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Espacio de opinión de Canarias Ahora

Todología todos los días

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Si el canal de la información, los canales, se satura, todo es ruido. No debería decirse más si no fuera porque se dice mucho. Pase lo que sea, las personas expertas abundan. Generalistas de catástrofes, conocedoras de la gestión ferroviaria, en vías, traviesas y balasto. Me gustaría saber por qué en Canarias todavía no hay trenes a estas alturas del siglo XXI: nadie se lo pregunta. También, las razones del retraso de todos los retrasos de todas las infraestructuras cuando se trata de Galiza. Y no decimos nada de Extremadura porque no se la convoca.

Millones de lágrimas estos días. Tantas, que hasta se consienten tonterías y segundos de gloria para testimonios imposibles en programas informativos especiales que nunca deberían haber sido: cuánta miseria periodística, por llamarla de alguna manera, desde las pobres niñas de Alcasser, y seguimos en ella aumentada con redes sociales y demás pamplinas.

Cada accidente es una repetición de la vida, y de la muerte, porque como cualquier silogismo simple demuestra, el ser humano es mortal.

Cada accidente repercute en el anterior, aunque el contexto y el concepto sean diferentes.

Cada tragedia remite al pasado, al menos hasta la Grecia clásica.

Así me lo dice siempre Nausica, aventando odios eternos a la vera de cualquier río. Nos contemplamos y le pregunto tantas cosas de imposible respuesta. “Quizás un verso” me dice. “Ahora no”, le respondo “porque todo suena cursi y absoluto”. O con esas pretensiones. Por eso siempre aparece alguien con una cita: “En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografía era apto solo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo”. (Robert Capa, Ligeramente desenfocado, 1947).

Es decir, corrobora Valmy desde un teléfono de París con las barricadas puestas, que la cosa esta de la búsqueda del morbo por el morbo viene de lejos. La respuesta es sí, ¿seguro? La respuesta siempre depende de quién formule la pregunta. Por ejemplo, ¿dónde estaba usted la noche del martes? Cuando te la formulan, no sabes que a esa misma hora y circunstancia estaba asesinando un triángulo escaleno a un cobrador: Rafael Alberti lo escribió y José María Valverde me lo contó. Pasan tantas cosas.

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