Rafael Llanes, experto en IA: “Esta tecnología puede marcar la diferencia más en las pequeñas empresas que en las grandes”
La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología futurista reservada a las grandes multinacionales. Cada vez más empresas, especialmente pequeñas y medianas, empiezan a incorporarla en tareas cotidianas que hasta hace poco consumían horas de trabajo manual: responder correos, transcribir reuniones, organizar reservas, analizar datos o atender clientes.
Así lo asegura Rafael Llanes, CEO de Skyview España, una compañía especializada en la optimización de procesos empresariales y que ahora centra buena parte de su trabajo en ayudar a las empresas a integrar herramientas de inteligencia artificial. Llanes sostiene que la verdadera revolución no está solo en la tecnología, sino en su accesibilidad: “La barrera de entrada es prácticamente inexistente”, afirma. Desde micropymes hasta grandes compañías, defiende que cualquier organización puede empezar a automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para dedicarlo a actividades de mayor valor añadido.
¿Cómo detectar qué procesos son automatizables, cuáles no, y cómo empezar a automatizar aquellos que sí que lo sean?
Detectar que un proceso es automatizable es muy fácil. Solo tenemos que responder a una pregunta: ¿Dónde consideras que estás invirtiendo demasiado tiempo? Es la forma más fácil de identificar tareas manuales y repetitivas. ¿Qué parte de tu trabajo es manual y se limita a cortar y pegar? ¿Cuánto tiempo inviertes en responder correos que se podrían responder de forma muy sencilla? Eso te da la pista de que es un proceso donde la inteligencia artificial encaja bastante bien.
Por ejemplo, te lo pregunto a ti. ¿Dónde consideras que estás perdiendo bastante tiempo tú como periodista?
En la transcripción de entrevistas.
Ahora, usando inteligencia artificial, eso que te dice el entrevistado, en vez de tomar un bloc de notas y escribirlo a mano y de ahí pasarlo al ordenador, directamente te lo vuelca en un archivo de texto con el cual puedes empezar a trabajar. Ese sería un ejemplo perfecto. La traducción, igual, antes dependíamos de gente experta que dominara varios idiomas y ahora mismo tenemos traductores en mil sitios que nos hacen unas traducciones realmente fieles gracias a la inteligencia artificial.
Se trata de identificar esas tareas en las que son muy manuales y en las que invertimos muchísimo tiempo. Y que si nosotros nos liberáramos de ese tiempo, podríamos ganarlo para cosas que realmente tengan más impacto en el negocio, como atender a los clientes, generar más ventas, dar un mejor servicio, etc.
¿Cómo pueden las empresas empezar a trabajar con la IA? ¿Cómo pueden saber las herramientas adecuadas?
La parte buena es que la tecnología no puede ser más fácil de usar. Tú le hablas y ella te responde. Al hablar nuestro lenguaje natural, no hay barrera de entrada a la tecnología, no hay curva de aprendizaje. Solo tenemos que saber hablar y todos sabemos hablar.
La parte mala es que la tecnología avanza muy rápido. Cada dos semanas salen cosas nuevas y es imposible estar actualizado o a la última de todo. Sin embargo, eso no es una excusa para que no empecemos a recorrer ese camino cuanto antes. Porque si pasa eso, el riesgo de quedarnos desfasados es muy grande, y de lo que estamos hablando al final es de pérdida de competitividad.
Esta tecnología realmente puede democratizar y puede marcar la diferencia más en las pequeñas empresas que en las grandes. En las grandes cuesta muchísimo, por culturas heredadas y por la propia cultura empresarial, cambiar la forma de trabajar. Pero en una pequeña empresa, cuyo beneficio es la agilidad, el impacto puede ser muchísimo mayor y puede darle una ventaja competitiva brutal.
Estamos hablando de ganancias brutales y ahorro de tiempo, y eso va a tener muchísimo más impacto pequeña que en una empresa mediana y en una empresa mediana que una empresa grande. La parte buena es que esta tecnología puede democratizar la competitividad de las empresas y hacerlas más competitivas en poco tiempo.
Sin embargo, la ventana de oportunidad es muy estrecha. Estamos hablando de 12 a 18 meses, 24 meses. Con lo cual, el riesgo de no empezar a adoptar tecnología a día de hoy es que nuestros competidores lo hagan y entonces empecemos a perder cuota de clientes, cuota de mercado.
¿Es sostenible seguir esa carrera de velocidad, por así decirlo, para una pequeña empresa?
Sí, es perfectamente sostenible. ¿Por qué? Porque hay gigantes tecnológicos como Google, como Microsoft, que te dan una gran tecnología por un pequeño precio mensual.
Estamos hablando de que una suscripción te cuesta lo normal, de 20 a 30 euros, pero máximo van a ser 100. Entonces, lo que tenemos que plantearnos es la gran cantidad de ahorro que va a tener nuestro negocio a cambio de una pequeña suscripción que puede ser como la cuota del gimnasio.
Más que a coste, me refería a capacidad de adaptación.
Pero ahí volvemos a lo que te decía yo, que al ser la tecnología tan fácil de actuar como poder hablar, es cuestión de perder el miedo. Es un miedo más psicológico que real. Yo estoy constantemente haciendo formaciones a empresas de todo tipo, desde las más grandes a las más pequeñas, y a la gente que nunca ha interactuado con inteligencia artificial, en el momento en que le acompañas en el primer paso, ya le pierden el miedo y para ellos se habitúan. Incluso cogen el hábito de dictar y de hablarle en vez de teclear. Hay cursos, incluso de instituciones públicas, de 6 a 12 horas o 6 a 18 horas, y con 6 a 18 horas, que te dan las nociones básicas para empezar el camino y empezar a aprender tú solo.
Así que, insisto, la barrera es prácticamente inexistente. Es cuestión de dedicar una pequeña parte del tiempo a ello, como cuando aprendimos a manejar el correo electrónico.
Me comentabas fuera de entrevista que le has pedido a la inteligencia artificial que te desarrolle un informe acerca de cómo potenciar la economía y la competitividad en la provincia de Toledo. ¿Qué oportunidades ha detectado?
Yo utilicé durante una noche varios investigadores virtuales basados en inteligencia artificial para que me hicieran un análisis de la provincia de Toledo. Lo primero que me sorprendió es que hay un microtejido empresaria muy amplio, más de 45.000 empresas, que suponen un tercio de las empresas de toda la Castilla de la Mancha, y que el 81% son micropymes y autónomos. Es decir, empresas de uno o dos empleos, nada más.
Hay mucha manufactura y mucho sector agrario: calzado de todo tipo, quesos artesanales, productos de denominación de origen, quesos, vinos. En ese contexto se puede aplicar la innovación a un nivel muy alto que puede tener un impacto brutal.
Entonces, yo le pedí a esos investigadores qué cosas se podían mejorar con inteligencia artificial basándonos en casos de éxito llevados a cabo en otras partes del mundo que tengan una casuística muy parecida a esta provincia. Y ahí es donde vienen los casos de uso más interesantes.
Por ejemplo, aplicable al corredor de la Sagra, en una región de Italia, la IA optimizó las rutas logísticas, logrando un ahorro del 28% de los kilómetros recorridos, 350.000 euros de ahorro en gasolina y se incrementó la puntualidad porque, claro, agrupan los pedidos según tiene más sentido, con lo cual llegan antes a cada sitio.
Otro caso: en la Denominación de Origen del queso parmesano pusieron un olfato digital en aduanas para detectar productos falsos y echarlos para atrás para que no les bajaran el prestigio ni hundieran los precios.
Hay empresas que tienen asistentes virtuales que cogen llamadas y envían whatsapps a los clientes. Esto para hoteles y para restaurantes es genial porque las llamadas perdidas pasan a ser cero.
Y lo que es el no-show, que es cuando un cliente reserva y no va al hotel o no va al restaurante, se reduce en un 40% cuando el cliente dice recibe un mensaje de confirmación de la reserva. Él responde si le es imposible y así esa mesa se libera. Tienes ingresos que de otra forma no tendrías.
También en los controles de calidad para, por ejemplo, el queso manchego, se pueden poner microcámaras para mejorar la calidad de los productos y detectar el punto óptimo de fermentación. De esa forma reducimos el desperdicio de productos que no pasan al control de calidad y aumentamos la calidad de nuestro producto, pudiendo subir el precio y el prestigio de la marca. También ganamos tiempo porque fermentamos cada queso a nivel individual en su punto más óptimo.
Y todo eso con una noche de trabajo solo, imagínate. Mientras yo estaba descansando, mis investigadores virtuales hicieron el trabajo.