BUENAVISTA DEL NORTE, DONDE TENERIFE COMIENZA / 1
Buenavista, la cuna guanche de Tenerife

Tagoror de Teno Alto, ubicado en un  lugar privilegiado y estratégico del altiplano, con el Teide al fondo del escenario natural

Luis Socorro

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“La historia la hace el pueblo y es de todos”. Con esta frase de Salvador Allende comienza Orígenes de Buenavista del Norte, un libro de 1999 editado por el ayuntamiento de un pueblo ubicado en el último confín de Tenerife, en su extremo noroeste, en la falda del imponente macizo de Teno, el lugar más antiguo de la Isla junto a la península de Anaga. Su nombre delata la belleza de su territorio. A su edad geológica hay que añadir que atesora la datación más añeja de la cultura guanche de Tenerife, entre los siglos II y III de la era común. Con esta primera entrega, iniciamos un reportaje de tres capítulos que se publicarán en sábados sucesivos y nos conducirá por su agreste geografía, desde el barranco de Masca al altiplano de Teno Alto, pasando por el camino indígena de la costa y culminará con la ruta de la cultura de muerte.

Buenavista no es un lugar de paso. Es el fin de un camino, de los 71 kilómetros que separan la capital tinerfeña de un pueblito cuyo casco histórico está declarado BIC. La mayoría de los turistas que recorren el norte insular no pasan de Garachico, un pueblo con mucha historia y uno de los más hermosos del Archipiélago. Por eso, los viajeros que llegamos a Buenavista lo hacemos porque se trata  de nuestro destino. Incluso así, miles de turistas que llegan al municipio ni siquiera se asoman al pueblo. ¿Por qué? Porque acuden a Masca, una aldea remota a la que la mayor parte de sus visitantes llega por el sur.

Después del Teide y del parque temático Loro Parque, “Masca es el tercer lugar más visitado de la Isla”, afirma el concejal de Patrimonio Cultural y Medio Ambiente de Buenavista del Norte. Esteban Lorenzo está muy preocupado por este asunto. “La capacidad de carga está más que superada. Tenemos que implantar un sistema de lanzadera para evitar la aglomeración de automóviles”. Pero el ayuntamiento no tiene capacidad suficiente para ello. Con  una población de 4.800 habitantes, el presupuesto está por debajo de los seis millones de euros, uno de los más bajos de los 31 municipios tinerfeños; por ello, necesita ayuda supramunicipal para encarar este problema de masificación. A 600 metros de altura y a 17 kilómetros de Buenavista, Masca es un caserío de cien habitantes, encajonado en una malla de barrancos en el parque rural de Teno.

Hacia Masca nos dirigimos el primer día de estancia en el municipio. A finales del siglo XX estuvimos en esta aldea; y como ocurre con la mayoría de los turistas, accedimos por Santiago del Teide, en el oeste de Tenerife. En esta ocasión, en cambio, llegamos por el norte, desde el casco urbano de Buenavista, en la denominada Isla Baja, una plataforma originada por sucesivas coladas volcánicas. Nada más salir del pueblo, empezamos a escalar la TF 436, la carretera que atraviesa el Parque Rural de Teno. Tras dejar atrás el valle de El Palmar, llegamos al mirador de Baracán, en la vertiente oeste. En primer plano, un cruce de barrancos con diminutos caseríos en el fondo y con las laderas cuarteadas por bancales abandonados. Uno de ellos es Los Carrizales. Esteban Lorenzo procede de ahí, y como la mayoría de sus moradores, es rubio de ojos claros. No sabe por qué, “pero en el caserío son mayoría los rubios”. De frente, al otro lado del océano, La Gomera.

La degollada de Yeje

La siguiente parada es el mirador de Hilda, orientado al sur. Desde aquí, se divisa perfectamente Masca y todo su entorno. También un farallón rocoso al que nos dirigimos caminando. Es un sendero de dificultad baja hasta llegar a un angosto paso que nos conducirá al lugar al que nos dirigimos: la Degollada de Yeje. Aquí sí tenemos que estar alerta ante el inquietante acantilado que tenemos a menos de un metro. Hay que tener paciencia, pero al final encontramos lo que veníamos buscando, un soliforme grabado en la roca: la famosa quesera de Masca. 

Este yacimiento está vinculado a la cosmovisión aborigen, pero no hay ninguna prueba contundente, al menos hasta ahora, para calificarlo como un enclave arqueoastronómico. De lo que no hay duda es de su especial emplazamiento. Vas caminando por la cresta del promontorio y justo al llegar al grabado, junto a un conjunto de cazoletas, se atisba, al fondo, la cima del Teide. Es un grabado circular muy pequeño. En la foto tenemos de referencia un bolígrafo. Coloquialmente se denomina la quesera de Masca porque sus radios asemejan a la base de las queseras.

El catedrático y Premio Canarias Antonio Tejera Gaspar afirma en su libro Guanches: “De los yacimientos rupestres astrales conocidos en Tenerife (…), el de Yeje es el más relevante”. Tejera destaca su vinculación con “los tres recipientes excavados en la roca que se hallan asociados a la representación astral allí documentada”. Es indudable su significado astral y hay consenso que los conjuntos de cazoletas, en todas las islas, están vinculados a ritos cultuales, posiblemente para pedir agua u otras consideraciones relacionadas con la fertilidad. Como marcador del tiempo, como señala el matemático e historiador José Barrio, único autor de una tesis doctoral sobre arqueoastronomía de Canarias, no hay ni siquiera indicios. En cualquier caso, es un enclave arqueológico interesante.

De especial relevancia por la información que ha suministrado y por la que seguirá aportando es el yacimiento de Las Estacas, en la costa. Es una cueva de habitación y hay una segunda más pequeña –Las Estacas 2- en la que aparecieron restos humanos. Su estética no es nada singular y está lejos de la espectacularidad de yacimientos de Gran Canaria y de otros de Fuerteventura, La Palma o Lanzarote. Sin embargo, tiene una estratigrafía “que ilustra que estuvo habitada desde el inicio del periodo indígena y también durante las centurias previas a la Conquista”, según ha informado a Canarias Ahora-elDiario.es el doctor Cristo Hernández, codirector de las últimas campañas realizadas junto a la doctora Carolina Mallol. Ambos son profesores de la ULL.

¿Esta información implica que estuviera habitado el yacimiento durante los aproximadamente 1.300 años del poblamiento indígena? “No se ha podido probar aun”, señala el investigador. De lo que no hay duda es de su potencial arqueológico sobresaliente. Hay un dato que aun lo hace más importante: es la cuna de la cultura guanche en Tenerife. Con los nuevos sistemas de datación, a los que se aplican protocolos de higiene cronométrica, el vestigio arqueológico más antiguo es un hueso ovino caprino excavado en la cueva Las Estacas 1. “Da una edad entre el siglo segundo y el tercero”. El equipo de investigación presentará próximamente, en una revista científica, el estudio completo de las dataciones.

La investigación en Las Estacas continuará este año con una nueva campaña de aproximadamente un mes de trabajo, pendiente de fecha. “Excavaremos en extensión una superficie amplia y continuaremos con uno de los sondeos” realizado en otra intervención. El yacimiento ha aportado cerámica, registros de fauna terrestre y marina y material lítico, obsidiana procedente de los talleres de la cara norte del Teide y rocas de grano grueso recolectadas en el entorno.

Altiplano de Teno Alto

Aunque son menos los automovilistas que en Masca, en Teno Alto aparentemente son más los senderistas. La red de senderos en este paraje del parque rural es notable. Se cruzan los caminos; algunos suben desde la costa, otros unen el valle de El Palmar con Los Bailaderos, el caserío principal de Teno Alto, otros van directamente a la punta de Teno descendiendo por un barranco y otros sencillamente recorren la vasta extensión del altiplano que sorprende al visitante al llegar a Los Bailaderos, a 770 metros sobre el nivel del mar. Eso fue lo que nos sucedió en la tercera jornada en Buenavista, el pasado domingo 12 de marzo.

En Teno Alto se vive principalmente de la ganadería. Son mayoría las cabras pero también hay ovejas y alguna vaca. Los quesos de la comarca son muy apreciados en la Isla y en concursos internacionales; ahora sabemos por qué. Esta área del parque rural no es abrupta como el resto del macizo de Teno. Se trata de un altiplano irregular, forrado de vegetación por el que pastan las cabras, generalmente está azotado por el viento. Para protegerse del alisio, los pastores construyeron unos refugios semicirculares de piedra denominados tagoras. Su origen podría ser guanche, como lo es el vocablo tagora, según los lingüistas consultados.

De lo que no hay duda sobre su factura aborigen es el tagoror de Teno. Está en un emplazamiento privilegiado, al borde de uno de los acantilados del macizo y con vistas directas al Teide, como vemos en la imagen de portada de este reportaje. Este tagoror es uno de los más hermosos de Canarias y está en muy bien conservado. Estos recintos circulares eran el lugar de reunión de los líderes de las comunidades de los primeros pobladores del Archipiélago.

Otro lugar muy curioso y que jamás imaginas que encontrarás cuando caminas por el altiplano de Teno Alto es el denominado Paisaje Lunar. Es un lugar extraño, tremendamente seco. Yermo. Es un pequeño paraíso para los geólogos y, sin duda, pone de relieve que el macizo de Teno fue de las primeros lugares que surgieron del fondo del mar cuando se formó la isla de Tenerife. De ahí, la marca turística que presentó el ayuntamiento en abril del año pasado, con el eslogan Buenavista del Norte, donde Tenerife comienza.

Los senderos del altiplano nos muestran otros elementos de su patrimonio etnográfico, las eras. Hay decenas; están perimetradas por muros de piedras de unos dos metros de altura, con una zona abierta denominada aventadero para canalizar el aire. Durante la trilla, sobre un suelo perfectamente empedrado, el aventadero se tapaba con una lona; al concluir la tarea, se quitaba y el viento se encargaba de separar la paja del cereal. Aquí se cultivaba trigo, avena, cebada, centeno y lentejas. En su época de esplendor, Teno Alto estuvo habitado por 400 personas, ahora, apenas hay 65 vecinos.

Teno Alto todavía guarda en su memoria un pasaje de su valioso patrimonio etnográfico, propio de la Canarias profunda: los ataúdes comunitarios. Esta práctica estuvo presente hasta los años 70 del pasado siglo en varias islas, incluida La Graciosa. Pero esto lo contaremos en el último capítulo de esta trilogía sobre el municipio de Buenavista: La cultura de la muerte.

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