El deseo de un nuevo Estatuto para Euskadi
En el contexto del 500 aniversario del Fuero Nuevo de Bizkaia y teniendo presente la legitimidad de los derechos históricos. Reflexiones personales expuestas hasta ahora en el ánimo de avanzar en el deseo de un nuevo Estatuto para Euskadi y la profundización en su autogobierno.
Mi compromiso tras ser elegido Lehendakari, recogido en el Programa de Gobierno, fue proponer la creación de una ponencia parlamentaria para que los grupos evaluasen el Autogobierno vasco y, desde el máximo consenso posible, sentasen las bases de su desarrollo futuro. La ponencia se constituyó el 27 de marzo de 2014.
Hasta entonces y, después hasta ahora, creo que podemos decir que en el ámbito político y social en Euskadi compartimos mayoritariamente:
- El reconocimiento de que las instituciones de las que se dotó nuestra comunidad, Euskadi, con el Estatuto de Gernika han contribuido a mejorar nuestra vida en común y bienestar.
- Asumimos que el Estatuto se encuentra incumplido.
- Compartimos la singularidad que reconoce el sistema de Concierto Económico, en cuya defensa coincidimos prácticamente con unanimidad.
- Sentimos la necesidad de actualizar el Autogobierno: basado en los derechos históricos de los territorios, del Pueblo Vasco, y adaptarlo a la nueva realidad de la Europa de la que formamos parte.
El Autogobierno ha abierto la puerta a la institucionalización de Euskadi. Su ejercicio nos ha permitido alcanzar las cotas de bienestar, calidad de vida y confianza institucional más elevadas de nuestra historia. Ponemos en valor el Autogobierno vasco, un “bien jurídico” muy apreciado por muchas razones, entre las que cabe destacar tres:
Es el instrumento de nuestra convivencia democrática, de nuestra capacidad para entendernos en el seno de la comunidad, para entendernos también con otros pueblos y sociedades y para hacerlo con unas reglas básicas de respeto y lealtad.
- Es el instrumento de nuestro desarrollo, entendido como capacidad para alcanzar nuestra dimensión humana más adecuada y lograr que nadie se quede atrás. Es la base sobre la que descansa el sistema vasco de bienestar.
- Y es el instrumento de nuestra identidad plural e inclusiva, de una comunidad que se erige en sociedad con derechos individuales y colectivos.
El Autogobierno vasco es un bien histórico. La tendencia, en ocasiones, es desdeñar e, incluso, ignorar lo conseguido. Hoy, sin embargo, en un mundo incierto y competitivo, somos más conscientes de que hemos heredado un Autogobierno que nos permite, si lo cuidamos, mantenernos en pie como Pueblo.
Consciente de las limitaciones y del transcurso del tiempo, tengo en la más alta valoración lo que somos y lo que hemos construido con nuestro Autogobierno. Asumida esta realidad, tampoco podemos ignorar las deficiencias del desarrollo estatutario, que se concretan en la falta de culminación del proceso de transferencias y en una degradación de las mismas.
El Estatuto de Gernika, expresión actualizada de los derechos históricos, fue concebido por la sociedad vasca como nuestra propia Constitución. En estos años, se ha producido una degradación de la naturaleza del Estatuto. Estamos sufriendo una erosión y una devaluación práctica de la capacidad y rango jurídico y simbólico del Autogobierno vasco, provocada por la legislación invasiva y la jurisprudencia, que devalúan su capacidad real.
El devenir hasta ahora no ha respetado el espíritu inspirador del pacto estatutario de 1979 que asentaba los principios de “sujeto”, “bilateralidad”, “pacto” y “garantías”. No ha sido posible acordar y crear los instrumentos que garanticen el desarrollo pleno del Estatuto. Tampoco asegurar las garantías de cumplimiento que preservan el carácter pactado del mismo.
Hemos sufrido una mutación del pacto estatutario. Es necesaria una nueva convención. Es indispensable reconocer la realidad plurinacional del Estado y volver a otorgar al Autogobierno de Euskadi el rango deseado y expresado por la ciudadanía vasca.
Han sucedido muchísimas cosas desde que en 1979 aprobáramos el Estatuto de Gernika. Desde 1979 y, hasta hoy, los Tratados Constitutivos de la Unión Europea se han ido modificando, al hilo de la adhesión de nuevos países y de sucesivos procedimientos de reforma. Nadie cuestiona la ejecutividad del Derecho europeo. El desplazamiento geográfico de la geopolítica y las consecuencias derivadas de la ampliación de la Unión que han afectado a la distribución de sus Fondos.
Ha cambiado, pues, la “Constitución” (si así se pudiera interpretar) de la Unión Europea y, también, las propias Constituciones de los Estados miembro. El principio de subsidiariedad y el lema de “Unidos en la diversidad” son ejemplos ilustrativos. En estos años, la Constitución Española se ha modificado en dos ocasiones y el Estatuto de Gernika es el único de todo el Estado que no se ha actualizado.
Mientras tanto, el Estatuto, ley orgánica que “desarrolla directamente la Constitución”, sigue pendiente de ser cumplido en su totalidad. El Informe “La erosión silenciosa” presentado y entregado al Parlamento Vasco en septiembre de 2021 es clarificador. Es un informe que remití personalmente al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
Se han promovido leyes de bases y recursos de inconstitucionalidad, reales decretos ley omnicomprensivos, decisiones informadas en Conferencias Sectoriales interpretando el Estado NO en base a la realidad plurinacional. El cumplimiento leal del Estatuto conlleva desterrar la tentación de la unilateralidad y buscar acuerdos bilaterales. Es lo que corresponde en cumplimiento de los acuerdos de amplia mayoría del Parlamento Vasco. No más. Tampoco menos.
Es necesario, después de 47 años, revertir la dinámica constante tendente a la armonización del proceso autonómico. Es más necesario en un Estado compuesto y complejo, que cuenta con sus singularidades y un Autogobierno reconocido. El propio texto estatutario que ratificó la sociedad vasca hace 47 años dice en su disposición transitoria segunda: “Una Comisión Mixta integrada por igual número de representantes del Gobierno Vasco y del Gobierno del Estado, reunida en el plazo máximo de un mes a partir de la constitución de aquél, establecerá las normas conforme a las que se transferirán a la Comunidad Autónoma las competencias que le corresponden en virtud del presente Estatuto y los medios personales y materiales necesarios para el pleno ejercicio de las mismas, llevando a cabo las oportunas transferencias”.
Un mes era lo que dispuso, como máximo, el propio Estatuto para que se pusiera en marcha el proceso de transferencias, que debería culminar con su cumplimiento íntegro. Es una comisión permanente entre el Gobierno vasco y el Gobierno español que nos permita garantizar el cumplimiento del Estatuto de Gernika en su integridad.
Afirmo que el Autogobierno vasco debe evaluarse y formularse no como un edificio de nueva planta a erigir en el aire y sin enganche con el marco existente, sino desde la realidad de lo construido durante los últimos 47 años. El Autogobierno vasco debe ser apuntalado, ampliando los poderes ya reconocidos, adaptándose a la realidad europea y ensanchando los límites de la construcción institucional y social ya consolidada.
Dicho lo cual, el futuro del Autogobierno vasco, siempre a mi entender, pasa por la recuperación del espíritu del pacto, el mutuo reconocimiento y la bilateralidad. Estamos abocados a negociar y a acordar, lo que, según la doctrina constitucional española, es imprescindible y nada puede sustituir. Son las reglas. Reclamamos el cumplimiento íntegro del Estatuto para poder ejercer y acceder, entre otros, a derechos y servicios que nos corresponden.
Nos corresponde valorar lo que tenemos y compartir los cambios que necesitamos en el marco del ordenamiento jurídico vigente.
Adecuar el Autogobierno a la nueva realidad de la convivencia.
- Reconocer el carácter nacional de Euskadi y la singularidad de nuestro modelo.
- Profundizar en la pluralidad y el reconocimiento de los distintos sentimientos de pertenencia.
- Garantizar los derechos y políticas sociales, primar la cohesión y la justicia social.
- Actualizar el catálogo de competencias y ampliar el fondo competencial.
- Clarificar la capacidad de decisión y garantizar un sistema de bilateralidad efectivo.
- Profundizar en la relación entre los territorios del Pueblo Vasco. Así como, por lo tanto, con la diáspora vasca.
- Asentar la vocación europea y la proyección internacional de nuestro país.
Estos nexos pueden,y deben, facilitar la convergencia, ensanchar el acuerdo. Avancemos en un escenario para el acuerdo. Más acuerdo significa mejor pacto. Un acuerdo es más sólido cuanto más amplio es.
La grandeza de la democracia no se conforma con reflejar el derecho de la mayoría; suma, también, la consideración a la minoría, con el propósito de facilitar la integración. Un acuerdo mayoritario, en una norma básica de convivencia, garantiza su futuro. Un consenso más amplio lo refuerza. La clave es ensanchar el acuerdo.
Más acuerdo significa mejor pacto. El objetivo de una nueva etapa sería la asunción de Euskadi como realidad nacional con voluntad histórica de Autogobierno y de decisión; y la consideración del Estatuto como norma de rango cuasiconstitucional.
De ambas cuestiones derivan consecuencias jurídicas, políticas y relacionales; como propuesta a modo de Concierto Político:
- Una capacidad competencial y de autoorganización institucional singular;
- Una relación con el Estado basada en la bilateralidad y el pacto;
- Y un sistema de garantías eficaz que impida la vulneración del Autogobierno.
Sobre esta base, el Nuevo Estatuto Político de Euskadi debe nacer con la ambición de responder a las necesidades de este nuevo tiempo y de una nueva generación. La singularidad de Euskadi se basa en el engarce jurídico, incluso jurídico-constitucional, que ampara y respeta nuestros derechos históricos, libertades originales preservadas mediante pacto. He sido -y sigo siendo- partidario de explotar al máximo esta singularidad jurídica, singularidad reflejada en la foralidad contemplada en Disposiciones varias por la propia Constitución española.
Estoy convencido de que por esta vía podemos avanzar en un mayor Autogobierno y desarrollar las políticas económicas, sociales y culturales que permitan afrontar con garantías nuestro futuro en el marco de una Europa en construcción. Por esta vía podemos encontrar ámbitos efectivos de coincidencia y confluencia con Navarra, como refleja el Estatuto de Autonomía y la propia Constitución española vigentes en la medida que nos permite compartir, en el entorno foral, una misma tradición y vocación de Autogobierno.
Estoy convencido de que tenemos capacidad de alcanzar un nuevo pacto desde el mutuo reconocimiento y la bilateralidad efectiva. Creo en la unión desde la voluntad democrática y la libre adhesión, no creo en la unidad desde la imposición y la unilateralidad. Como Nación Foral que somos, nuestros derechos históricos, amparados y respetados, pueden dar de sí tanto cuanto pueda alcanzar nuestra capacidad de lograr pactos institucionales, adoptar decisiones políticas que sean refrendadas por la ciudadanía y respetadas, así como desarrolladas por los órganos compartidos que se articulen.
Por esta vía, podemos encontrar el cauce para avanzar en el Autogobierno, alcanzar el reconocimiento como nación y seguir construyendo Euskadi en una Europa más fuerte y abierta. Nuestro punto de partida es el Estatuto de Gernika en su integridad, incluida su Disposición Adicional, y otras, tal como fue refrendado por la ciudadanía vasca.
Este punto de partida representa una exigencia democrática básica. El conjunto de la ciudadanía vasca refrendó el pacto, por lo que su modificación debe pasar por un nuevo refrendo social. La necesidad de afrontar una nueva etapa con altura de miras. Tras casi 47 años, NO se cumple el Estatuto de Gernika y NO se asume la realidad plurinacional del Estado.
Es tiempo de poner en valor y cumplir el pacto alcanzado en el pasado y labrar un nuevo acuerdo de futuro. Es tiempo de demostrar, con hechos, que merece la pena apostar por la concordia y la convivencia.
El concepto troncales el “Autogobierno efectivo y garantizado”. La actualización de los derechos históricos puede establecer un mecanismo que obligue a las instituciones vascas y del Estado a actuar bajo un principio de bilateralidad y concertación. Es posible una relectura más ambiciosa de la disposición adicional primera de la Constitución y de la disposición derogatoria que considera definitivamente derogada la ley de abolición foral de 25 de octubre de 1839.
Aquella abolición de los Fueros, completada en 1876, supuso el cuestionamiento de nuestros Derechos Históricos y la consagración de la “unidad impuesta”, frente al modelo de “unión voluntaria en pie de igualdad” que, durante siglos,había garantizado la convivencia. La disposición adicional y la derogatoria de la Constitución de 1978 contienen, de manera implícita, un potencial que no ha sido desarrollado en plenitud.
La actualización de nuestros derechos históricos puede propiciar el pleno reconocimiento de la personalidad política de nuestro Pueblo y un conjunto de poderes, singular y único, que permita el desarrollo de las aspiraciones colectivas. Nos encontramos en un punto de inflexión, un contexto de discontinuidad histórica, ese momento en el que se debería ir decidiendo el futuro próximo.
En este escenario es necesario profundizar, actualizar y expandir el Autogobierno. En esta perspectiva son criterios básicos y compartidos:
- Primero, incluir aquellos aspectos que son coherentes con el espíritu y el fondo estatutario y con los principios de la gobernanza multinivel;
- Segundo, proveer a Euskadi de la capacidad de diseñar y ejecutar nuevas políticas públicas;
- Tercero, evitar tentaciones recentralizadoras a través de legislación invasiva;
- Y, cuarto, poder participar en los foros de decisión y en los organismos europeos e internacionales para afrontar, de manera coordinada, soluciones que han de implementarse localmente a través de títulos competenciales propios de las instituciones vascas.
Planteo, en este ámbito del Autogobierno, una hoja de ruta de país, con tres ejes para un trabajo compartido:
- Primer eje: seguir defendiendo y consolidando nuestro Autogobierno reconocido. Dotar de plena funcionalidad a la Comisión Bilateral de Cooperación para garantizar el cumplimiento íntegro del Estatuto.
- Segundo eje: avanzar en la gestación de consensos para un nuevo estatus de Autogobierno. Los meses hasta el final de la legislatura no son tiempo propicio para lograr un acuerdo; pero SÍ son un tiempo para prepararlo.
- Tercer eje: realizar, desde Euskadi, una aportación sustantiva al debate sobre el modelo territorial del Estado.
El Gobierno español y las fuerzas políticas de ámbito estatal, así como las instituciones y fuerzas políticas de las comunidades históricas tenemos un mismo reto. Ese reto se puede condensar, entre otras, principalmente en una palabra: plurinacionalidad. Esto es, reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado español.
Comparto una consideración añadida en relación con la plurinacionalidad. Hablemos de una “democracia plurinacional”. Europa funciona con un modelo de “democracia plurinacional”. Nuestro referente, Europa, es un ejemplo en su funcionamiento de “democracia plurinacional”, el marco para la convivencia armónica de realidades nacionales diversas.
La diversidad del Estado es una realidad: distintas lenguas; tradición foral o derecho civil vasco; distintos sistemas de financiación o mecanismos de relación entre el Estado y las comunidades autónomas. En la práctica un Estado compuesto, plurinacional de hecho, aunque no de derecho.
La pregunta es: ¿por qué en un Estado sólo puede haber una nación? Esta es una visión excluyente. Sería suficiente aceptar que existe una nación allá donde, además de lengua, cultura o historia, existan mayorías que así se autoperciban, en virtud también de sistemas de Autogobierno singulares y reconocidos.
La Constitución de 1978 diferenció entre nacionalidades y regiones, estableció distintos niveles competenciales; aceptó la bilateralidad en las relaciones financieras y tributarias de Euskadi y Navarra; o introdujo el reconocimiento de los derechos históricos de los territorios forales. A pesar de ello, son muchas las voces constituyentes que reconocen que aquel proceso no fue bien cerrado.
En este punto, la propuesta, para Euskadi y para el Estado en su conjunto, de una Convención Constitucional encuentra pleno sentido. Se trata de una invitación a modernizar y mejorar el funcionamiento del marco institucional por la vía del pacto. Es una propuesta constructiva y abierta, formulada el año 2018 y que debería encontrar un escenario propicio para su desarrollo.
La Convención Constitucional es una metodología de trabajo, con acreditados precedentes internacionales. No preestablece un resultado final. Propone un procedimiento orientado a la búsqueda del consenso en ámbitos de especial trascendencia política, como es el debate del modelo territorial del Estado.
Planteo, en resumen, una hoja de ruta de país con tres ejes: cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika; proyecto de nuevo estatus de Autogobierno; y Convención Constitucional que permita acordar el significado y alcance del carácter plurinacional del Estado, así como el desarrollo de la disposición adicional primera, en el caso de Euskadi.
No sé qué temor puede generar este debate. La propia Constitución subrayó la diferencialidad. Así, reservó la denominación de “nacionalidad” para las comunidades históricas que contábamos con un modelo de autogobierno previo a la Constitución de 1978 y teníamos una voluntad mayoritaria de autogobierno nacional. Es una voluntad que en Euskadi seguimos expresando de forma mayoritaria.
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