Àlex Rigola lleva al teatro un texto histórico de la resistencia palestina: “Es incómodo pero hay que escucharlo”
Àlex Rigola lleva años dirigiendo obras y gestionando espacios de teatro. Dirigió el Teatre Lliure, los Teatros del Canal o la Bienal de Venecia y sigue montando grandes obras. Este año abrió la temporada del Lliure con El Mestre i Margarita y acaba de estrenar ópera en el Teatro Real, Enemigo del pueblo. Desde hace tres años, este catalán de 56 años se cobija en un pequeño teatro con 76 butacas que abrió él mismo en el barrio de Sants de Barcelona: el Heartbreak Hotel.
Allí prepara ahora su próximo estreno. Cuatro actores a menos de un metro de los espectadores y la palabra herida y encendida de uno de los referentes políticos de Palestina, Ghassan Kanafani. Retorn a Haifa es teatro político y de urgencia en una época en que las bombas no dejan de caer.
Rigola admite a elDiario.es que el proyecto nace de la urgencia. “La idea surgió en la última etapa del genocidio de Israel sobre Gaza”, explica el director, que confiesa que le costaba ver a gente denunciando incluso “jugándose la vida y la profesión” mientras en España a un gran sector de la sociedad parecía no importarle.
“Veía que mientras Javier Bardem o los participantes de la Flotilla Gobal del Sumud se la jugaban parte de la sociedad no quería saber nada y miraba para otro lado. Gente que no tenía problema en hablar de otros temas políticos, sin embargo ante el asesinato estratégico de miles de niños prefería mantener una moderación extrema”, argumenta.
El director afirma que la elección no fue difícil: “Los textos de Kavafani siempre me gustaron, me parecían directos y poéticos al mismo tiempo, y veía que se podían llevar al teatro”. Sin embargo, Rigola se fijó en un texto ya lejano publicado en 1969 que sigue muy vivo aunque hayan pasado 50 años
“Me interesaba el posicionamiento del autor que al final de la novela aboga por la lucha armada, por la lucha por el territorio”, confiesa Rigola, para luego advertir del impacto que ese posicionamiento ha tenido sobre él y sobre los actores y que cree puede tener en el público.
“Desde el espacio cómodo de este país donde no hay este tipo de violencias te sientes profundamente incómodo con una declaración de esta naturaleza. Pero esas son sus voces. Eso es lo que están reclamando y lo que hay que escuchar”, asevera.
Retorn a Haifa, que estará en cartel del 19 de marzo al 26 de abril, cuenta la vuelta de un matrimonio a esta ciudad tras la guerra de los Seis Días en un momento en que el gobierno israelí deja entrar a los palestinos que fueron expulsados 20 años atrás.
Sàfia (Chantal Aimeé) y Saïd (Jordi Figueras) tuvieron que abandonar a su hijo Khaldun (Carles Roig) el día que tuvieron que huir. No saben si está vivo, pero vuelven a ver su barrio y su casa, con la esperanza escondida de encontrarle. En su casa vive Miriam (Ariadna Gil), una superviviente polaca del holocausto nazi. Las sillas, la mesa y ciertos cuadros que la familia palestina dejó veinte años seguirán en ese hogar que ahora ya no es suyo. El encuentro irremediablemente se carga de tensión.
“Lo interesante es que un caso tan crudo se cuente desde las voces de personas normales, ahí es cuando te das cuenta de la magnitud del conflicto”, afirma Ariadna Gil. La actriz, que justo acaba de protagonizar María Magdalena en el Teatre Nacional de Catalunya, confiesa que cuando Rigola le dio el texto a leer tuvo claro que quería hacer a Miriam. “Es un personaje muy contradictorio, superviviente al holocausto donde asesinaron a toda su familia y que ahora también ve cosas en Israel que no le gustan, es extremadamente complejo”, expone.
Literatura agitprop
Ghassan Kanafani es uno de los literatos, políticos y periodistas más relevantes del siglo XX palestino. Fue asesinado por el Mossad con un coche bomba en 1972. Fundó el Frente Popular para la Liberación de Palestina justo cuando estaba escribiendo Retorno a Haifa, novela que se sitúa en la ciudad que tuvo que abandonar a la edad de 12 años junto al 95% de su población, más de 60.000 palestinos. Era 1948, se acababa el mandato británico de Palestina, nacía Israel y Haifa, ciudad del norte próxima al Líbano, contaba con un importante puerto que se convirtió en el punto de desembarco para cientos de miles de judíos, sobre todo provenientes del Este de Europa.
Kanafani tuvo que exiliarse primero en el Líbano, luego en Siria. Desde allí siguió dirigiendo periódicos e instaurando lo que hoy se conoce como la novela moderna palestina. Una escritura de resistencia, socialista y militante, que no está exenta de gran calidad poética y delicados monólogos interiores que versan sobre la identidad palestina, la patria y la toma de consciencia. Retorno a Haifa, una novela corta, narra el desgarro que supuso el éxodo, conocido como la Nakba, del pueblo palestino en 1948.
No es la primera vez que se lleva esta novela al teatro. En 2008 el Teatro Camerí de Tel Aliv la estrenó con versión del dramaturgo israelita Boaz Gaon y dirección del también israelita Sinai Peter. La obra se representó con textos en hebreo y árabe y llegó dos años después a Washington, al Teatro J, centro neurálgico de la cultura judía en Estados Unidos. Si bien creó protestas del sector más sionista, se subía a escena un texto de uno de los líderes de la resistencia palestina, la comunidad árabe no pudo verlo sino como un acto de apropiación pura. Hay incluso tesis universitarias sobre el asunto.
En esta versión israelí se cambió el final, se hizo que el personaje de Miriam hubiese perdido un hijo en el holocausto y se dulcificaron las tensiones para abogar por el posible entendimiento de dos pueblos enfrentados. El año 2008 no era 1967, habían pasado los Acuerdos de Oslo, dos intifadas y el movimiento palestino ya no se basaba en la ideología marxista y sí en la del Islam. Rigola, sin embargo, en 2026 ha mantenido una fidelidad del texto mucho mayor. “Hemos puesto sobre la escena lo que es, con toda su dureza”, asegura Rigola sobre esta adaptación traducida por Anna Gil Bardají y adaptada por él mismo.
El método Rigola
Rigola ha aplicado para este montaje su decálogo para la actuación que comenzó a armar en su montaje de Ivanov en 2016 y se concretó un año después en la versión de Vania de Chejov que hizo precisamente con Ariadna Gil, “se trata de buscar un espacio en el que no hay diferencia entre actor y personaje. Crear un territorio en el que el público no sepa bien quién está hablando, si el personaje o el actor. Me interesa más lo que le pasa a Ariadna viviendo esa situación que al personaje. Cuando el público pierde la definición de quien habla, cuando está flotando entre el personaje y el actor, ya está dentro, se produce la misa, por decirlo de algún modo”, teoriza Rigola, “pero es algo muy difícil, que cuesta mantenerlo, que se va y viene y que cada día depende también del público”, matiza.
“Al final lo que busca Alex es crear verdad”, afirma Ariadna Gil, “se trata de dejar al actor desnudo para que aflore lo que está pasando en ese momento sin nada más, siendo tú y siendo el texto, realmente te pone en un lugar muy especial como actor, dejas que las cosas pasen y pasan muchas más cosas que cuando las tienes pensadas un poco desde fuera”, explica esta actriz que también confiesa que es un reto difícil para el actor, “estamos acostumbrados a otra forma de trabajar, pero cuando funciona es muy placentero para el actor, además se crea una especie de comunicación entre los actores que no se iguala a nada, porque estás ahí, muy delicado y al mismo tiempo muy conectado con los otros actores y con el público”, concluye.
Ariadna Gil también defiende el posicionamiento político que supone la obra: “Me permite poder defender lo que creo desde lo que yo hago, con mi oficio, y eso es más potente que firmar documentos o asistir a manifestaciones. Me permite poder accionar desde lo que yo sé hacer para reflexionar sobre los que nos preocupa, sobre lo que nos indigna, porque el teatro es un lugar para compartir pero también para hablar de lo que está pasando”.
Sobre posicionamientos Rigola no va corto. El director ya lo hizo cuando dimitió como director de los Teatros del Canal de Madrid a tenor de la actuación del Gobierno en el referéndum del 1 de octubre de 2017. Incluso ahora Rigola no duda en elogiar la posición de Pedro Sánchez. “No lo he votado nunca, pero es el único presidente de un estado que está poniendo los puntos sobre las íes con un relato profundamente digno, por primera vez coincido con muchos de sus planteamientos y, en cierto modo, me siento un poco orgulloso de que esa voz en el desierto provenga del gobierno español”, afirma sin arresto alguno.
Al preguntarle sobre la exigencia de muchos sectores de la sociedad de que músicos, artistas y eventos condenen el genocidio del gobierno de Israel, Rigola lo tiene claro: “Wim Wenders ha caído muy bajo con su postura en el Festival de Berlín, creo que es el momento de posicionarse, el que calla otorga”.
A juicio de Rigola, la situación aquí es un poco la contraria. “Me acuerdo en una manifestación en Barcelona contra el genocidio palestino, fue de las más numerosas que hubo, seríamos cerca de 10.000 personas. Ese mismo día había más de 150.000 personas en el Festival Sonar, propiedad de KKR, pro israelí. Hay que denunciar ese silencio, si hago este espectáculo es porque intento, aunque sea de una manera absurda, desde una sala con 72 sillas, llegar al público para decirle que hay que posicionarse”, concluye.