Patrimonio
Pinito Calderín: la sabiduría de traer vida al mundo en la Canarias de principios del siglo XX
Que la vida suceda todos los días no significa que sea sencilla. Mucho menos en la Canarias de principios y mitad del siglo XX, donde lo que hoy conocemos como estado del bienestar o sanidad pública no alcanzaba ni de lejos a cubrir la asistencia de los partos de las mujeres en todos los pueblos del Archipiélago, sobre todo los más remotos o alejados de los cascos históricos.
Esta es la historia de Pinito Calderín, la partera de Jinámar que logró, sin estudios académicos, asistir a más de un millar de partos convirtiéndose en una de las personas más importantes del pueblo teldense. Hoy, ese mismo pueblo quiere corresponder a tanto trabajo altruista y a tanta sabiduría poniéndole una calle.
La artesanía del misterio de la vida
Nació el 6 de mayo de 1895. A los 21 años se casó y, huyendo de las penurias de un mundo que hacía soldados a los más pobres, emigró a Cuba. Allí tuvo tres hijos. “Ella aprendió todo en Cuba”, cuenta a esta redacción su nieta, Isabel Calderín, que sostiene como tesoros en sus manos las fotografías de su abuela y las de escenas familiares en la casa cueva que aún tienen los Calderín en Jinámar.
“En Cuba nacieron mi madre, mi tío y una niña que se llamaba Concepción que murió con 17 años el domingo antes de casarse”. Isabel, que no vivió aquella pérdida por motivos obvios, lo cuenta con un dolor real y presente, como el dolor que permanece en las heridas familiares, y explica cómo sus abuelos no soportaron aquella ausencia, dieron sepultura a Concepción en Cuba y regresaron a Gran Canaria con sus dos hijos. “Mi abuela siempre tenía pena porque su niña se quedó allá”.
“¡Vete a buscar a Pinito!”
Es la frase que se repetía en la mayoría de hogares de Jinámar, Marzagán, Lomo Pelado, Hornos del Rey e incluso Tafira cuando se presentaba un parto o una emergencia médica. “Hasta a las dos de la mañana podían aporrear la puerta y salía mi abuela caminando. Ella caminó mucho”, cuenta su nieta. Después de asistir a la madre en el parto y comprobar que no había complicaciones derivadas, Pinito iba hasta ocho días después a las casas de esas familias para bañar al bebé.
“Todos los habitantes del pueblo que tienen más de 50 años pueden decir que han nacido en las manos de Pinito y cuando una mujer creía que podía estar embarazada y acudía a visitarla, ella ponía sobre el vientre su mano y le decía si iba a tener un niño o una niña”, narra su sobrina.
‘Curar la madre’ en el hueco de la escalera
Entre las muchas habilidades que Pinito Calderín tenía para aliviar el dolor, existía una muy arraigada en el archipiélago canario que es la de bajar la madre o curar la madre, que consiste en un masaje abdominal que busca colocar el plexo solar en su sitio, aliviando síntomas como dolor, falta de apetito, náuseas y ansiedad, ayudando a relajar el diafragma. De esta forma se solían tratar molestias estomacales y desequilibrios emocionales derivados del nerviosismo o sustos.
Pinito arreglaba la madre en el hueco de la escalera de su casa cueva y para el éxito del tratamiento los pacientes debían ir a tratarse durante tres días seguidos. “Allá mismo en la casa los atendía y sin cobrar ni un duro”, exclama su sobrina. Quien no podía pagarle a Pinito la voluntad, le pagaba en especias y “le llegaron a regalar hasta una cabra”. Hasta pocos días antes de su muerte, en 1981, Pinito Calderín estuvo asistiendo partos y dando seguridad a las mujeres en uno de los momentos de la vida en que más se necesita.
La calle Pinito Calderín
La familia de la partera de Jinámar ha recibido con alegría que sus vecinos estén reuniendo firmas para hacerse fuertes ante el Ayuntamiento de Telde en la petición de tener una calle que reconozca la labor altruista de salvar vidas.
El presidente de la Asociación de Vecinos La Concepción, Tomás Santana Borrego, explica que “existe gente que ha contribuido durante mucho tiempo y durante muchas generaciones al bienestar del pueblo, personas que han prestado su ayuda por la causa que sea y que el pueblo los conoce y los reconoce, que es lo más importante”.
Para Santana, en el barrio hay muchas calles “que para ellos no significan nada aunque tienen su valor”. Sin ir más lejos, la calle Granada, donde se encuentra el local de la asociación, pero añade que el barrio tiene una serie de personajes esperando ser recordados que “tienen una historia que está totalmente enraizada con el pueblo”.
La asociación ha reiterado recientemente al Ayuntamiento de Telde la demanda histórica de una calle tanto para Pinito Calderín como para los vecinos Juan Tejera y Pablo Rodríguez, petición respaldada con la firma de más de 700 vecinos. “En Jinámar se ha cambiado el nombre a calles y no es un agravio para la mayoría de vecinos, incluso, se puede hacer constar durante un tiempo la nueva y la antigua denominación si ese fuera el problema”, expresan.
Faltan tres calles en Telde
Desde este periódico nos hemos puesto en contacto con el Consistorio para conocer el estado en que se encuentra la solicitud vecinal para las tres calles de los recordados vecinos de Jinámar. “No hay calles disponibles”, responden. Y añaden: “Las tendencias en los últimos años es la de solicitar la nominación de un espacio público”. Agregan que “un cambio de calles lleva un perjuicio a los residentes, cambio de escrituras, testamentos o DNI” y que, “ a no ser que exista aceptación por parte de los vecinos de esta circunstancia”, se trata de un proceso complicado.
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