Así trabajan los especialistas en desactivación de explosivos

Tedax (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos).

Saúl García

Las Palmas de Gran Canaria —

Su labor es discreta y poco conocida. Suelen actuar de paisano para que no se desate el pánico. La mayoría de sus resultados son desconocidos: sus éxitos se intentan ocultar y sus fracasos son evidentes. “Hay pocos accidentes, pero los que hay son graves, o te tienes que dar de baja del cuerpo o mueres”, asegura Pedro. Son los Tedax (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos) de la Guardia Civil, destinados en el aeropuerto de Guacimeta y cuyo radio de acción se extiende a las dos islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura.

El destacamento nació en 1984 y lo componen cuatro agentes para las dos islas. “En toda España sólo hay 250”, señala José Antonio, otro de los agentes. Su trabajo no es sólo desactivar explosivos ni elegir entre cortar el cable verde o el azul con un reloj corriendo hacia el cero. “Eso queda bien para las películas”, dicen. Los agentes ayudan a repasar los planes de seguridad de edificios públicos o centros de interés, como hoteles, para prever una posible evacuación.

También trabajan como prevención cuando llega a las islas alguna autoridad o cuando hay algún evento importante, junto con el guía de perros, para buscar posibles explosivos; y asisten a todos los avisos de bomba, que resultan ficticios en su gran mayoría, “pero que hay que enfrentarse a ellos como si fueran verdad, con todas las precauciones necesarias”.

En los últimos años se han tenido que ir especializando en otras amenazas, que se recogen en el acrónimo NRBQ, que son las siglas en inglés de Nuclear, Radiológico, Biológico y Químico. “En el futuro ya se habla de que nos tendremos que enfrentar a las bombas sucias, biológicas o radiactivas”, aseguran. Son otro tipo de amenaza pero igual de peligrosa, ya que se puede contaminar el agua, entre otras consecuencias. Pedro recuerda que a Lanzarote llegaron sobres que supuestamente contenían antrax, cuando ocurrió esa crisis en el año 2001, y tuvieron que enfrentarse a ellos, aunque resultaron ser de mentira.

Afirman que aunque Lanzarote y Fuerteventura sean un destino seguro, y que su labor debe ser discreta para no provocar una falsa alarma que afecte al turismo, hoy en día es fácil fabricar una bomba casera con materiales que se pueden comprar en las tiendas. “Nuestro trabajo es estar preparados”, aseguran.

Actúan en unas treinta incidencias cada año, la mayoría de ellas sin que se trate realmente de un explosivo. Pedro recuerda que uno de los casos más sonados, hace años, cuando se podía facturar con 24 horas de antelación en los aviones, ocurrió en el aeropuerto de Fuerteventura. Un alemán facturó su maleta y los agentes de seguridad vieron algo sospechoso que parecían explosivos, por la forma y la densidad y algo que parecían unos cables. No se localizó al propietario, que se había marchado hasta que saliera su vuelo, y tuvieron que desalojar el aeropuerto el día de Navidad, hasta que poco después comprobaron que lo que parecían explosivos eran quesos majoreros.

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