El puente romano de Salamanca cambia de imagen por primera vez en más de dos décadas
El puente romano de Salamanca, uno de sus emblemas patrimoniales, está cambiando de imagen por primera vez en más de dos décadas con la restauración de sus pretiles y un nuevo tono, entre amarillo claro y ocre, en un proceso que residentes y turistas pueden ver evolucionar a diario porque no se ha cortado este paso clave de la ciudad para las obras.
“Esta es una de las responsabilidades que tenemos: por una parte la suerte de disponer de monumentos de este tipo, pero por otra el reto de su conservación y mantenimiento”, explica a EFE el concejal de Fomento y Urbanismo, Fernando Carabias, mientras en el puente, el único que tuvo la ciudad hasta el siglo XIX, los albañiles trabajan en un lado y viandantes y ciclistas van y vienen del centro al arrabal.
La obra en marcha, que durará tres meses y culminará completamente con los últimos ajustes este verano, es una restauración de los pretiles del puente no solamente por cuestiones estéticas, sino también con el fin de facilitar el desagüe de las aguas de lluvia, ya que se obstruye con la vegetación que aflora y con otros elementos.
La Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla León es la que tiene la última palabra a la hora de autorizar cualquier intervención, al tratarse de un Bien de Interés Cultural (BIC), y toda la restauración ha sido consultada como corresponde, incluida la tonalidad elegida, acorde con la característica piedra de Villamayor del patrimonio salmantino.
Una vez se termine esta intervención, se hará el sellado del adoquín del pavimento, ya que con el paso del tiempo el mortero ha ido desprendiéndose, para evitar que el agua de la lluvia se filtre hacia los arcos y produzca humedades no deseables.
“Este es un sitio de paseo muy habitual entre los salmantinos y destino de todos los visitantes, con las dos catedrales al fondo”, ha señalado el concejal, quien ha explicado que también se está haciendo una intervención para completar la accesibilidad de esta zona de la ribera del Tormes junto al puente romano, que tenía muchos escalones.
Un amarillo claro que terminará más ocre
Para elegir el color se hicieron varias muestras con pigmentos naturales y se optó por el mortero de cal, que da un tono más agradable y aporta calidez, explica a EFE José Manuel Rapado, arquitecto técnico municipal.
“Ahora hay una uniformidad en el color, que es el que nos ha marcado Patrimonio. No es un color de una carta como tal, sino que se han hecho muestras con morteros de cal, con pigmentos naturales color siena, con sombras”, ha indicado.
Al final, se ha elegido un color “que entone” con la piedra de Salamanca, que no destaque pero que tampoco “vaya a desentonar”, un color que ahora se aprecia más amarillo claro pero que irá haciéndose más ocre.
Intervención mínima
El criterio para la intervención en un monumento como este siempre es que sea la mínima posible, indica a EFE el arqueólogo municipal, Carlos Macarro, pero en este caso habían pasado ya más de veinte años desde la última gran restauración y era necesario evaluar lo que debía repararse.
“Los técnicos del área están haciendo un proyecto integral de la restauración, donde vamos a incorporar todas las observaciones y y análisis tanto del momento actual como a futuro con los últimos tratamientos que le vamos a aplicar”, detalla.
La obra podría estar haciéndose más rápido si se hubiera interrumpido el acceso a los viandantes pero, al no ser imprescindible, se priorizó mantener abierto este paso icónico y clave de la ciudad del Tormes, tanto para los salmantinos como para los turistas, desde donde captan la gran postal de Salamanca.