REPORTAJE
Bajaron al barranco sin dudarlo: los nueve jóvenes que ayudaron en un complejo rescate en Albacete
No se lo pensaron. Cuando Jaime, Alba, Jorge, Alejandro, Laura, Nicolás, Alberto, Luis y Esteban se enteraron de que un joven se había caído al fondo del barranco de Mingo Andrés (en Casa de Ves, Albacete) y se estaban activando los servicios de emergencia para efectuar el rescate, ellos y ellas se presentaron allí.
Se trata de nueve jóvenes menores de 30 años de la cercana localidad de Alcalá del Júcar que en la tarde del 2 de marzo se unieron a los bomberos de la Diputación de Albacete y a la Guardia Civil para colaborar en el rescate de un chaval que sufrió un accidente mientras practicaba rápel. Se precipitó desde una altura de seis metros en un paraje aislado, rocoso y de difícil acceso.
Sin embargo, la hazaña de los rescatistas voluntarios no trascendió hasta que, días después, el alcalde de Alcalá del Júcar, Juan Pascual Muñoz, realizó una publicación en redes sociales para reconocerles el mérito.
“Cuando vi las publicaciones oficiales, que hablaban únicamente de la Guardia Civil y los bomberos, me sentí en la obligación de que se supiera que también habían participado estos chavales”, narra Muñoz. “No quiero que parezca que es demérito de los bomberos. Lo que pasa es que estamos hablando de sitios desconocidos, donde no hay cobertura, que los servicios de emergencia no se conocen y que, hasta que llegue el grupo especializado de rescate en montaña, pueden pasar horas y horas”.
Por eso, el alcalde asegura que esta ayuda fue clave. “Hasta tal punto que la familia del accidentado se puso en contacto conmigo para agradecerme la publicación. Porque los propios sanitarios le hicieron llegar la importancia que tuvo que los chavales bajaran tan rápido, lo localizaran y que estuvieran con él”.
No dudaron en ir: “Es nuestra zona de juego”
Y es que su ayuda no fue una ayuda cualquiera. Los nueve jóvenes que participaron son profesionales de las actividades en plena naturaleza y montaña. Pertenecen a un club de barranquismo de Alcalá del Júcar y trabajan como monitores en diversas empresas de multiaventura que operan en la localidad. Es decir, tienen gran experiencia en la práctica de deportes como el barranquismo, la espeleología o la escalada, saben utilizar el material y están habituados a cuidar de los grupos que guían.
“Tenemos que estar preparados para que, si nuestros clientes sufren algún accidente, podamos actuar. De ahí que todos conozcamos dónde hay cobertura móvil, cómo son las zonas donde puede haber posibles accidentes...”, explica Laura, una de las rescatistas voluntarias.
Por eso, añade, cuando les llegan avisos -no es el primer rescate al que acuden- de que ha habido un accidente en las zonas donde trabajan, en las que tienen “muy leído” el terreno para saber cómo actuar, no dudan en ir. “Al final es nuestra zona de juego”.
Y eso fue lo que sucedió aquel día.
“Al principio nos avisó la Guardia Civil”, recuerda Alejandro, “y entre nosotros hablamos, nos organizamos y fuimos para allá”.
De esta forma, cargados con cuerdas, mosquetones y demás equipación, los jóvenes se distribuyeron para colaborar con los servicios de emergencia.
“El aviso fue a las siete. Empezamos a movilizarnos, a las ocho nos metimos en el barranco y poco antes de las nueve llegamos a la persona”, recuerda Alba, señalando lo complicado que fue acceder hasta donde estaba el joven accidentado.
Mientras unos colaboraban con los bomberos para llegar al fondo del barranco donde estaba la víctima, otros prestaban apoyo desde arriba para guiar a la ambulancia por los caminos hasta la zona de rescate. Incluso hubo otro voluntario, Blas, que consiguió poner un repetidor para que facilitar las comunicaciones entre los bomberos, ambulancia y Guardia Civil, ya que se trataba de una zona sin cobertura.
Hasta las dos de la madrugada
Sin embargo, lo escarpado de la zona complicaba aún más el poder extraer al herido con seguridad. Como el cañón acaba en el río, no era viable subir la camilla por el barranco. Había que sacarla por el río.
“También fue porque las lesiones que tenía el chaval no permitían poner la camilla en vertical, sino que tenía que estar en horizontal. Así que, para no agravarle las heridas, la mejor opción era bajarlo al río y evacuarle en barca hasta otra zona donde pudiera llegar la ambulancia”, apunta Jaime.
De esta forma, y tras avisar el alcalde para que se detuviera momentáneamente la central hidroeléctrica por la que tenían que pasar para evitar que esta absorbiera a la barca de rescate, el herido fue evacuado del barranco y llegó hasta donde estaban los sanitarios. Desde allí fue trasladado al hospital y he ingresado para recuperarse de las graves lesiones que se produjo en la caída.
Finalizaba así un rescate difícil... y largo, que se prolongó durante casi siete horas, desde las 19:00 en que se dio el aviso hasta poco antes de las dos de la madrugada, cuando la ambulancia salió rumbo al hospital.
Fue entonces cuando los nueve jóvenes fueron conscientes de lo que habían hecho y de la importancia de su papel. “Yo fui al rescate con mis compañeros pensando que, por mucho que te sepas la zona y te gusten los barrancos, a lo mejor no vas a poder ayudar demasiado con tanto profesional”, reconoce Laura. “Pero luego, al llegar a tu casa y darte cuenta de que sí, de que has servido para mucho y que has podido facilitar el rescate, me sentí afortunada de haber podido tener esa oportunidad”.
Un “orgullo” para el pueblo
Y a pesar de que en primer término los comunicados oficiales sobre el rescate no hablaran sobre su labor, en el pueblo sí se corrió la voz de la hazaña.
“Nos dicen que están agradecidos por el trabajo que hicimos”, apunta Alba, que cuenta que el primo del chico accidentado, que era quien le acompañaba en esa tarde de rápel, quiso contactar con ellos para darles las gracias personalmente. “Fue una cosa muy bonita para nosotros”.
“El padre me llamó para decirme que, si no llegamos a ir, podrían haberse agravado las lesiones e igual no lo estaría contando”, explica Alejandro, que recuerda que también le dijo que “quería venir a conocernos en cuanto su hijo estuviera más recuperado para conocernos, agradecérnoslo y darnos un abrazo”.
Tenemos la suerte de tener un grupo de gente joven súper comprometida aquí con el pueblo. Y es un orgullo
Esta actuación, sin embargo, no pilló por sorpresa al alcalde de Alcalá del Júcar, Juan Pascual Muñoz. “Es algo mucho más común de lo que parece, porque Alcalá es un pueblo en el que el voluntariado lo llevamos desde niños. Cada vez que ocurre cualquier cosa, tenemos la gran suerte de que enseguida tenemos mucha gente dispuesta para echar una mano. Y el otro día no fue más que un ejemplo de esto”.
Jorge, otro de los jóvenes rescatistas, coincide. “Aquí, de toda la vida, el pueblo siempre ha estado en cualquier cosa que ha pasado. Desde caídas de árboles, este rescate, otro rescate anterior... Al fin y al cabo, somos poquitos y nos tenemos que cuidar entre nosotros”.
Y en un momento en el que se habla tanto de despoblación rural y de falta de relevo generacional en los pueblos, el alcalde presume de su situación: “Tenemos la suerte de tener un grupo de gente joven muy comprometida con el pueblo. Y es un orgullo”.