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Tristemente Venezuela

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Qué escribir de Venezuela si no escribimos lágrimas. Las apelaciones al derecho, nacional e internacional, las llamadas a la cordura, las huidas del espanto, la sensatez como proclama. Nada ha servido para evitar otra catástrofe contra la democracia. No hace falta decir que ella ya no estaba en Maduro y su régimen, estaba en la esperanza de algo distinto que tampoco pasaba necesariamente por una oposición desorganizada y desleal que esperaba su turno. Lo esperaba y lo espera, porque parece que no se lo van a dar.

Hay países condenados a repetirse en sus desgracias. Venezuela parece ser uno de ellos. Venezuela acogió a canarios y gallegos, fundamentalmente, en épocas desastrosas para este país y de mucha bonanza para ellos. No era fácil entrar en él como indigente y hambriento, como ahora entran los desesperados africanos en el nuestro, hay muchos testimonios que relatan la crudeza. Pero el trabajo se abrió paso incluso a algunas riquezas. También se cuenta. Eran tiempos de poder venezolano en Miami, antes de los éxodos cubanos.

Muy de niño escuchaba historias de Venezuela, siempre de gloria y riqueza. Una cadena de zapaterías, unos bares prósperos, los dólares campando por todas partes, decenas de canales de televisión, y aquí esperando tener un receptor catódico. Por eso Venezuela es un país difícil de conocer y de visitar, repleto de contradicciones en su historia y en su presente. Parece que nunca haya tregua para la prosperidad y el sosiego.

Charlo de todo esto, y más, con personas con las que estuve en su día en Caracas, Maracaibo, y otros lugares. Nada más que decir. Una petición unánime: quiten sus garras imperialistas porque hay un pueblo que sufre más allá de las desgracias de unas políticas infaustas. Vano grito.

Se repetirá el saqueo, ya ha empezado, se usurpará, ya lo estaba, la soberanía al pueblo. Se banalizarán los análisis con el maniqueísmo habitual de lo malos que fueron unos y de lo buenos que pueden ser otros.

Solo queda una respuesta, la que se puede ofrecer desde la libertad y la alegría, ¿quién ostenta ambas en la Venezuela actual?

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