Castilla-La Mancha Opinión y blogs

Sobre este blog

El triunfo de la realidad: regularizar no es ideología, es sentido común

0

Hay momentos en los que la política deja de ser un juego de posiciones para convertirse en una cuestión de verdad. Este es uno de ellos.

La Iniciativa Legislativa Popular para la regularización de personas extranjeras no nace en un despacho ni en una estrategia de partido. Nace de más de 600.000 firmas. Nace de la calle. Y cuando, además, cuenta con el respaldo de la Iglesia, de organizaciones sociales, de sindicatos y de una mayoría parlamentaria, la discusión debería ser otra: no si se hace, sino por qué se ha tardado tanto.

Porque aquí no estamos ante una cuestión ideológica. Estamos ante un hecho.

La hipocresía de lo evidente

Resulta difícil sostener ciertos discursos cuando la realidad se impone con tanta claridad. No se puede hablar de valores cristianos mientras se acepta que miles de personas vivan en la invisibilidad jurídica. No se puede apelar al orden mientras se tolera una economía sumergida que todos sabemos que existe. Y, sin embargo, se hace.

Se habla de efecto llamada, de inseguridad, de amenaza. Pero en Castilla-La Mancha —y cualquiera que conozca esta tierra lo sabe— no hay ninguna avalancha. Lo que hay es otra cosa: necesidad.

La región que no se puede permitir mentirse

Debemos mirar las estadísticas con honestidad.Al cierre de los últimos balances del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Castilla-La Mancha registra más de 97.000 trabajadores extranjeros afiliados. Esta cifra no es un simple dato estadístico; es, en realidad, la columna vertebral de nuestro mercado de trabajo y un motor esencial contra la despoblación en las áreas rurales.

Uno de cada tres empleos en sectores como el agrario o el cuidado del hogar está ocupado por personas extranjeras. Sin ellos, el campo se detiene. Sin ellos, muchas familias no podrían sostener su día a día. Sin ellos, muchos pueblos estarían aún más cerca del abandono definitivo. Esto no es un argumento. Es una descripción.

Negar papeles a quienes ya sostienen el sistema, a quienes viven y trabajan con nosotros, no reduce la inmigración; solo garantiza la precariedad, el abuso y la economía sumergida. Es decir: menos derechos para ellos y peores condiciones para todos.

El refugio de la mentira

Cuando los argumentos se acaban, queda el miedo. Y eso es lo que estamos viendo.

Quienes se oponen a la regularización no ofrecen soluciones reales. Ofrecen relatos. Relatos que necesitan exagerar la inseguridad, distorsionar los datos y alimentar el rechazo. No porque sea verdad, sino porque es lo único que les queda.

Pero la realidad es tozuda: estas personas ya están aquí. Trabajan, cuidan, sostienen. No vienen por una ley. Están porque hacen falta.

Regularizar es elegir qué país queremos ser

La regularización no es un gesto de generosidad. Es una decisión de inteligencia. Es ordenar lo que ya existe. Es dar seguridad jurídica donde hoy hay incertidumbre. Es reforzar el sistema en lugar de debilitarlo. Y, sobre todo, es asumir una verdad incómoda para algunos: que el 'otro' hace tiempo que forma parte del 'nosotros'.

Se puede seguir mirando hacia otro lado. Se puede seguir alimentando el miedo. O se puede actuar. Porque hay decisiones que definen un país. Y esta es una de ellas.

Regularizar no es ideología. Es justicia. Es economía. Y, sobre todo, es puro sentido común.