento adoctrinado, les esperaba un trágico regreso: purgas ideológicas y profesionales, represiones vejatorias, cárceles de 20 a 30 años; y cuando no, el paredón.

No obstante, de los 450.000 republicanos huidos a Francia, por pánico a la venganza, por los ganadores de la contienda ?hacinados, maltratados y hambrientos, en gélidos campos de concentración?, regresaron a su tierra española, más de la mitad de los evadidos.

El gran adalid de humanitarismo, compasión y protección de los exiliados republicanos, tuvo un nombre: el Embajador, Gilberto Bosque, quien se la jugó ante las autoridades militares. Protegió a todos los solicitantes; unificó familias y puso en jaque su profesión de Diplomático, en sus esquivas jurídicas y artimañas de todo tipo. Tanto, que se enfrentó a los represores, militares, etc., y sería amonestado por la propia Secretaría de Relaciones Exteriores de su país. Poco le importó, para alcanzar su objetivo benefactor de salvar vidas y entregarles una existencia digna, a los que habían luchado por un sistema de convivencia más justo.

México, les brindó una nueva vida. Trabajo, pan, hogar y respeto a su discrepancia política. Si bien, el duro revivir en otro territorio y otras culturas, nunca les fue fácil. Pero, con una esperanza merecedora de vivirla, sin odios, represalias, ni manchas en su decencia, por pertenecer a la militancia política de libre elección. Vendettas a que estarían sometidos, si regresaban a España, por parte de los vencedores de la sedición, contra el Gobierno legítimamente constituido y refrendado por las urnas, de la II República, de 1932.

Además de México, también se refugiaron en Argentina y Venezuela, gran número de republicanos, que no quisieron aceptar el gobierno dictatorial franquista, y sus funestas revanchas. De todo hubo en el exilio Mexicano, en cuanto a las personas preparadas, intelectuales brillantes, historiadores de prestigio, políticos de clase, profesionales cualitativos, etc. Con sus talentos, profesiones, y otros dones que portaron y supieron engrandecer la cultura y progreso de aquellos países de acogida.

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