El silencio y los ruidos
En las ciudades pasan cosas desapercibidas de las que poca gente se entera y apenas generan ruido. En Toledo hace unos días asistí a la discreta presentación de un libro que se titula 'La gestión del silencio', escrito por Manuel Bayona, un médico con amplia trayectoria en la gerencia de la salud en varios hospitales de Andalucía. Entre otras personas en la presentación del libro intervino el consejero de Sanidad, que destacó algunos contenidos interesantes del mismo.
Los actos públicos, igual que me pasa con las películas, me gustan cuando suceden cosas que me divierten, me emocionan o me hacen pensar. Pues bien, este acontecimiento me hizo pensar en la importancia del silencio y preguntarme por los significados de los silencios, trasladándolos al funcionamiento de las organizaciones y a otros ámbitos de la vida.
Desde el positivismo lógico se da por sentado que todo los que no se dice o lo que no se escucha no existe. Sin embargo, pienso que lo que se ignora no deja de existir y cabe preguntarse no solo por los significados del silencio, sino por sus causas. Lo realmente difícil es lograr una interpretación adecuada. Hay silencios producidos por el desconocimiento de una realidad o por la dificultad para expresarla, también hay silencios incómodos que son la expresión de un desacuerdo radical, silencios producidos por el miedo, por la desconfianza o por el convencimiento de la propia inutilidad de la queja o la discrepancia.
En el libro se dice: “Los silencios hablan, y a veces tan fuerte, que no los escuchamos para apreciar lo importante, lo que realmente cuenta”. Porque en las organizaciones y en las sociedades los silencios conviven con los ruidos y a veces los ruidos impiden captar “los sonidos del silencio” por referirme a la famosa canción de Paul Simon que también se cita en el libro.
Se sabe que las organizaciones más improductivas son aquellas que más ruido generan
Los ruidos también existen, aunque carezcan de sentido, resulten molestos, interfieran la comunicación y sean improductivos. Sería interesante poder analizar las causas y las consecuencias del ruido, también evaluar sus costes para las organizaciones, porque se sabe que las organizaciones más improductivas son aquellas que más ruido generan.
La reflexión se puede trasladar al ámbito de la actualidad política y preguntarse, por ejemplo: ¿cuántos silencios han sido necesarios para que surja un estallido por la vivienda como el que se ha producido recientemente en Madrid? Porque la situación ha estallado por Maricarmen, un lamentable desahucio de una mujer mayor con problemas de salud, pero que en realidad ha sido el desencadenante de una situación que se viene produciendo desde hace años y podría haber emergido por cualquier otro caso o circunstancia; porque muchas personas jóvenes o en situación de vulnerabilidad o precariedad económica están sufriendo el problema de no poder acceder a una vivienda digna.
Hay ruido en la sociedad y estamos viviendo tiempos de mucha crispación por problemas reales o simbólicos, aunque me temo que el problema de la vivienda es real, mientras observamos polémicas y confrontaciones fabricadas en los laboratorios mediáticos y políticos, a veces buscando entretenimiento, otras activando pasiones políticas que, como se sabe, son herramientas que se utilizan para movilizar a los electorados.
El ruido forma parte del paisaje social y político y cada vez quedan menos lugares para no verse afectado por esta contaminación acústica. En la naturaleza hay vientos que mueven molinos y tornados que pueden producir daños devastadores. En la vida social y política, también hay protestas y demandas razonables y espirales de ruido que a veces se cargan de odio, produciendo consecuencias imprevisibles cuya reparación es mucho más costosa que si se hubieran atendido a tiempo sus causas.
Los ruidos suele eclipsar los silencios, pero también se forman espirales de silencio que deberían preocuparnos
Hace casi 50 años la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neuman publicó 'La espiral del silencio', un libro muy referenciado en el ámbito de la comunicación política, en el que teorizó sobre la amenaza que perciben o padecen quienes expresan ideas contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal manera que el comportamiento público está influido por el clima de opinión dominante.
Por ello, en política es tan importante la batalla por la opinión pública, porque esta produce una espiral que, por una parte, atrae a quienes no tienen una opinión definida, pero también produce otro efecto aún más preocupante, que desactiva a quienes puedan tener opiniones diferentes, que por miedo o desconfianza optan por el silencio. Los ruidos suele eclipsar los silencios, pero también se forman espirales de silencio que deberían preocuparnos.
En los momentos de normalidad y en cualquiera de los ámbitos de relación, hay que estar atentos a los silencios, porque a veces se confunden con conformidades aparentes que camuflan discrepancias profundas y que tienen miedo a ser expresadas o resultan inconvenientes por sus posibles consecuencias negativas.
Una organización o una sociedad que pretende ser democrática, saludable y eficiente debe preocuparse por los grandes silencios y ha de facilitar la expresión del malestar, aunque pudiera parecer que esto perjudica a los intereses inmediatos de quienes tienen que tomar medidas.
El silencio posiblemente no sea la respuesta más eficaz para los deseos y objeticos de quienes callan, pero imponerlo, propiciarlo o simplemente ignorarlo genera mucho ruido y, a veces, estallidos.
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