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Cuando la falta de médico fijo o el consultorio cerrado no es una anécdota de verano: “El seguimiento es cero”

Julie Sedano vive en La Vega de Liébana desde 2020 y ha sido madre este año. Cuando estaba embarazada tuvo un virus, con mucha fiebre, pidió cita online al médico, pero se la cancelaron. “Me llamaron por la mañana para decirme que no era posible y tuve que coger el coche y hacer un viaje 40 minutos para ir a consulta en Camaleño. Ahora, después de de dar a luz, que lo he pasado mal, me tienen que hacen seguimiento de la tensión y la anemia, pero no se está haciendo”.

Sedano, profesora de francés en un instituto público, no recuerda haber tenido “nunca” un médico fijo. “El seguimiento es cero o muy escaso”, dice. Cada visita tiene que volver a contar tu historial: no hay trato. “Para mí, la conclusión es que no tengo médico”. Esta docente se muestra tajante: “Más de una vez se me han cancelado las citas que tenía aquí en el último momento”, reconoce resignada.

De los 114 consultorios registrados en Cantabria, la mayoría no tiene médico en algún momento del verano, ya sea 3 o 37 días, en los casos más extremos. Pero dentro de estos, hay situaciones todavía más drásticas que trascienden a tres meses. Porque directamente la plaza está vacante o porque su consultorio está cerrado. Sucede así en Cueto (Santander), en Castillo (Arnuero) La Gándara de Soba (Soba), Lamadrid (Valdaliga), Polientes y Villanueva de la Nía (Valderredible), Vega de Liébana, Cillorigo y Bejes.

Es, en estos casos, donde la falta de seguimiento y de confianza con el paciente se convierte en una complicación. Antes de tener un hijo, Sedano tuvo dos abortos y, en el segundo, percibió “falta de empatía” en el profesional que le atendió: “Se notó mucho que no nos conociamos: me mandó a trabajar de nuevo”.

Cuando un consultorio está cerrado, no hay más alternativa que desplazarse. Como el de Bejes está cerrado desde la pandemia, el paciente tiene que moverse desde este pueblo de Cillorigo de Liébana, enmarcado en Picos de Europa, al Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) más próximo: por lo menos 30 minutos en coche hasta Potes. Si bien el Gobierno de Cantabria (PP) paga el taxi para traslados a otros centros de salud, solo lo hace para los pueblos por los que no pasa el autobús.

En la mayoría de los pueblos, lo que sucede es que médicos del centro de salud de la cabecera municipal se trasladan unas horas a los consultorios sin médico asignado, pero sin certeza de continuidad para los pacientes porque trabajan en turnos rotatorios. Este mecanismo se denomina “autocobertura”, que se traduce en consulta -algunas horas, a diario o algunos días-, por médicos que cambian por sistema.

“Una cosa incómoda”

Ni Polientes ni Villanueva de la Nía tienen médico asignado y son los únicos que tienen consultorio -siendo el principal el de Polientes- entre los 53 pueblos que forman parte del municipio de Valderredible. Dice el alcalde, Fernando Fernández, que “en principio” no hay una carencia de médico. “Hay una carencia de médico titular, pero no de atención sanitaria”, matiza. “Pero es fundamental tener un médico de referencia, sobre todo la gente mayor”.

En Polientes, tres médicos del SUAP se turnan, entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde. Y, en Villanueva, se atiende dos días aproximadamente en unas horas por las mañanas antes de abrir Polientes. “Es una cosa incómoda, evidentemente, pero no es que no haya nadie”, enfatiza el alcalde de Valderredible, que ya ofreció hace años casa gratis para el médico sin éxito.

En Vega de Liébana, donde vive Julie Sedano, el médico va tres o cuatro horas al día, asegura el alcalde Goyo Alonso (PRC). “Ante la opción de no tener nada, pues esto nos parece que salvamos el panorama”, dice el regidor de un Ayuntamiento en el que viven “menos de 700 habitantes”, en 26 núcleos de población diseminados, que remodeló recientemente con fondos de la Consejería de Obras Públicas (PP) una casa gratis para el médico.

Pero ni por esas. Al alcalde, dice, le han contactado médicos latinoamericanos residentes en España e incluso estudiantes de medicina de otros países. Pero sin la carrera terminada y sin homologación, la casa del médico y la plaza siguen igual: vacías. Aún así, sí tiene la sensación de que los que rotan -a diferencia de Sedano- suelen ser los mismos. Da dos nombres de médicos y afirma que “un poco sí que van conociendo a la gente, que eso es importante para los pacientes”.

Vega de Liébana, “zona ultraperiférica”

Cuenta Goyo Alonso que le resulta “evidente” que se ocupen las plazas “más atractivas”. A la pregunta de cómo se mide ese atractivo, es claro: “El atractivo viene, sobre todo, en función de la distancia de Santander. Todo el mundo quiere el entorno de Santander y esta plaza será la más distante”, dice sobre un pueblo a casi dos horas de distancia de la capital. “A veces, en el Consejo Asesor contra el Despoblamiento (institución del Gobierno cántabro), planteo la posibilidad de que nos declaren como zona ultraperiférica como Canarias o Baleares”, asegura.

El alcalde de Valderredible no ha ido tan lejos con su propuesta, pero siente que ha hecho “todas las ofertas posibles” para cubrir la plaza del médico, pero desde la Consejería de Salud le hablan de “dificultades, de que la gente no viene”.

En Cillorigo, el consultorio principal está en Tama, pero sin médico asignado las urgencias se derivan a Potes. Recientemente, el médico que había estado de titular se encontró con un paciente que tuvo un problema cardíaco grave, por el que ya el año pasado acabó yendo a la privada después de que le retrasaran tres meses la cita. En esta ocasión, el paciente iba a hacerse unos análisis. Cuando le preguntó si le vería para cuando estuvieran los resultados, le respondió que no, que le atendería otro médico.

A la Consejería de Salud, dice el alcalde de La Vega, que le han pedido también que asuman el mantenimiento de los consultorios rurales: “Los consultorios grandes los asume el Gobierno de Cantabria y no discute. En el Hospital Valdecilla no pone el dinero el Ayuntamiento de Santander”.