La silenciada cuestión burocrática
En términos de comunicación lo habitual es que la actualidad se imponga y sobre todo con temas que promueven la confrontación y el espectáculo. Sin embargo, hay cuestiones enquistadas con las que convivimos, las normalizamos y las padecemos en silencio y tal vez sin nombrar. En este sentido, la burocracia sigue presente en las Administraciones públicas. No se trata, pues, de una moda ni de un “virus pasajero”, es fruto de la evolución histórica y del propio proceso de modernización de la sociedad; aunque detrás de una forma racional de organización de las tareas administrativas se han instalado una serie de prácticas y vicios que hacen que su actividad no tenga como centro de referencia la agilidad en la respuesta a las necesidades de la ciudadanía.
Desde la época de transición a la democracia donde se produjeron algunos cambios, sobre todo en los criterios de selección para el acceso a la función pública que hoy necesitarían una revisión, la reforma de las administraciones públicas no ha sido una prioridad política, tal vez porque tampoco haya sido una preocupación explícita de la opinión pública. Tampoco parece que este tema les resulte sugerente ni divertido a los profesionales y agentes que se encargan de generar opinión y fabricar debates y polémicas de confrontación dialéctica.
La burocracia constituye uno de los pilares fundamentales de la organización administrativa moderna
Genera confrontación política el hecho de pagar impuestos y la cuantía de los mismos, porque esto toca directamente el bolsillo de las personas contribuyentes. Sin embargo, nadie puede negar que esta aportación sea necesaria para mantener servicios públicos necesarios y que estos sean de calidad y lleguen a todas las personas. La cuestión no está tanto en lo que aportamos como contribuyentes para el sostenimiento de estos servicios, sino en cómo se gestionan los mismos y si se exploran al máximo los criterios de eficacia y de eficiencia.
La burocracia constituye uno de los pilares fundamentales de la organización administrativa moderna. Aunque en el lenguaje cotidiano suele asociarse con trámites excesivos, lentitud o rigidez, desde una perspectiva técnica la burocracia representa un modelo racional de organización diseñado para gestionar de forma eficiente tareas complejas y garantizar la aplicación imparcial de las normas. Para muchos autores que han estudiado este fenómeno en el ámbito de la Ciencia de la Administración, su desarrollo ha estado estrechamente vinculado a la construcción del Estado moderno y a la expansión de los servicios públicos. Entre los autores que más han contribuido a su comprensión destaca el sociólogo alemán Max Weber, cuya teoría burocrática sigue siendo una referencia esencial en los estudios de Administración Pública.
Según Weber, la burocracia se fundamenta en la autoridad racional-legal, es decir, en la obediencia a normas y procedimientos establecidos legalmente, y no a la tradición o al carisma personal de los dirigentes. Para él, este modelo permitía una gestión más previsible, estable y eficaz de las organizaciones públicas y privadas.
La existencia de normas reguladoras, procedimientos administrativos, jerarquías funcionales y sistemas de selección basados en mérito y capacidad refleja claramente la influencia del modelo weberiano
No obstante, Weber también advirtió sobre ciertos riesgos, como la excesiva rigidez normativa y la posibilidad de que los individuos quedaran atrapados en una estructura administrativa excesivamente racionalizada, fenómeno que describió metafóricamente como la “jaula de hierro” de la burocracia moderna.
Desde hace décadas la burocracia ha tenido voces críticas señalando problemas como el exceso de formalismo en los procedimientos, la lentitud de los trámites administrativos, la resistencia al cambio y a la innovación, el distanciamiento respecto a las necesidades reales de los ciudadanos y la escasa orientación a los resultados y al impacto social de las actuaciones.
Estas críticas impulsaron nuevas corrientes de reforma administrativa, entre las que destacó la Nueva Gestión Pública (New Public Management), que buscó incorporar métodos de gestión propios del sector privado, enfatizando la eficiencia, la evaluación del desempeño y la orientación al usuario.
En la actualidad, las Administraciones públicas continúan organizándose, en gran medida, según principios burocráticos. La existencia de normas reguladoras, procedimientos administrativos, jerarquías funcionales y sistemas de selección basados en mérito y capacidad refleja claramente la influencia del modelo weberiano.
El retraso de estas innovaciones con respecto al desarrollo tecnológico de las actividades privadas de la vida cotidiana, por un lado, y la brecha digital, por otro, que impide que muchas personas principalmente mayores puedan acceder a las fuentes de información y a los procedimientos electrónicos
No obstante, la burocracia contemporánea está inmersa en un proceso de importantes transformaciones impulsadas por la digitalización, la administración electrónica y los intentos de avanzar en transparencia y simplificación de trámites administrativos. La implantación de sedes electrónicas, expedientes digitales, firma electrónica y sistemas automatizados de gestión administrativa busca reducir cargas burocráticas y mejorar la relación entre ciudadanos y administraciones. Pero el retraso de estas innovaciones con respecto al desarrollo tecnológico de las actividades privadas de la vida cotidiana, por un lado, y la brecha digital, por otro, que impide que muchas personas principalmente mayores puedan acceder a las fuentes de información y a los procedimientos electrónicos, hacen que para mucha gente estos cambios sean inapreciables.
A pesar de estos avances, persisten algunos desafíos tradicionales, como la complejidad normativa, la coordinación entre distintos niveles de gobierno y la necesidad de equilibrar seguridad jurídica y agilidad administrativa. Por ello, las reformas actuales no persiguen la eliminación de la burocracia, sino su modernización y adaptación a las exigencias de una sociedad digital y cada vez más demandante de servicios públicos eficaces.
Actualmente, el reto consiste en compatibilizar la seguridad jurídica con la innovación tecnológica, la eficiencia y una mayor orientación al ciudadano, configurando una administración más ágil sin renunciar a las garantías propias del Estado de derecho.
Lástima que en este país prestemos infinitamente más atención a las cuestiones que generan polémica, confrontación y espectáculo, que a aquellas que son más aburridas, conllevan alguna complejidad técnica y no cuentan con una clara demanda ciudadana
La agilidad de la Administración y la adecuación de las prestaciones a las necesidades reales de las personas que necesitan protección social y servicios públicos esenciales de calidad debería ser una prioridad que como cualquier reforma en profundidad requiere de un amplio consenso político y social (tal vez sea mucho exigir a la política actual); pero ello no puede servir de justificación para no abordar sus problemas, porque como es bien sabido los grandes problemas no se resuelven aparcándolos ni posponiéndolos, porque hoy lo que más daño produce en las personas que necesitan acceder a los servicios públicos no es solo su existencia o la calidad de los mismos, sino los tiempos de espera que en muchos casos producen auténtica desesperación.
Lástima que en este país prestemos infinitamente más atención a las cuestiones que generan polémica, confrontación y espectáculo, que a aquellas que son más aburridas, conllevan alguna complejidad técnica y no cuentan con una clara demanda ciudadana; aunque en el fondo son mucho más necesarias y producen un impacto social mayor en la mejora de la calidad de vida de la gente, contribuyendo a reducir la desafección con la política, porque en el fondo nada desanima más a la gente que la sensación de que los servicios públicos que son financiados con el esfuerzo de los contribuyentes no funcionen como debieran.
Es necesario hablar de lo que no se habla, porque algunas cuestiones silenciosas o silenciadas están en la base de los problemas que realmente le afectan a la gente.
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