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No bajemos la guardia, todavía quedan temas pendientes

Manifestación de la Plataforma 8M de Toledo en una imagen de archivo

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Una vez escuché que las mujeres no podíamos relajarnos porque si bajábamos la guardia los derechos que ya habíamos adquirido podrían volver a estar en juego. 

Esta frase me viene a la cabeza muchas veces, sobre todo cuando escucho o veo alguna barbaridad como la que hace días escuchaba atónita: el gobierno de Javier Milei iba a “prohibir el lenguaje inclusivo y todo lo referente a la perspectiva de género en la Administración Pública”. Manuel Adorni, su portavoz, manifestaba que, “no se va a poder utilizar la letra ”e“, la arroba, la ”x“ y que se va a evitar la innecesaria inclusión del femenino en todos los documentos de la Administración Pública…”.

Ante la apelación de una periodista argumentando que hay colectivos que no se sienten representados en ese uso lingüístico, detallaba que, “no van a participar en el debate porque consideran que las perspectivas de género se han utilizado también como negocio de la política”. 

Por suerte, no somos Argentina pensé yo. Pero por si acaso, no bajemos la guardia.

Prohibir (ya me asusta y cabrea el verbo) la perspectiva de género significa permitir que sigan existiendo diferencias entre los hombres y las mujeres por el mero hecho de haber nacido hombre o mujer y por haber tenido que vivir en sociedades patriarcales en las que se han perpetuado en el tiempo y el espacio estereotipos de género, es decir, atribuciones sociales que se considera poseen o desempeñan las mujeres y los hombres, y que si son negativos mantienen las desigualdades entre ellas y ellos.

Prohibir la perspectiva de género es cargarse de un plumazo muchos años de lucha, reivindicación y trabajo por la igualdad entre mujeres y hombres.

La perspectiva de género en el ámbito público y también en el privado nos permite identificar, valorar y repensar los prejuicios, estereotipos, discriminación y exclusión social a la que nos enfrentamos las mujeres en el marco de una desigualdad social injustificada y sin sentido en sociedades democráticas y avanzadas. 

Posibilita crear las condiciones de cambio necesarias para lograr la igualdad de género, entender que la desigualdad social entre hombres y mujeres puede eliminarse ya que no es determinada por concepciones biológicas y naturales, sino que son construcciones sociales posibles de desmontar.

¿Cómo? En principio, desde la socialización primaria y secundaria, a partir de las cuales como individuos nos vamos introduciendo en la sociedad e interiorizando un mundo objetivo socialmente construido por otras personas/instituciones encargadas a la vez de nuestra socialización. En este proceso de socialización también nos introducimos en nuevos contextos sociales, asumiendo nuevos roles y aprendiendo cuál es el comportamiento “apropiado” en cada uno de los grupos sociales en los que participamos.

Por ello, es importante cambiar algunas consideraciones dadas por válidas en cuanto a la forma en la que nos relacionamos como hombres, como mujeres, y entre ambos. 

Si tomásemos como referencia los principales agentes de socialización, tendríamos que abordar los cambios en la familia, la escuela, el grupo de iguales y los medios de comunicación/Internet.

En la familia, eliminando la diferenciación de tareas domésticas según seamos hombres o mujeres, llevando a cabo una crianza igualitaria de los hijos e hijas, no permitiendo que recaiga la atención y el cuidado de familiares solamente en las mujeres, hacer regalos no sexistas, usar todos los colores en la vestimenta sin limitar el rosa a las niñas y el azul a los niños…

En la escuela, empleando un lenguaje no sexista, utilizando ejemplos no estereotipados, no permitiendo que los grupos de trabajo se integren solamente por chicos o chicas, habilitando espacios en los recreos para otros tipos de juegos y que no estén diferenciados por género. Y, por supuesto, también mantener la perspectiva de género entre las relaciones entre el profesorado, la normativa o la representación en los cargos de dirección… Dar ejemplo, también es una buena herramienta.

En cuanto al grupo de iguales hay que considerar que en la etapa de la adolescencia hay una necesidad desmesurada de aprobación y aceptación social que nos lleva incluso a desarrollar conductas muy diferentes a nuestras verdaderas opiniones y creencias, de ahí que, si en el grupo de pares se considera una norma social de género tradicional es muy posible que los miembros de ese grupo se comporten como se espera de ellos según el rol de género al que esté adscrito socialmente.

Finalmente, en los medios de comunicación e Internet, agentes con mucha influencia, capaces de promover los derechos de las mujeres como de perpetuar los estereotipos de género. La forma en cómo introducen el lenguaje o la imagen son indispensables en la construcción social de las mujeres, insisto, en una sociedad históricamente patriarcal.

Por supuesto que hay otros espacios en los que es relevante incorporar la perspectiva de género como, por ejemplo, el ámbito laboral o el de la salud. Porque esto que parece tan sencillo y evidente, a veces no lo es tanto, y no lo es para todas las personas. No todos tenemos la misma predisposición, empatía, respeto y actitud hacia la igualdad, la diversidad o la inclusión.

Me gustaría acabar citando textualmente a Inés Alberdi, a la cual pude disfrutar en una conferencia impartida dentro de la jornada 'La Sociología se viste de Mujer', realizada por el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha el pasado 23 de octubre de 2021: “El feminismo es una forma de pensar y una manera de vivir, significa defender los derechos de las mujeres ya los defienda un hombre o una mujer. Una persona feminista es aquella que esta comprometida con la igualdad de género y con el avance social y político de las mujeres. El feminismo ha conseguido buena parte de sus objetivos y ello le hace parecer a veces como un movimiento innecesario, sin embargo, el feminismo sigue teniendo todo su sentido en la actualidad porque todavía quedan temas pendientes”.

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