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Por una cabeza

Por una cabeza. Leandro Betancor

Los ángeles sin cabeza del cementerio de Abney Park en StokeNewington, al norte de Londres, conforman, a vista de pájaro, una suerte de constelación zodiacal. 

El misterio de su decapitación nunca ha sido revelado pero sí es conocido. También el orden en el que fueron rodando esas cabezas a lo largo de los últimos 135 años. Al parecer, cada vez que uno de esos ángeles de piedra amanecía sin cabeza, en algún punto de la ciudad caía muerto un familiar del inquilino de la tumba custodiada por esos ángeles. 

Sólo guardaban el secreto de aquella extraña relación dos de los cinco cuidadores del camposanto, los más veteranos, y ese misterio iba a ser revelado justo en el día en el que ambos amanecieron decapitados en la entrada del panteón de los Condes de Rutland y sosteniendo cada uno sobre sus hombros la cabeza del otro, en un macabro juego que bien podría definirse con tres expresiones latinas: alter ego, post morten, per cápita

La nota encontrada entre ambos no despejaba ninguna incógnita y el misterio todavía estaba por resolver. Pero algo hizo pensar al inspector de Scotland Yard encargado del caso que aquello, lejos de terminar, recién empezaba.

La nota decía “Scálibur ganador carrera 6, otra vez, por una cabeza. Te lo dije”.

Y así fue como, al poco tiempo de aquellas últimas dos muertes, se descubrió la trama de apuestas hípicas ilegales más antigua y lucrativa de toda Inglaterra, al tiempo que su ejército recuperaba las Malvinas que Argentina perdió... por una cabeza. 

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