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Simpáticas turbulencias

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A mi Hijo Guillermo, casi nacido en un avión como todo aquel que nace en Canarias, le hacían mucha gracia las turbulencias. De pequeño, claro. Pensaba que era una especie de atracción de feria con la que la compañía aérea nos deleitaba para amenizar el vuelo. Feliz infancia. Yo lo contemplaba con sonrisa forzada mientras él saltaba al ritmo de los vientos del avión. Bendita infancia, desde luego, que todavía no tiene aprendido el pánico y el peligro, o no lo asocia a cosas tan comunes como un viaje en avión.

Casi tan felices como mi Hijo hemos sido los demócratas con respecto a los loquinarios que quieren cargarse la democracia. Les hemos consentido participar en el juego, incluso se lo pagamos. Les hemos dejado insultar y vilipendiar a costa de la libertad de expresión, se lo seguimos dejando hacer a diario. “Te has puesto muy transcendente” me dice Guiomar mientras la recojo en el Paseo de Pintor Rosales de Madrid, donde vivía hace mucho la primera Guiomar. Todos los poetas tenemos una Guiomar en nuestras vidas, pero ocurre que nunca te das cuenta de cuando aparece, me digo a mí mismo. Todos los seres humanos tendemos a la generosidad y al respeto al otro, casi todos, en fin.

En esta época de carnestoltes y demás pamplinas -excluyo de ellas el cocido gallego, las filloas y los calçots, sobre todo si son de Valls- no es recomendable reflexionar en serio ante casi nada. Quien a estas alturas no tenga claros los peligros no precisa atarse ningún cinturón. La suerte debería estar echada al monte, por supuesto. Pensar que hasta junio vamos a estar así, con programas televisivos prelectorales, de campaña, del día de reflexión, del día de votación, del primer sondeo hecho casi a vuela pluma, de los resultados definitivos y de las valoraciones… El oprobio no está en todo eso, todo lo contrario: está en el que se le ha ocurrido este ritmo y la razón que lo sustenta que no es otra que repetir hasta el hartazgo para aburrir hasta el desprecio. Los mismos que lo hacen con el miedo, ahora toca el miedo al tren, lo hacen con las elecciones fuera de lugar o casi. siempre están ellos para acudir a salvar a las mesnadas, así considerada por ellos la población en general.

Simpáticas turbulencias, sí, pero las de la infancia no las del ahora envilecido por el fascismo y la intolerancia. Hay una esperanza, dicen algunas, y es que el voto demócrata es más fuerte y más extendido. Si se despierta, digo yo. Ojalá lo haga.

 

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