Uno de los nuestros
Es en su obra Lord Jim donde Conrad, maestro de maestros, saca a pasear esta frase, “Él era uno de los nuestros”. Más que un biotipo, un arquetipo. Se refería a alguien que pertenecía a una comunidad moral, a una identidad propia y compartida. Nada que ver con la mafia ni con bandidos. Aquí se hablaba de grandeza y Lord Jim era un grande. Los nuestros son los grandes.
Nos cohesionan unas reglas que cuando son imparciales y operan para todos las impone el estado y a veces las impone la tribu. Entonces se trata de reglas que no son para todos sino para un grupo social, ya sea étnico o ya sea social. En este caso cabe el favoritismo o una lealtad interesada.
Si miramos a un partido político, uno de los nuestros es uno que presta su apoyo a otro para seguir posicionado en la ejecutiva o en la agrupación local. Por eso no se habla siempre de tribu sino también a veces de familias. Ya no encaja como uno de los nuestros un militante de base ni un votante fiel. Si es de los nuestros es porque es de mi familia política y me apoya.
Miren a Coalición Canaria en Gran Canaria y miren a la Autoridad Portuaria de Las Palmas y entenderán sin esfuerzo cómo funciona esa condición de ser uno de los nuestros. Antaño se decían enchufados, hogaño es alguien que se lo merece, es su único mérito, por ser uno de los nuestros.
En el Partido Socialista tampoco queda un bloque ni un cascote de aquel edificio que Fernando de los Ríos en 1921 vio de pie y nos contaba en Viaje a la Rusia Soviética, donde decía que había llegado a la conclusión por la vía de la ética que el socialismo era un imperativo moral que arranca de la entraña del hombre.
En el partido popular ya hace años que figuraba el slogan, pero se tomaron más al pie de la letra lo de la familia, aquí uno llegó y nombró al hermano.
Ese sentido de la tribu para identificar a los nuestros sugiere una representación orgánica, los obreros representan a los obreros y los profesionales a los profesionales. El hombre es una especie rara. Elige de líder de la manada a uno que no resulta ser el más capaz. Elige para cruzar el río infestado de cocodrilos a un tonto. Eso no lo hacen los demás animales. No sé si será por entender que el líder es uno de los nuestros. Pero algo cambió no hace mucho tiempo porque hay un invento de nuestro Tribunal Supremo para condenar al fiscal general, y ahora vale como variante para ser unos de los nuestros serlo también de su entorno.
Pues sí, un fantasma recorre España y es pensar que se ha entendido el problema sin haberlo entendido todo y sin explorar los rincones oscuros. Lo que supone y viene a ser un ejercicio de mínima autodisciplina intelectual.
Eso de apoyarse entre sí y elegir a los nuestros sugiere el humor, porque esos que son de los nuestros terminan como aquel protagonista que en su tiempo libre daba clases de física cuántica, seminarios de quiromancia, enseñaba turco y chino y cualquier otra cosa, decía con tal de no trabajar. Un amigo le decía que jamás vio a alguien que tan bien comido y tan bien bebido aguantara tanto sin trabajar.
Para muchos, Felipe González fue siempre uno de los nuestros. Hasta que dejó de serlo. Para muchos Aznar nunca fue uno de los nuestros y por ello nunca sufrió el expediente de dejar de serlo.
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