Domingo Rasilla, experto en clima: “Las anomalías térmicas en el norte están siendo mucho más elevadas que en el resto de España”
Domingo Rasilla (Corrales de Buelna, 1965) intuye -porque no ha sabido de ningún otro caso- que es el único geógrafo que ha hecho una tesis sobre el viento sur en el norte de España. Presentó en 1996 su investigación sobre ese viento muy fuerte, que implica temperaturas muy altas y una humedad muy baja, característico de Cantabria. Aunque, matiza, se da en muchas montañas del mundo. “He vivido por medio mundo”, dice este licenciado en Geografía por la Universidad de Oviedo y doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, que pasó dos años en Estados Unidos, en Colorado, en una zona que tiene algo parecido al efecto del sur en Cantabria, con cambios drásticos de temperatura en un día. Cuenta que no solo estudió el viento sur por su origen, también por fenómenos, como los incendios forestales, o por sus efectos sobre las variables de la meteorología. Por ejemplo: “El sur, en Asturias, apenas aparece, donde sopla con más fuerza es en Cantabrua y donde se registran las temperaturas más altas es en País Vasco”. Hace un cuarto de siglo que es docente de la Universidad de Cantabria, fue presidente de la Asociación Española de Climatología de 2018 a 2020 y ejerce como profesor titular de geografía física: “El clima de mayo de 2026, esa anomalía climática, es el opuesto directo al clima habitual de Cantabria, que es templado y húmedo”, advierte.
¿Qué le lleva a obsesionarse con el viento sur?
Yo cuando me voy a Madrid a hacer el doctorado, el profesor que me va a dirigir me da dos opciones: o una cosa sobre Madrid, sobre la isla de calor urbana —diferencia de la acumulación de calor de las ciudades versus los espacios rurales de alrededor—, o un tema que me gustase del norte de España. Efectivamente, el viento sur, si hay algo típico de Cantabria y de todo el Cantábrico, es el viento sur. Hay muchos otros climas similares a los de Cantabria, húmedos y tal, pero muy poquitos tienen el viento sur.
¿Puede describir el viento sur?
Es un viento muy fuerte que trae temperaturas muy altas y humedad relativa muy baja. Se produce cuando una masa de aire atraviesa una montaña y tiene que descender desde la vertiente de Barlovento a la vertiente de sotavento; en este caso viene del sur de la meseta. En Cantabria lo que tenemos son unas condiciones de altas temperaturas y viento que favorecen incendios y contaminación. También tenemos evidencia de que el ozono aumenta cuando ocurre este tipo de situaciones. Es un fenómeno que se da en muchas montañas del mundo. Aquí en España una cosa similar son las ponentadas en el Levante, en Valencia. Es parecido también el famoso Levante del Estrecho —no es igual, pero los efectos son similares—, que en Cádiz lo llaman 'El matacabras', porque nos saca lo peor, y en Europa lo tenemos en los Alpes. Estás en invierno con temperaturas de 10 o 12 grados y un 80% de humedad, y de repente te pones en 20; es como si viajaras a una zona tropical en cuestión de horas.
34 grados durante una semana de mayo en Cantabria: “Temperaturas inusualmente elevadas”, dijo la AEMET. ¿Esto es así?
Sí. En climatología se utilizan las normales climáticas (periodos de referencia como 1991-2020) y a partir de la probabilidad de aparición de unos determinados registros se dice si es una ola de calor. Lo inusual no es solamente la temperatura tan alta, sino que pasáramos una semana así.
La duración.
Sí. La explicación es que el tipo de situación atmosférica no es la misma. Antes teníamos golpes de calor debidos al sur y en este caso lo que tuvimos fue un anticiclón de bloqueo que viene desde el norte de África y ha ascendido por Europa. Esto hace que ya no venga el aire húmedo del Atlántico y lo que nos llegó es aire cálido y seco del norte de África, con la atmósfera lechosa, porque probablemente venga con polvo del Sáhara. —se acerca a su ordenador y pide observar mapas de modelos numéricos en su web de referencia: Ogimet—. Es el famoso anticiclón de bloqueo que se nos ha dividido en dos: uno en las Islas del Mar del Norte y el de las Azores. Se ve cómo llega todo este aire cálido hacia el norte. Hay seis grados de diferencia porque el observatorio de Aemet de Cueto está al lado del mar y le influye muchísimo y el otro está en el aeropuerto. Lo raro es la magnitud de las anomalías térmicas. La temperatura media normal de Santander igual son 15 o 20 grados en mayo. Antes eran pequeños golpes de calor de un día y esta vez tuvimos una semana entera. El clima de mayo de 2026, esa anomalía climática, es el opuesto directo al clima habitual de Cantabria, que es templado y húmedo.
¿Qué son las anomalías climáticas?
La anomalía térmica es la diferencia entre la temperatura de hoy y el promedio en los últimos 30 años. Las anomalías en el norte de España están siendo mucho más elevadas que en el resto del país. En Madrid puede haber 3 o 4 grados por encima de lo normal, pero el problema es el norte. Si en París o Londres tienen 34 grados, cuando lo esperable son 15 o 16, estás hablando de 20 grados de diferencia con lo habitual.
¿Qué elementos pueden potenciar esta anomalía?
Hay varias maneras de abordar el problema. Una es estadística, calculando el periodo de retorno: cada cuántos años es esperable que ocurra un fenómeno de este tipo. Cuanto mayor sea el periodo, más anómalo es. La otra manera es la atribución, a partir de modelos climáticos, para plantear si la anomalía se debe a la variabilidad natural o al cambio climático. Esto se hizo con la Dana y se concluyó que tiene que haber algo detrás que potencie esas lluvias. En los Alpes los glaciares se están fundiendo a una velocidad espectacular.
Sobre el periodo de retorno, ¿tiene referencia similar a lo ocurrido en mayo?
Un día de 34 grados en Cantabria, en mayo, igual tiene un periodo de retorno de 20 años, pero una semana así, no tiene precedentes. La mayor parte de los días de calor en primavera se debían a episodios de viento sur; lo llamativo, en este caso, es que han predominado vientos flojos de componente este y noroeste, pero no viento sur.
¿Cómo tendría que ser el clima habitual en la franja costera?
Es un clima atlántico: templado, lluvioso y nuboso. No hay grandes oscilaciones térmicas. Llueve aproximadamente uno de cada dos días. Tenemos una de las insolaciones —horas de sol— más bajas del sur de Europa, similar al sur de Gran Bretaña. Por eso aquí no había vino hasta hace poco, porque no había grados suficientes para la uva.
Pero ahora están entrando productores de tinto.
Sí, a raíz del cambio climático se están produciendo movimientos. Y también se está comprando mucha vivienda en Cantabria; la gente busca el fresco. El clima de Cantabria era templado y lluvioso con pocas oscilaciones térmicas, pero eso está cambiando.
Menciona la presión con la vivienda. ¿Puede suponer esto un problema en Cantabria?
El Mediterráneo se está convirtiendo en una caldera y la gente tiende a venirse al norte. En Santander los precios de la vivienda están disparatados y hay presión turística. Esto genera problemas de infraestructuras; localidades que tienen 1.000 habitantes y pasan a 40.000 en verano tienen problemas de agua, recogida de basuras y orden público.
¿Podemos prever que habrá más días de insolación de lo normal?
Hay una tendencia a que las primaveras cálidas y secas vayan seguidas de veranos cálidos y secos. Si esta anomalía persiste, es probable que tengamos un verano con temperaturas más altas de lo normal.
Quería hacer un inciso: usted no es meteorólogo, es geógrafo experto en climatología.
Exacto. En España la meteorología no existe como carrera, es un título que da el Estado por oposición. Yo soy geógrafo.
¿Qué cosas podemos afirmar que tienen que ver con el cambio climático en el norte?
La Tierra siempre ha estado sometida a cambios climáticos naturales; el ser humano es producto del cambio climático. Lo que ocurre ahora es que estamos devolviendo a la atmósfera gases almacenados en combustibles fósiles. Las simulaciones indican que la tendencia ascendente de las temperaturas no se explica sin los gases de efecto invernadero. El problema actual es el cambio climático antrópico, provocado por el ser humano, y, sobre todo, su velocidad. Estamos acelerando muy rápido.
¿Qué elementos de la geografía física se están viendo alterados?
El aumento del nivel del mar es muy claro. En Santander tenemos una serie desde 1943 que muestra que el nivel sube 2 milímetros al año como media. Eso supone unos 14 centímetros en 70 años. Hay una regla que dice que por cada centímetro que aumenta el nivel del mar, la costa retrocede un metro. Vemos un retroceso de arenales y la inundación de zonas que antes no se alcanzaban. En los temporales de 2014 el agua entró hasta la cocina en chalés de Somo que se construyeron hace 40 años pensando que el agua no llegaría. También la vegetación se ve afectada: algunas especies tienden a ascender hacia lugares más frescos por el aumento de temperatura.
Ha dicho recientemente Roberto Media, consejero de Fomento y Ordenación del Territorio, que Cantabria es la segunda comunidad con mayor descenso de emisiones de CO2. ¿Cuál es su valoración?
Habría que ver hasta qué punto se debe a que cada día tenemos menos industrias. En la lucha contra el cambio climático hay mitigación y adaptación: a veces los éxitos del primer mundo se deben a que exportamos las empresas más contaminantes a otros lugares. Yo lo único que veo es que nuestros alumnos se van de Cantabria porque no hay oportunidades.
Sobre políticas públicas de adaptación, ¿qué deberían hacer las administraciones públicas en Cantabria?
Participé en el Plan de Adaptación al Cambio Climático de Santander. Siempre han existido cambios climáticos, pero el cambio climático antrópico ya está aquí y, en Cantabria, la sociedad ya es una sociedad muy dependiente del clima y muy envejecida. Los ancianos son especialmente propensos al calor. Hemos perdido capacidad de resiliencia; hace 50 años la gente se adaptaba a las nevadas o al calor, ahora un día de lluvia o una nevada paraliza la ciudad. En la ciudad de Santander y el área de la Bahía, que acumula tres quintas partes de la población regional, las actuaciones deberían ir encaminadas a mitigar los efectos no sólo del aumento de la temperatura global, sino de su intensificación en zonas urbanas (efecto de isla de calor) mediante optimización de las viviendas, creación de redes sociales de soporte durante episodios críticos, creación y adaptación de infraestructuras como refugios climáticos o renaturalización (parques, jardines, arbolado) allí donde sea factible y conveniente. La renaturalización tiene un problema que estamos estudiando y es que si lo haces con especies que son muy polinizadoras y el polen genera muchos problemas de alergia, vas a tener lo comido por lo servido.
¿Podemos hablar de menos flores, pero más árboles y arbustos?
No es solamente renaturalizar; tienes que mirar qué árboles porque hay un aumento del polen en la atmósfera. Cada vez hay más. En parte es una reacción al cambio climático, por las temperaturas, pero también puede ser y lo hemos visto, debido a que se han plantado muchos árboles y no se ha hecho de una manera adecuada. Hay que conseguir que la población no vea las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático como obstáculo para su bienestar, y sí como una vía para mantener y mejorar ese bienestar en general. Y mirar ejemplos alrededor, como el de Bilbao o Barcelona, que están trabajando mucho los refugios climáticos. Es decir, crear zonas donde, en un en caso de un exceso de calor, tú puedas ir o puedas llevar a una persona mayor que conozcas a que pase un la mañana o la tarde. Un aspecto es el tema del aire acondicionado.
¿Diría que hay un plan regional contra el cambio climático?
Más allá de Cantabria, mi impresión es que no hay una propuesta política real y de consenso en la lucha contra las consecuencias del cambio climático. Como ejemplo, políticos de uno y otro signo se tiran los trastos a la cabeza cada vez que hay un episodio de grandes incendios, como el del pasado año. Pero sabemos que el fenómeno de los incendios es multifactorial: un aumento de la biomasa (en parte por recuperación de la vegetación natural causado por la despoblación del medio rural) y/o una mayor ocupación del espacio conocido como interfaz urbano-forestal, que son áreas donde no se sabe bien si estamos todavía en la ciudad o ya en el campo, muy habitual en regiones del Mediterráneo—. Eso crea las condiciones ideales para que, bajo unas condiciones de mayor energía en la atmósfera, como calor, sequedad, y viento, los incendios forestales (que en números absolutos están disminuyendo, pues los servicios de extinción son efectivos cuando los incendios están comenzando) se propaguen y que, por mucho dinero que se invierta en extinción, va a ser imposible apagar. Luchar contra estos fenómenos requiere una política nacional y global de gestión del territorio, no políticas regional y sectoriales. En relación con los incendios forestales, el aumento de las temperaturas y una mayor frecuencia de periodos de sequía supondrá un riesgo adicional, no sólo durante la actual temporada de incendios, sino también una extensión de las situaciones de riesgo a otros momentos del año. Pero, dado que hoy en día los incendios en Cantabria están muy vinculados a las actividades actuales en el medio rural, habría que definir claramente qué se espera de este medio rural en el futuro: ¿sólo un espacio ganadero, un espacio forestal, un espacio turístico, o todo ello al mismo tiempo?
¿Cómo tendría que plantear la mitigación el Gobierno de Cantabria?
Tendría que plantear una ordenación del territorio a medio y largo plazo, asumiendo que el calentamiento del planeta se incrementará a lo largo del presente siglo y sus consecuencias perdurarán en el tiempo. Habría que evaluar cómo interactuará el cambio climático con las tendencias socioeconómicas y demográficas, como el envejecimiento de la población, despoblación rural y concentración en núcleos urbanos, terciarización de la economía con el turismo) y vinculadas al proceso de globalización. En otros países, hay una red de vigilancia en la que se sabe dónde viven las la gente mayor y son las administraciones las que van a los domicilios de la gente que se supone que tiene problemas para verificar que están bien. Gran parte de la población mayor vive en viviendas que normalmente no están bien acondicionadas. Con el tiempo, vamos a tener que incorporar aquí, en Cantabria, aire acondicionado y yo no sé si nuestra red eléctrica está preparada para este tipo de consumos de picos de consumo. Claro, el cambio climático lo que va a suponer es que en verano va a llegar menos agua y entonces vamos a tener una lucha muy fuerte entre la demanda humana, la demanda industrial, la demanda del riego y la demanda energética ¿Cómo solucionamos este este sudoku? Hay que dar de beber a la gente. También tendría que adaptar la cartografía de riesgos, por ejemplo, inundaciones, a los escenarios de cambio climático, como aumento de los días con precipitaciones intensas, temporales y subida del nivel del mar en la costa. Tendría que adaptar las infraestructuras hidráulicas a estos escenarios, con limpieza de cauces y vigilancia. Y, en la medida de lo posible, recurrir a soluciones basadas en la naturaleza; por ejemplo, conservación de la vegetación de ribera, recuperar marismas, dunas y estuario). Dado que el transporte es uno de los principales sectores de emisiones, tendría que promover el transporte público, tanto dentro de los espacios urbanos como para el acceso a éstos desde el resto de la región, en especial el ferrocarril, de tal manera que se minimicen las interrupciones del servicio y se cumplan frecuencias, al contrario de lo que ocurre hoy en día. Esto también puede ayudar a reducir las concentraciones de gases nocivos para la salud, como el NO2 o las partículas. Y habría que actualizar la red de sensores del Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), incorporando los que miden las partículas más pequeñas, como PM2.5, que son las más dañinas para la salud.
¿Qué previsiones maneja para Cantabria y el norte?
Prevemos un aumento de temperaturas y una 'mediterranización' de las precipitaciones: veranos más secos e inviernos con lluvias más intensas. Además, hay más energía en la atmósfera, lo que favorece situaciones extremas como las galernas.