Folk horror en estado puro: la joya del cine español que tienes que ver si te gustó 'Midsommar'
¿Qué es lo que tiene que tener una película para que de miedo? Muchos pueden llegar a pensar que las escenas oscuras, los sustos, la música estridente y las escenas morbosas son un ingrediente clave del género de terror. Sin embargo, directores como Narciso Ibáñez Serrador (Chicho) demostraron que se puede hacer cine de terror a plena luz del día.
Ibáñez Serrador, uno de los nombres más importantes de la historia de la televisión en España, destacó principalmente por programas como Historias para no dormir, Historia de la frivolidad o Un, dos, tres… Responda otra vez. Sin embargo, Chicho también se convirtió en todo un referente del género cinematográfico de terror, y lo hizo con apenas dos películas dirigidas.
¿Quién puede matar a un niño? fue el segundo y último largometraje del cineasta después de su ópera prima La residencia (1970). Fue esta película la que sin duda ayudó a sentar las bases del cine de miedo, y sirvió de referencia para cineastas que llegaron después como Alejandro Amenábar o Álex de la Iglesia. ¿Qué tuvo de especial esta película de 1976?
La trama, a priori, parecía sencilla. Tom y Evelyn son una pareja de turistas ingleses que viajan a la costa española para pasar unos días de vacaciones. Sin embargo, cuando llegan, quedan un poco decepcionados porque el lugar está demasiado lleno de gente como para pasar las tranquilas vacaciones que habían planeado.
Entonces deciden alquilar una barca para visitar una pequeña isla en la que Tom ya había estado cuando era más joven. La sorpresa para la pareja protagonista llega cuando descubren que los únicos habitantes de la isla son niños. Unos niños que, animados por una misteriosa fuerza, deciden rebelarse contra los adultos.
La violencia de los niños
La película se basa en la novela El juego de los niños del escritor asturiano Juan José Plans, publicada el mismo año que el guion que Serrador firmó bajo el seudónimo de Luis Peñafiel. Pese a la influenica, el cineasta se tomó varias licencias creativas en su adaptación a la gran pantalla, haciendo la trama mucho más dramática, perturbadora y profundamente simbólica.
El largometraje arranca con una muestra de material de archivo, con imágenes reales muy crudas de campos de concentración y conflictos armados en los que los niños son las principales víctimas inocentes. Las preguntas empiezan a caer sobre la mesa. ¿Hasta qué punto la violencia de los adultos está influenciando a los menores? La historia avanza, mostrando cómo los niños de la isla a la que llega la pareja de turistas han asesinado a las personas mayores y dominan por completo el entorno, y entonces vuelven las cuestiones morales. ¿Puede un adulto matar a un niño para sobrevivir?
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