Más largo que 'el Quijote': la odisea para levantar un busto a Cervantes en Albacete
Miguel de Cervantes, el literato español más universal, observa desde hace 76 años la vida pasar en su rincón privilegiado del parque de Abelardo Sánchez. Su busto emerge en un entorno natural y vivo como muestra de respeto a la figura literaria que es y al paso del tiempo. Pero esa escultura tiene su particular historia, porque tardó en ser realidad más de 30 años.
Todo comenzó hace 110 años, cuando Albacete se vistió de gala para recibir a una de las más insignes escritoras que ha dado España: Emilia Pardo Bazán. La gallega fue la gran protagonista de los Juegos Florales celebrados en 1916 con motivo del tercer centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Pocas fueron las ciudades españolas que realizaron tan ímprobo esfuerzo para conmemorar esta efeméride en torno al fallecimiento de quien el cine de Alejandro Amenábar ha vuelto a poner en primer plano con El cautivo.
No era excepcional que la capital manchega celebrara unos Juegos Florales. Albacete venía haciéndolo desde finales del siglo XIX y, en esos primeros compases del siglo XX, la tradición se mantenía, siempre bajo el impulso de instituciones como el Ayuntamiento, la Diputación o, incluso, la Asamblea Local de Cruz Roja. Pero lo habitual es que esa fiesta de la literatura tuviera lugar coincidiendo con la Feria de septiembre.
Que la autora de Los pazos de Ulloa fuera llamada a participar en estos Juegos Florales cervantinos para ejercer como mantenedora no fue casualidad. Según ha escrito Cristina Patiño Eirín, profesora de Literatura de la Universidad de Santiago de Compostela e investigadora de su obra, Pardo Bazán era considerada una cervantista de médula desde su niñez, y de ahí que utilizara actos conmemorativos como el celebrado en Albacete no solo para homenajear al autor del Quijote, sino para hacer ver la dimensión humana del texto que describe las andanzas del Caballero de la Triste Figura.
Un acontecimiento en España
De su presencia en la ciudad ya se encargó de informar por todo lo alto la prensa local y más allá. Como ejemplo, Defensor de Albacete, que en su portada del sábado 22 de abril de 1916 anunciaba que solo unas horas después -el domingo 23- comenzarían los actos conmemorativos en torno al Príncipe de los Ingenios. No obstante, el plato fuerte era la presencia de la autora gallega, que llegó en tren el lunes 24 de abril, para lo que, desde la comisión organizadora, se llamó a las “señoras” a recibir por todo lo alto a “tan ilustre dama”.
Albacete quiso volcarse con este acontecimiento, y según la publicación Defensor de Albacete, “la animación para todos los festejos organizados con motivo del centenario es verdaderamente excepcional, y Albacete va a dar con este motivo una prueba ejemplar de su cultura y de la admiración que a todos inspira en esta hidalga tierra el cantor excelso de sus llanuras”.
La fiesta literaria organizada para conmemorar tan destacado aniversario contando con la novelista y periodista gallega era, sin duda, el acontecimiento del año, y las localidades se pusieron a precios aptos para todos los bolsillos, o casi: desde una peseta la entrada general hasta las 20 pesetas en algunos proscenios, a lo que había que sumar el coste del impuesto del timbre, preciso para contribuir al buen desarrollo de esta actividad. No todo iba a correr con cargo a los dineros del Consistorio.
El mismo día de los Juegos Florales, la prensa local daba cuenta en su edición del lunes de los últimos preparativos para una de las celebraciones más destacadas del país en honor a Miguel de Cervantes. El programa de actos, que culminaría en la fiesta literaria del Teatro-Circo, había contado con un ciclo de conferencias sobre temática cervantina a cargo del médico de Socuéllamos, Francisco Martínez González, quien también iba a ser galardonado en el evento. La ciudad recibía esos días a figuras relevantes del ámbito cultural, no solo a la escritora, sino también al poeta y sacerdote vallisoletano Pedro Gobernado, otro de los galardonados.
Pardo Bazán, que ostentaba el título de condesa, vino acompañada de “su distinguida hija soltera”, Carmen, quien conformó, “en unión de la señorita Mariana Medina y señoras de Marín Fillol y Alcázar Roca de Togores”, la corte de la reina de la fiesta, la señora vizcondesa de San Germán. Todo quedaba entre la clase noble.
Una vez acomodada en la ciudad, y como marcaba el protocolo de rigor, en torno a las 13 horas la autora de Clavileño se trasladó al Casino Primitivo para asistir al banquete que se organizó para rendirle honores y también al resto de integrantes de la corte y reina de la fiesta.
Luego, tras la hora de la siesta, llegó el momento culmen del programa. El Teatro-Circo había sido decorado elegantemente para acoger la gala literaria, y según Defensor de Albacete, el coliseo estaba “ocupado por numeroso y selecto público”. Tras levantarse el telón, sobre el escenario se encontraban autoridades, los componentes de la comisión organizadora y premiados. Y después de la proclamación de la reina del certamen y sus damas, dio comienzo el reparto de premios entre los galardonados. Fue cuando Pedro Gobernado, el sacerdote de la Universidad Pontificia de Valladolid, dio lectura a su Oda a Cervantes, con la que se hizo valedor del premio en el tema de honor de la convocatoria.
Las intervenciones se sucedieron, como la protagonizada por la directora de la Escuela Normal, Amparo Irueste, quien recitó las octavas reales que habían hecho merecedor de otro de los premios al periodista local Fernando Franco. También tuvo su momento de gloria el presidente de la comisión organizadora, el escritor y, a la sazón, ingeniero, Manuel Serra, cuyas palabras constituyeron el prólogo de la charla de doña Emilia, que para ese momento contaba 64 años.
El éxito de la conferencia de Pardo Bazán
La polifacética coruñesa pronunció una aplaudida conferencia en la que estableció la relación entre la figura del Quijote y los conceptos de patria, fe y amor, además de dibujar un paralelismo entre el ingenioso hidalgo y la sociedad de ese momento. La crónica de Defensor de Albacete no dejaba lugar a dudas: Pardo Bazán fue interrumpida “muchas veces por los aplausos entusiastas de la concurrencia, que tributó al final una ovación clamorosa”.
Desde ahí, al Casino Primitivo, donde cena y baile dieron brillo a una jornada literaria que iba a recordarse durante décadas en Albacete, y que recibió el reconocimiento en toda España porque fue de las pocas ciudades que tributaron de forma tan notable al escritor de Alcalá de Henares.
La jornada del martes 25 de abril fue tremendamente intensa para la condesa. Uno de los momentos más significativos llegó a las once de la mañana, cuando se colocó la primera piedra del monumento que la ciudad había decidido erigir al Manco de Lepanto en pleno parque de Canalejas, hoy de Abelardo Sánchez, una historia que tardó en terminar de escribirse más que el propio Quijote.
Según la crónica periodística, el cura de San José bendijo el terreno, colocó la primera piedra Pardo Bazán, leyó el acta el abogado y hombre de letras Dionisio Yáñez Sánchez -que sería alcalde de Albacete con el tiempo- y pronunció el discurso de cierre el por entonces presidente del Ateneo, Maximiliano Martínez García.
Pero también tuvo tiempo, en sus paseos por la ciudad, de conocer la Diputación, el Ayuntamiento, la popular fábrica de chocolates La Pajarita y el taller cuchillero de Sánchez Hermanos. Otro banquete en el Hotel Francisquillo junto a un centenar de comensales, representantes de lo más granado de la sociedad local, fue el epílogo de la presencia de la escritora en tierras albaceteñas. Un tren expreso le sirvió para abandonar la ciudad y regresar a Madrid.
Crónica de un viaje
Esa presencia de Pardo Bazán, que murió en 1921 con 69 años, dejó para los anales de la historia local una de las descripciones más benévolas y de mayor altura literaria de cuantas se han escrito de Albacete. Una carta de presentación de una ciudad que comenzaba a girar 180 grados en su forma de concebir el desarrollo económico y social, avanzando hacia la modernidad y la urbanidad. Y es que la publicó un amplio reportaje -la gallega también ejerció de brillante periodista- en su sección La vida contemporánea en la revista La Ilustración Artística, en su número del 8 de mayo de 1916. “Se encuentra a seis horas de tren de Madrid, y tiene fama su cuchillería. Nadie sabe una palabra más”, comenzaba su crónica, apuntando: “Es una capital de provincia, en pleno progreso, donde se trabaja mucho y se vive bien, y que siendo el sitio donde se fabrican los célebres cuchillos, navajas y puñales, no registra en sus fastos ningún crimen cometido con arma blanca. Venden navajas y no las usan. Ya eso merece notarse”.
Otra de las virtudes de Albacete, según la escritora, era que “en ningún punto de España se toma tan buen café. Es el café excelente en todas partes: en los cafés lo mismo que en las fondas, y en las fondas igual que en las casas”.
Destacaba a su vez la atención que se prestaba a las personas humildes, con más de 2.000 comidas diarias que se repartían a quienes no tenían qué echarse a la boca. Y lo ponía en comparación con los 25.000 vecinos y vecinas que tenía la capital para entonces. “Bien digo que la miseria es cosa desconocida en Albacete; hablo de la miseria negra, la que causa las muertes por inanición y frío, que registramos en Madrid”.
En cuanto a los salarios, afirmaba que no existía “descontento” entre la clase obrera, y tampoco paro, “al contrario, se nota escasez de brazos para las faenas agrícolas, y les podríamos enviar algunos de los desempleados de aquí”. Serían las charlas que mantuvo con los políticos de entonces, como el alcalde y empresario Francisco Fontecha Nieto. Pero como carta de presentación de Albacete, impecable.
Al parecer, cuando doña Emilia narraba a su círculo madrileño el balance de su viaje a Albacete, contaba: “Me dicen que hablo bajo la impresión del extraordinario recibimiento que en Albacete se me ha tributado. Habría que probarme que los datos aducidos son inexactos. Si no lo son, no hay por qué ver ningún apasionamiento en lo que digo”.
De la misma manera, no podía ocultar su admiración en torno a cómo se forjaban navajas y cuchillos en Albacete. “Hoy ya no se fabrican puñales como antaño, y aquella típica figura del hombre que saltaba dentro del tren, ofreciendo a los viajeros puñales, navajas, cuchillos, pertenece al pasado. En cambio, Francia ha encargado a Albacete muchos millares de navajas cachicuernas, supongo que no como arma de guerra, sino para partir el zoquete de pan o cortar la rama de árbol”.
Ver la forja de una de esas hojas le dejó sorprendida “por la precisión de los golpes que descarga el obrero sobre la barra candente al rojo. Tienen que ser tantos golpes, dados de tal manera, y sin duda uno más o menos estropearía la labor. Parece cosa sencilla, y no lo es. No hay nada que no requiera habilidad”, descripción bella y exacta de un oficio que ha hecho famosa y peculiar a la ciudad de Albacete.
Y en cuanto a la fábrica de La Pajarita, la sorpresa fue en aumento por la forma en la que se fabricaban los caramelos de los Alpes, con una técnica propia del cristal de Venecia, apuntaba, o el “lindo espectáculo” de cómo se confitaban las peladillas y se elaboraban los populares fideos de esta conocida factoría que dio nombre a un barrio vertical de 500 viviendas, ahora de actualidad tras su remodelación energética completa.
Hablaba de Albacete como una población “en un período de crecimiento y prosperidad”, refiriéndose a la calle Ancha -las actuales Marqués de Molins y Tesifonte Gallego- como Gran Vía, adornada con una “doble fila de bellos edificios, dotados de todos los modernos requerimientos del confort”.
Para ese momento se encontraba muy avanzada la construcción del Gran Hotel, que un año después ya ofrecía algunos servicios, y al que comparaba con el Palace de Madrid, aunque “algo más pequeño, pero igual en su construcción”. También puso el acento en el esfuerzo en la construcción de las sedes de la Diputación, el Ayuntamiento y el Casino Primitivo y algún que otro colegio, “y se ha roturado y poblado y embellecido el vasto parque, demostración positiva de que, si en el suelo de la Mancha no crecen árboles, es sencillamente porque nadie se cuida de plantarlos. El parque será en breve un oasis de verdor, el pulmón fresco y oxigenado de Albacete”.
No se le escapaba detalle a la novelista, informando del empréstito de millón y medio de pesetas que había concertado el Ayuntamiento “para obras convenientes, ya sea un hospital, un cuartel, un campo de aviación”.
Las fábricas de energía eléctrica y la pujanza del sector agrícola eran otras fortalezas albaceteñas subrayadas. “Sus campos están bien cultivados, y el trigo y las cepas de vid empezaban a verdear cuando los crucé. Produce el azafrán, la cosecha más rica de todas. Cuando la rosa es abundante, el bienestar se difunde. Las aspiraciones y proyectos, en los hogares humildes, tienen por base la fertilidad del azafrán. También se coge en la provincia buena cantidad de esparto. En Hellín son ricas e importantes las minas de azufre”.
Y resaltó que Albacete fuera la única ciudad española que, con motivo del Centenario, se decidiera a erigir un monumento a Cervantes. “Al hacerlo, no sólo demuestra cultura literaria, sino españolismo. Cervantes ha venido a ser como un símbolo de la unidad de la patria, fundada en el idioma, y donde Cervantes tiene monumento, no se rompe la tela de nuestro común existir nacional”, concluía.
El agradecimiento a la presencia de Pardo Bazán fue unánime. El Gobierno Civil trasladó a la condesa en mayo de 1916 el acuerdo de la Diputación Provincial dándole las gracias de manera formal por su participación en los actos realizados en la capital un mes antes, elogiando su “privilegiado espíritu” y la brillantez con la que honró los Juegos Florales, dejando un recuerdo “imborrable” entre los hijos de la provincia.
Comienza la odisea
No obstante, la conclusión del monumento cervantino no fue coser y cantar. La primera piedra que colocó la gallega allí se quedó, en pleno parque. Pero durante años no se levantó ni un centímetro ni el pedestal que debía soportar la cabeza de Cervantes. Ni mucho menos el busto en cuestión.
La iniciativa arrancó con fuerza. Unos Juegos Florales de altura para vestir la colocación de la primera piedra y una campaña de recaudación de fondos entre los centros educativos, maestros y “admiradores de Cervantes”, coordinada por el director del Instituto albaceteño, Elías Alonso, fueron las primeras acciones. Se reunieron 147 pesetas con 45 céntimos.
Esta iniciativa le valió el reconocimiento de publicaciones como Vida Manchega, la revista regional que, en el número dedicado a este tercer centenario de la muerte de Cervantes subrayó el esfuerzo albaceteño y el olvido de otros territorios de La Mancha. “Sólo Albacete celebró unos juegos Florales espléndidos, teniendo por mantenedora a la ilustre Pardo Bazán. Ciudad Real, la tierra de Alonso Quijano el Bueno, el país teatro de las aventuras del andante caballero, la tierra preferida por Cervantes para escribir su obra inmortal se cruzó de brazos y dejó que pasara como inadvertida la fecha de! tercer centenario. ¿Por culpa de quién? No es este el momento oportuno para determinarlo. A todos los pueblos, á todos los organismos, oficiales y particulares de la Mancha, les corresponde un tanto de culpa”.
No obstante, el proyecto que debía servir de base para el monumento se guardó en la planta baja del Ayuntamiento, en la antigua sala de sesiones. Y ahí permaneció durante meses la obra del prestigioso escultor José Capuz, hasta que un concejal de apellido Hortelano sugirió en 1917 que se avisara al Ateneo de la permanencia de tal boceto para que se lo llevara por cuestión de espacio. Había que dárselo a la oficina de reclutamiento.
Aportaciones al monumento madrileño
Y mientras el monumento albaceteño debía homenajear al escritor madrileño seguía a la espera, el Consistorio capitalino decidió, en 1925, destinar 300 pesetas a la escultura que se iba a levantar en Madrid a tan destacado representante de las letras españolas. La obra que en la plaza de España de la capital en honor a esta obra universal -aparecen Don Quijote, Sancho Panza y el propio Cervantes- se inauguró en 1929, según el proyecto del arquitecto Rafael Martínez Zapatero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera, contando cuando comenzó a levantarse, en 1925, con la colaboración adicional del también arquitecto Pedro Muguruza.
Pero los años pasaban y la escultura del Parque en recuerdo del Manco de Lepanto no llegaba. Aunque de vez en cuando resurgía como el Sabio Frestón. De hecho, el 17 de mayo de 1934, casi 20 años después de la primera piedra, Defensor de Albacete proponía que en el espacio donde hasta ese momento se ubicó el templete de la banda de música, frente al Chalet Buenos Aires -ahora, colegio de San Fernando- se instalara esa escultura. “Queremos recordar cómo en reiteradas ocasiones hemos pedido que se lleve a cabo el proyecto de monumento que había de honrar dignamente la memoria del autor del Quijote. Existe desde hace años este proyecto y aun por alguna entidad se inició una suscripción con tal fin. No constituye ciertamente para Albacete un timbre de gloria el que tan bella iniciativa no pueda llevarse a cabo. El monumento a Cervantes podía muy bien ser expresión y símbolo del resurgimiento espiritual de Albacete, por el que recientemente se ha propugnado”.
Horas después, el otro periódico, Diario de Albacete, en su edición vespertina, no sin sorna, y en la sección Chinitas Políticas, se planteaba: “¿Un monumento a Cervantes en el Parque? Quiá, que ese era un cavernícola. A Galán y García Hernández”. Y de ahí no pasó ni la polémica, ni la iniciativa.
El No-Do recogió la inauguración
Ya, en 1948, llegó por fin el monumento. Y la noticia no pasó desapercibida, puesto que de su difusión se encargó el No-Do, el noticiario franquista. Aunque en 1945 el telediario del dictador ya recogió un acto celebrado durante la Feria -un homenaje al Ejército del Aire-, la primera ocasión en la que los equipos del noticiario español se trasladaron hasta la ciudad con el objetivo de recoger en imágenes el acto social de mayor importancia de Albacete, la Feria, fue en 1948, y para ello desplegaron todo un completo operativo.
Del 299 B, No-Do que recoge en menos de dos minutos algunos de los momentos más intensos de aquella Feria -Ferias, según la ficha que se conserva de este documental en los archivos de Filmoteca Española-, se ha perdido la banda sonora, lo cual no es un impedimento para considerar este documento como de un extremo valor histórico y, por supuesto, sentimental.
Aquella Feria tuvo una clara vocación quijotesca, cervantina, y, de hecho, las cámaras del No-Do grabaron la inauguración, por fin, del busto ubicado en el Parque de Abelardo Sánchez -de los Mártires, en aquellos momentos- dedicado a Miguel de Cervantes, acto que tuvo lugar en la mañana del 16 de septiembre de aquel 1948.
El periódico Albacete definió en portada aquella inauguración como “un acto sencillo al parecer, pero de verdadera grandeza, de exaltación de la figura cumbre del Príncipe de los Ingenios Españoles”.
El alcalde de la ciudad, Juan Silvestre Miñana, en los discursos de rigor, recordó que en su momento ya se pusieron las bases del futuro busto a Cervantes, tras lo que se mostró plenamente satisfecho de haber contribuido a romper “el olvido de aquella primera piedra”. Más vale tarde que nunca. Habían pasado más de 30 años desde la colocación de la primera piedra que, quién sabe dónde quedó.
Pero el monumento no fue descubierto por la primera autoridad municipal, sino por el presidente de la Comisión Cervantina, el abogado Antonio Gotor, como muestra de agradecimiento por el trabajo desarrollado por este colectivo con la organización de diversos actos culturales en torno a la figura de este universal escritor a lo largo de aquel año. Gotor afirmó que los albaceteños, con el descubrimiento de la escultura de Cervantes, completaban o salvaban la laguna que dejó este literato al decir aquello de “en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”, con la afirmación de “en un lugar de la Mancha, Albacete, del que me acordaré siempre, porque como manchegos y como cervantinos hemos sabido rendirle el homenaje que merece”.
Habló asimismo del crecimiento logrado por la ciudad y del “ambiente propicio a que Don Quijote siga siendo en estas tierras símbolo de las altas virtudes de la raza”. Para concluir el acto: aplausos de los asistentes y el himno nacional, interpretado por la Banda Municipal de Albacete.
Pero, además, aquel noticiario recogió el desfile de las carrozas que tomaron parte en la Batalla de Flores, algunas de ellas dedicadas al bueno de don Quijote y a su creador, una temática fija históricamente en los desfiles y cabalgatas de la Feria albaceteña.
En la Batalla de Flores de aquella Feria de 1948 desfilaron las carrozas promovidas por instituciones y colectivos, y en las que viajaban niños y señoritas, como Abanico del Club Taurino; Trono Barroco del Casino Primitivo; Mercurio y el Cuerno de la abundancia, del Círculo Mercantil e Industrial; Alas dominadoras, del Ejército del Aire; Circo Ecuestre, del Ayuntamiento de Murcia; ¡Oh reina y señora universal del Toboso!, de la Unión Territorial de Cooperativistas del Campo; Dragón, de la Casa de Hijos de J. Legorburo; El Bolso de Blancanieves, de Fontecha y Cano; Torre Elefantina, del Club Cinegético; ¡Que son molinos!, de la Diputación Provincial de Albacete; Marca Famosa, de la Casa Jiménez Hermanos, o Alegoría del Capítulo XLI del Quijote, del Ayuntamiento de Albacete, entre otras, además de coches engalanados con flores y guirnaldas.
Todo un espectáculo que dio mayor colorido a una Feria que ya había tenido una apertura muy lucida con los actos tradicionales, desde el traslado de la Virgen de Los Llanos del Ayuntamiento al Recinto Ferial, escoltada por el Ejército de Tierra y del Aire y por una brigada ciclista de la Policía Local, a una ruidosa traca, y por supuesto, la Cabalgata, de horario nocturno, puesto que comenzó a recorrer las calles de la ciudad en torno a las 23.30 horas.
Eran ferias con un carácter abierto, no limitado a los aspectos exclusivamente festivos, sino que la cultura formaba parte indispensable del programa. Es más, uno de los platos fuertes de la edición de 1948 fueron los Juegos Florales, organizados por el diario Albacete y patrocinados por el Ayuntamiento, y cuya entrega de premios tuvo lugar el 18 de septiembre en el Teatro-Circo. En aquella ocasión, el primer premio -Flor Natural y 4.000 pesetas en metálico- fue a parar a Manuel Martínez Remis, de Madrid. Pero en aquella Feria también hubo tiempo para los toros, para misas, para el mercado de ganados, para exposiciones de pintura o para concursos de bandas de música.
Y así fue como la semilla que se plantó en 1916 terminó por germinar y el monumento a Cervantes fue una realidad más de tres décadas después. Y ahí permanece.