El colegio público canario que rompe barreras y donde todo el alumnado aprenderá lengua de signos

Aula insonorizada en el CEIP Ernesto Castro Fariña.

Hay centros públicos de Canarias que pelean hasta el último céntimo para contar con recursos que les permitan ser más inclusivos. El CEIP Ernesto Castro Fariña, en Tacoronte, en la isla de Tenerife, es ejemplo de ello. Lleva varios años siendo uno de los centros preferentes de Canarias para personas con discapacidad auditiva, pero es el primero en contar con cuatro aulas totalmente insonorizadas. ¿Por qué es importante avanzar en este acondicionamiento de las clases? Al insonorizar los espacios, incorporando a su vez dispositivos informáticos superiores a la Frecuencia Modulada (FM), permite enviar al alumnado sordo que utiliza audífonos una señal vía Bluetooth con la información del profesor. Con esta tecnología, explica el director del colegio, José Juan Cruz, la calidad del sonido mejora mucho. 

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La idea, explica el director, es ir acondicionando todo el centro, lo que significa la insonorización de diferentes espacios como el comedor, el aula de música o algunas clases sobre todo donde hay alumnos con problemas auditivos. “Solo tenemos cinco alumnos sordos y el próximo curso tendremos un sexto, pero nos parecía importantísimo que les llegara la información de la mejor manera posible”, destaca. A ello, se le añade que el próximo año el centro comenzará un proyecto novedoso en Canarias que es la enseñanza bilingüe en lengua de signos. La idea es que todo el colegio pueda comunicarse en esta lengua, independientemente de que se trate de alumnado sordo o no. 

José Juan Cruz señala que se incorporará dentro de la asignatura de Lengua y que el objetivo es que después de cursar los seis años de Primaria, el alumnado salga con un nivel C1 en lengua de signos. Además, los niños sordos que sólo puedan signar y no disponer de un audífono o implante tendrán en el aula dos profesores, uno de ellos dando la clase en lengua de signos; de esa manera, la enseñanza bilingüe será a tiempo completo y en aquellas clases donde no haya niños signantes se le enseñará al menos una hora a la semana lengua de signos. El director recalca que se trata de una apuesta de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y que siempre han contado con el apoyo de la Dirección General de Ordenación, Innovación y Calidad. 

El hecho de que el alumnado haya tenido que llevar durante todo este curso mascarilla y que tenga que volver a llevarla el próximo ha acelerado el proceso en el que venían trabajando equipos anteriores. “Las mascarillas transparentes apenas tienen una duración de 20 minutos, luego se empañan”, asegura. Por ello, remarca que en todo el colegio hay buena predisposición. “El alumnado está contentísimo porque nos podremos comunicar con nuestros iguales” y hay que tener en cuenta que en el centro no solo hay alumnos sordos, también profesores y familiares. “A mí ya me parecía casi obligado unificar algún criterio con respecto a la comunicación y más ahora con esta historia de las mascarillas, que ha sido un atraso para el alumnado que no puede leer los labios”, apunta. 

José Juan Cruz indica que las asociaciones de personas sordas como Funcasor o Fasican están muy pendientes de ese trabajo que se va a realizar el próximo curso y añade que se va a complementar con formación a las familias, ya que hay mucho interés por aprender. Además, recuerda que como centro preferente para personas con discapacidad auditiva da respuesta a toda la heterogeneidad que existe entre las personas sordas: personas signantes, que tengan audífono o implantes, personas con dificultades de hipoacusia… Señala que en Educación Secundaria está la figura del intérprete, pero en Primaria disponen de la del especialista en lengua de signos, que no interpretan o traducen sino que son profesionales que enseñan a personas sordas. 

El objetivo del centro no es solo especializarse en alumnado sordo, sino también en sistemas alternativos de comunicación digital, con monitores donde se disponga de agendas visuales, un trabajo que suele realizarse con alumnado autista. En cada clase donde haya un niño autista se dispondrá de un televisor específico de comunicación “que va a ir diciendo todos los pasos a los estudiantes a modo de agenda visual, donde anticipa todo lo que se va a hacer con pictografía”. Lo ideal, añade, es que existan más centros de referencia en todas las islas, pero hacen falta recursos ya que el aula inclusiva supone una inversión de unos 7.000 euros, entre la insonorización y el dispositivo. 

Isabel Gómez, presidenta de Funcasor, recuerda que todas las personas son susceptibles de tener una discapacidad a lo largo de su vida y apunta que es necesario visibilizar para que se aporten los recursos necesarios desde las instituciones públicas. Solo el 1,5% del alumnado con discapacidad llega a la universidad pública, según un estudio realizado por el CERMI, por lo que apunta que ese alumnado se está perdiendo porque se desmotiva al no contar con los recursos suficientes. Además, el alumnado sordo se ha encontrado con mayores dificultades esta pandemia. Señala que desde el Consejo Escolar de Canarias se va a promover que en el próximo estudio sobre la realidad educativa se aborde en mayor profundidad la atención a la diversidad y recuerda que hay una serie de leyes que están para cumplirlas, como el hecho de que en las administraciones públicas haya un porcentaje de personas con discapacidad ocupando los puestos de trabajo.

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