Manifestantes de Tunte obligan a un equipo de la Televisión Canaria a refugiarse en su furgoneta por una acusación sin fundamento

Manifestantes de Tunte increpan a un equipo de la Televisión Canaria.

Los ánimos caldeados en el pueblo de Tunte (el casco urbano de San Bartolomé de Tirajana), la capital administrativa de Maspalomas, uno de los polos turísticos más importantes de Canarias, condujeron a poner en riesgo incluso la integridad física de dos reporteros de Televisión Canaria que habían acudido a hacer un directo para los servicios informativos. Un vecino exaltado, ayudado por un megáfono, lanzó un mensaje falso: que la periodista que hacía el directo los había llamado racistas. Y se desató la locura. De repente, una mujer interrumpió el directo y la masa obligó al equipo a huir y refugiarse en su furgoneta con la ayuda de la Policía Nacional, que se había desplegado en la zona desde que un grupo de vecinos decidió que no dejaría pasar a las personas migrantes que finalmente pudieron ser alojadas, bien entrada la noche, en el Aula de la Naturaleza Virgen del Pino, habilitado para albergar a medio centenar de esos migrantes que desembarcaron en el cercano puerto de Arguineguín.

La periodista Esther Pulido ha tratado de rebajar la importancia de lo ocurrido. En conversación con este periódico ha sostenido que “no son ni cien personas; no son los vecinos de Tunte, con los que tengo una magnífica relación, son unos pocos, que ni siquiera estoy segura de que sean de aquí. El domingo estuve aquí para hacer una pieza sobre el calor y, como siempre, me trataron muy bien”. La periodista recalca que en ningún momento los llamó racistas, como lanzó inopinadamente el vecino incendiario del megáfono. Pero se niega a comentar que el incendio pudiera venir provocado por un mensaje en redes sociales lanzado por otro periodista de la cadena, que criticó abiertamente la actitud de los manifestantes, amparados, según sus consignas, en su negativa a que el casco acoja a personas migrantes contagiadas de COVID-19, cuando la realidad es que ninguna de las personas trasladadas hasta allí ha dado positivo en los test a los que han sido sometidas.

Pero Esther Pulido sí reconoce que “nada más llegar, un chico nos amenazó con un palo” y por más que decía a los congregados que había venido a hacer un directo y que debían respetar su trabajo, una vecina llegó a interrumpir la emisión interponiéndose delante de la cámara. “Luego me vino a pedir perdón”, asegura la reportera. Su compañero, Aday Pérez, cámara en mano, tuvo que rescatarla de la vorágine. Los dos se refugiaron, apartados del epicentro informativo, en la furgoneta de la televisión pública. De los insultos y las imprecaciones no se salvaron otros reporteros de otras cadenas que acudieron hasta allí a cubrir la algarada.

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