El Patronato de Sestao, altar y tribuna
En enero de 2025, y a través de una persona cercana, aceptamos participar en la organización de los actos que la Unión Pastoral y el Ayuntamiento, pretendían desarrollar para conmemorar, en 2026, los 125 años de historia del Patronato de Sestao. Nos vinculamos por nostalgia de antiguos alumnos del Colegio Valentín de Berriochoa, por atadura una familia “patronatera” hasta la médula y por la inquietud investigadora que, siempre resulta interesante.
A partir de entonces y con una absoluta libertad para actuar otorgada por parte de las instituciones convocantes, empezamos a recopilar documentación, bibliografía, visitas a los distintos archivos con un único objetivo: ampliar la información sobre nuestra intensa, pero corta vida colegial, deportiva y social para conocer en profundidad la historia del Patronato. 125 años aunaban tal número de personas y acontecimientos relacionados que bien merecían un trabajo serio, y arriesgado, a la vez que atractivo. Teníamos información difusa, habíamos participado durante unos años del fervor del movimiento scout, disfrutamos de la algarabía que la colonia de Puente Arenas provocaba en la juventud sestaoarra cada verano, pero éramos conscientes de que se nos escapaba muchas realidades ocultas en memorias silenciosas. Había que indagar en la esencia del Patronato, comprender la razón por la que una infinidad de personas mostraban una sonrisa cuando les hablábamos del incipiente proyecto.
Desde el primer momento la idea principal fue una exposición fotográfica, solución adecuada para favorecer el recuerdo y recuperar los buenos momentos. También comprendimos que había que profundizar más si queríamos que el Patronato apareciera en todas sus dimensiones; así surgió la idea de acompañarla con la realización de un vídeo, en el que las opiniones de las personas entrevistadas nos dibujaran el interior de una institución ampliamente centenaria.
No era tarea fácil; las grises paredes del edificio habían sido reemplazadas por las primeras viviendas de protección oficial del pueblo, entre las cuales, se mantenía como testigo religioso la nueva iglesia del Sagrado Corazón, sustituyendo a la anterior, edificada en 1901 como capilla y consagrada como parroquia 55 años después.
Tampoco resultaba sencillo acudir a fuentes orales nacidas más allá de los años 40-50; a las pérdidas humanas se unía el deterioro físico, propio de la edad. Pese a todo, había que intentarlo, porque sus recuerdos, sus experiencias vitales serían de mucho valor. Y no nos equivocamos: sus relatos sobre los primeros cursos del colegio, los primitivos grupos scout, los juramentos de sus monitoras y monitores y la organización de las tandas vacacionales, los incipientes pasos para organizar a las mujeres nos descubrieron un mundo inédito por desconocido, pero tremendamente estimulante.
Aquellos tímidos pasos dados por miembros de la oligarquía vizcaína al crear el Patronato de los obreros de Sestao a comienzos del siglo XX, deseosos de ofrecer una vía más espiritual que las que ofrecían los primeros partidos políticos y sindicatos obreros, se habían consolidado. A José Mª Urquijo e Ibarra, primer presidente del Patronato de Obreros de San Vicente Paúl de Sestao, le sucedieron otros hombres acaudalados que dejaron en manos de organizaciones religiosas (jesuitas, primero, sacerdotes diocesanos después) la responsabilidad de dinamizar la vida religiosa, educativa, social y hasta deportiva de las gentes obreras de Sestao. Altos Hornos de Vizcaya, dada su proximidad a las instalaciones ubicadas en la estratégica calle Chávarri, contribuyó económicamente para que sus propios obreros pudieran formarse en diversos oficios, a la vez que sus niños/as asistían a las catequesis, daban patadas al balón en el imprescindible frontón y silabeaban sus primeras palabras en el parvulario de Doña Pura. Según fuentes de la época, hasta 1.500 niños y niñas pasaron durante los años de la II República por esta formación religiosa.
Tras la Guerra Civil y la instauración de la larga dictadura franquista las enseñanzas del Patronato adquirieron una nueva dimensión. En todo ello tuvo mucho que ver la llegada a Sestao del sacerdote Anastasio Olabarria, en 1946, quien acertó a unir consigna religiosa y apertura social en unos años oscuros para las ideas democráticas. Suyos fueron los esfuerzos por organizar en el pueblo las primeras asociaciones cristianas con contenido social, las JOC y las HOAC. Y suya fue la iniciativa para dotar a Sestao del primer centro educativo en impartir Enseñanza Secundaria en la comarca, en el año 1952. No tuvo que ser fácil para este sacerdote nadar en aguas turbulentas, buscando la equidistancia entre una jerarquía eclesiástica fielmente adaptada al régimen franquista y una clandestina oposición, dispuesta a situarse en las barricadas, que solicitaba apoyo popular. Es conocido que la parroquia tuvo que soportar algunas sanciones ante mítines demasiado efusivos con el nacionalismo vasco y las proclamas comunistas. Ese fue el espíritu del Patronato, como bien reflejó el propio Olabarria, cuando definió en plena celebración de las bodas de oro, en 1951 el sentir de la institución: “altar y tribuna”.
No se descuidó tampoco la atención a los grupos humanos escasamente atendidos en aquellos años 50-60: la niñez y la mujer. En ambos casos, el Patronato promovió propuestas más o menos acertadas, que buscaban siempre la protección y mejora de esos colectivos. Así ocurrió con el inicio de las colonias veraniegas en la localidad burgalesa de Puente Arenas (Valle de Valdivielso). Tras la compra de unos terrenos y casas adyacentes a Iberduero, en julio de 1965, chavales y chavalas sestaoarras pudieron dejar sus tristes y sucias calles por unos días. Y es que como manifestaba el propio centro al Ayuntamiento local, “… ”Que es de todos conocido (…) el hecho de la insalubridad de un área considerable de nuestro pueblo (…) por la enorme saturación de humos, gases y hollín procedentes de la Industria adyacente. Que desde la constitución de la Parroquia hemos sentido la necesidad de proporcionar a los niños que carecen de verano la ocasión de pasar una temporada en ambiente sano (…)“. Durante más de tres décadas, miles de jóvenes disfrutaron de los veranos burgaleses, de sus aguas, paseos, concursos y breves noches de películas de terror. Semejante esfuerzo sólo pudo llevarse a cabo por la generosidad de monitoras/es, sacerdotes y cuadrillas de jubilados/as que mantenían las instalaciones de forma adecuada.
En el caso de las mujeres, antes de la aparición de los Centros de Promoción de la Mujer, iniciativa público-privada (Diputación vizcaína, Ayuntamiento y Caja de Ahorros Vizcaína) el Patronato dio los primeros pasos ofreciendo para ellas formación específica con la que dignificar su rol en la sociedad del momento. Del mismo modo, antes de la creación del Organismo de Protección de los Parados, mucho antes aún de que este servicio fuese eminentemente obligación del Estado, el Patronato ayudó a las personas sin trabajo (y sin nóminas de ningún tipo) a labrarse un salario con la recepción, rotura y traslado del vidrio a las fábricas correspondientes.
También la juventud sestaoarra fue atendida desde el Patronato. Ya, en los años 50, cuando las únicas opciones de diversión organizada nacían y morían a manos de la falangista O.J.E., en aquellos locales de Chávarri, y, a instancias de algunos sacerdotes, el movimiento Scout trataba de instalarse en el pueblo con reuniones primero semiclandestinas, después a cielo abierto por los innumerables montes vizcaínos. Con más o menos tensión y dedicación, con los altibajos propios de unos años de fuerte movilización social, el escultismo de Sestao acabó por afianzarse en los años setenta, perdurando durante décadas hasta el día de hoy. No sin envidiable orgullo, cientos de jóvenes proclaman que Sestao fue el grupo originario del movimiento scout vizcaíno.
Esos años 50 también conocieron el despertar de la cultura vasca desde el Patronato. Personas vinculadas al folklore vieron la oportunidad de crear un grupo de danzas, Eusko Lorak, que transita desde entonces de forma muy participativa por todos los escenarios públicos y callejeros de Euskadi.
El fin de la dictadura y una cierta normalización democrática, en los años 80, supusieron un cambio importante en la dinámica “patronatera”. De un lado, la desaparición del antiguo Bachiller y la instauración de la ESO y el BUP con la promulgación de la ley educativa de Villar Palasí; de otro, la iniciativa de construcción de institutos públicos de Enseñanza Secundaria en toda la Margen Izquierda redujo ostensiblemente la llegada de nuevo alumnado al Colegio Berriochoa. Las ayudas económicas que insuflaba la diócesis vizcaína para paliar los déficits presupuestarios eran insuficientes. Ni siquiera aquella idea tan original que fue la creación del Cine Amézaga, en 1956, para, con sus recaudaciones, aliviar las cuotas que debían pagar las familias del alumnado, solucionaba el problema deficitario. Llegaban tiempos oscuros para el Colegio, aunque sobrevivió aún unos años convirtiéndose en la nueva sede docente de distintas ikastolas de la zona, hasta la constitución del nuevo centro Asti Leku, en Portugalete.
El año de 1989 marca el principio del fin del histórico Patronato; en enero se celebra la última misa en la parroquia y en marzo se derriba el colegio. A partir de entonces se inician las conversaciones con el Ayuntamiento para la compra de los terrenos que llevarían a la construcción de las viviendas de protección social y de la nueva parroquia. Comenzaba una nueva trayectoria en la vida de hombres y mujeres que tomaban otra vez el testigo de conducir, ayudar, proteger y formar a personas con viejas necesidades en una sociedad cada vez más segregada y menos solidaria.
Recordar la historia del Patronato no es añorar el pasado ni correr tras el viento. Revivir sus logros y fracasos es aprovechar las lecciones pasadas para seguir alimentando la llama de la esperanza.
*Firma también Javier García de Vicuña Peñafiel. Autor y coautor exalumnos, exranger y excampistas
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