'Piezas de ébano': Santander, puerto de primer orden en el tráfico de esclavos que enriqueció a ilustres indianos cántabros
La bahía de Santander, el idílico espacio natural que hoy sirve de recreo a barcos y deportes naúticos, fue hace doscientos años uno de los tres puertos de referencia del comercio de esclavos hacia América, junto con Cádiz y Barcelona, con la implicación de la propia burguesía santanderina. Algunos de ellos se hicieron ricos y hasta fueron reconocidos con marquesados y condados. Antonio López, en cuya biografía ya pesa esta circunstancia, y otro cántabro, Juan Manuel Manzanedo. Bajo el barniz del éxito y la filantropía se ocultaron los negros cimientos sobre los que edificaron su fortuna otros nombres propios como Ángel Pérez (Ruiloba), Juan Madrazo (Marrón, Ampuero), Joaquín Gómez Hano de la Vega (Hazas de Cesto) y Pedro Martínez Gómez de Terán (Soto, en Campóo).
El relato histórico de la ciudad atribuye el florecimiento del Puerto de Santander a la exportación de harina, sin hacer referencia al tráfico de esclavos que no fue una actividad ocasional. En cinco años -entre 1815 y 1820- salieron de la bahía 17 barcos con esclavos.
En 1817, Santander se consideraba un puerto negrero de primer orden, de cuyos muelles salían periódicamente barcos cargados con mercancías que cambiaban por esclavos en África, desde allí atravesaban el Atlántico para venderlos en Cuba como mano de obra para las plantaciones de azúcar.
La historia de los negreros de Cantabria, con datos y nombres propios, sale a la luz en un ensayo -editado por El Desvelo- del profesor Salvador García Castañeda (Santander, 1932), catedrático ya jubilado de la Universidad de Ohio, en Columbus, donde reside, y vinculado a Cantabria como miembro de la Sociedad Menéndez Pelayo y del Centro de Estudios Montañeses.
La investigación cruza datos notariales y crónicas de la época para demostrar que algunas de las fortunas que hicieron los indianos cántabros se construyeron sobre la sombra del poco edificante tráfico de 'piezas de ébano', a quien trataban como si fuesen una mercancía más. La más lucrativa de la época: generaba beneficios de más de 2.500 por ciento. Un negocio que se mantuvo de manera clandestina en el Puerto de Santander incluso cuando se prohibió. Capitanes y armadores que desafiaron los tratados internacionales y siguieron haciéndolo aun cuándo la moral de la época ya lo empezaba a reprobar. Para ello crearon una red de alianzas que alcanzaba hasta la propia corona de España, según refiere el investigador.
Para ello, se tomaban algunas precauciones para disimular. Sobre la bodega de los barcos donde almacenaban los sacos de harina construían disimuladamente otra falsa cubierta, prácticamente un cajón, donde metían a los esclavos tumbados y atados de manos y pies con esposas. Como sardinas en lata.
Nombres propios de negreros cántabros
En este tiempo, y aun desde lo contemporáneo, se extendió un velo sobre los 'negreros', un término que se aplica a quienes compraban esclavos y a quienes los poseían. La mayoría de los negreros cántabros tienen en común que procedían de entornos rurales y familias muy pobres que emigraron a Cuba donde empezaron a ganarse la vida navegando o como dependientes de comercio, relata el autor del ensayo. Pusieron pequeños negocios que les permitieron invertir dinero en la compra venta de esclavos, las fábricas de azúcar o sus propias empresas.
Juan Madrazo salió del pueblo de Marrón en Ampuero y desde Cuba contrataba bergantines con los que, hasta 1820, transportó casi cuatro mil esclavos. Dejó escrito en su testamento que se hicieran varias obras benéficas en su pueblo. Es un contraste moral común a todos ellos. Al regresar a sus pueblos, financiaron la construcción de iglesias o escuelas públicas con el dinero que ganaron con el tráfico de esclavos. Se les dio la más alta consideración social, hasta títulos nobiliarios, y entraron a formar parte de la élite española.
Joaquín Gómez Hano de la Vega, natural de Hazas de Cesto, y sus sobrinos, también traficaron con esclavos desde Cuba con el bergantín Nuevo pájaro o la fragata Cantabria. Pedro Martínez Gómez de Terán “llegó a tener algunas de las factorías negreras españolas más grandes de la costa de África” y su primo Mauricio Pérez de Terán fue armador y propietario de buques de esclavos. Quien después fue conde de Mortera, Ramón Herrera San Cibrián, dedicado al tráfico marítimo también se lucró del negocio. “A su muerte dejó 50.000 duros para construir una iglesia y unas escuelas en Mortera y en Liencres”, apunta García Castañeda.
Otro personaje que recibió honores de marqués fue el santoñés Juan Manuel Manzanedo, prestamista, comerciante de azúcar y financiador de expediciones negreras cuyas biografías se han esforzado por esconder esta última actividad, como históricamente ha sucedido con el marqués de Comillas, Antonio López. “Rico como manzanedo”, se llegó a acuñar en España en alusión a su gran fortuna conseguida con el esclavismo. Llegó a ser la persona más rica de España con más de 170.000 millones de reales en 1879. Isabel II le dio el título de marqués de Manzanedo y, por si no era suficiente, Alfonso XII el de duque de Santoña con grandeza de España. Hoy, el instituto de enseñanza pública de Santoña lleva su nombre.
El marqués de Comillas
El propio marqués de Comillas, Antonio López, pasó de mendigar comida y usar ropas usadas a tener una fortuna. Huyó de Comillas en un barco hacia Cuba y tras trabajar y abrir sus propios comercios empezó a comprar esclavos criollos (nacidos en América) para venderlos en otras parte de la isla. Junto a su suegro, financió expediciones negreras y se dedicaron a la compra venta de esclavos. Cuando fue lo suficientemente rico volvió a España y montó la naviera A. López y Cia. que luego pasó a ser la Compañía Transatlántica. Cuando falleció, entre loas y homenajes públicos, su cuñado publicó 'La verdadera vida de Antonio López y López' donde desveló a la sociedad de la época el oscuro origen de su fortuna-,
Otro importante naviero cántabro, Ángel Pérez (natural de Ruiloba), era el representante de la compañía de Antonio López en Cienfuegos (Cuba) y como tal gestionó numerosas ventas de esclavos. Con el dinero que ganó regresó a Santander y fundó la naviera Pérez y Cia.
Los cántabros -entonces llamados montañeses- fueron el mayor grupo de españoles, por detrás de los catalanes, que hicieron las Américas en Cuba. Ejercieron como grupo de presión para evitar la abolición de la esclavitud, bloquearon proyectos y reformas del gobierno que consideraron contrarios a sus intereses económicos y compraron a periodistas para manipular a la opinión pública a su favor.
El ensayo de García Castañeda -basado en una exhaustiva bibliografía, entre ella un trabajo previo de Fernando Barreda- evidencia la falta de rigor de algunas biografías de indianos cántabros que dan nombre a colegios, que tienen estatuas y que son considerados benefactores sociales en la ignorancia o en el olvido de cómo fraguaron sus fortunas desde el epicentro del Puerto de Santander con el comercio de esclavos.